sábado, 30 de octubre de 2010

Despedida al loco que nos invitó a soñar

Corrían los años 90s. La tinellización cultural nos adormecía. La técnica empresarial era la herramienta que derruía la vida cotidiana de los trabajadores. La política estaba ausente. La democracia funcionaba solo para una minoría privilegiada. La de los patrones.

Llegado el año 2000 decido aprovechar una oferta laboral que me llegaba desde España. Cansado, confundido y desesperanzado, con la frustración argentina a cuestas, decidí probar suerte en ese lejano país. Pero luego de unos primeros meses de entusiasmo, empecé a sentir un vacío interior que se fue profundizando a medida que pasaban los meses. Las noticias que llegaban desde mi lugar en el mundo, eran desalentadoras. Seguían cerrando fábricas y dejando miles y miles de trabajadores en la calle. Pero allí estaba mi familia, mis amigos y mi patria. “No aguanto más, me voy a pelearla con mi gente”, me dije. Un argentino radicado allá me aconsejó: “estás loco, con la deuda externa que tiene Argentina, tenemos hipotecado hasta el futuro de nuestros nietos” “Como va a salir Argentina de la crisis si está rodeada por países pobres”. No me importó. Ya me había convertido en un tanguero empedernido. A la distancia me había vuelto más argentino, más latinoamericano y menos europeo. Es más, en España aprendí a valorar y amar verdaderamente a mi patria. Mi aventura europea duró tan solo un año y medio.

Lo que me esperaba a mi regreso era peor de lo que había dejado. No conseguía trabajo, el corralito devoraba los pocos ahorros que me habían quedado, las colas interminables en los bancos, la agresión entre iguales, el odio contra esa clase política rastrera, familias enteras se habían convertido en cartoneras (un término que tuve que aprenderme ni bien bajé del avión). Unos tipos de traje que venían del primer mundo ocupaban el centro de la escena cada vez que nos visitaban. Venían a exigirnos que arrojemos más laburantes al olvido para pagarles una deuda externa que aumentaba continuamente gracias a los negociados corruptos de los cipayos traidores. La situación era tan extrema que nuestra moneda ya no tenía valor. Se habrían clubes de trueques dónde médicos cambiaban muestras gratis de medicamentos por un plato de comida; se remataban los campos en el “granero del mundo”; se ejecutaban hipotecas y se echaba a los propietarios a la calle. Te podían echar de cualquier laburo sin motivo y sin indemnización. Total había colas de laburantes buscando trabajo y, con tal de conseguir uno, aceptaban salarios de hambre. Así nacía el trabajador pobre, “flexibilizado”. ¿Cómo? ¿Y el cuento de la propiedad privada? ¿Y la seguridad jurídica? ¿Solo vale para ellos? Y claro si esto es Argentina. El país en dónde unos pocos tramposos viven a expensas de millones de perdedores.

“Vos si que estás loco pibe, venirte del primer mundo en dónde viven como reyes para meterte en este quilombo” “Acá nunca se va arreglar nada, es cultural. Somos corruptos por naturaleza” me decían.
El riesgo país subía todos los días, las palabras ajuste y recortes se repetían hasta el hartazgo.
Las cacerolas, los saqueos, el estado de sitio, el helicóptero, los cinco presidentes en diez días, el default, la pesificación asimétrica, Maxi y Darío. QUE SE VAYAN TODOS! ¿Qué se vayan todos?

Las nuevas elecciones para presidente las había ganado Menem. Otra vez. El primer responsable de la quiebra del Estado. Su propuesta era pasar a una etapa superior del plan de convertibilidad. ¡Ahora dolarización! Pero en la segunda vuelta se tuvo que retirar de la contienda porque el 70% de la población iba a votar en su contra y a favor de nadie. O de cualquiera. El voto era contra Menem.

Así, casi sin darnos cuenta, se nos coló un pingüino por la ventana. El candidato que nadie conocía. El que figuraba tercero o cuarto en las encuestas debajo de las nuevas esperanzas blancas: Ricardo López Murphy y Carlos Reuteman. Lo poco que se conocía de él era que su lejana provincia era la más ordenada del país, la mejor administrada, la que casi no tenía desempleo. La única que funcionaba. “Es por las regalías petroleras y por su baja cantidad de habitantes”, decían unos. “Y, lo que pasa es que tiene ascendencia alemana (¿o suiza?)”, decían otros. ¡Por lo que sea! Lo que la patria necesitaba era un Presidente que por lo menos no asesine a los laburantes que hacían piquetes porque no tenían trabajo. Ese era el juicio de valor que la coyuntura nos obligaba a establecer.

¿Cómo se pronuncia su apellido? Igual no nos gastemos mucho en aprenderlo porque en La Nación ya escribieron que será un gobierno de transición cuya duración no puede alargarse más de un año. Y capaz tengan razón porque como puede gobernar un tipo que asume con el 22 por ciento de los votos cuando en el país casi el 60 por ciento de la población está por debajo de la línea de la pobreza. Bueno, por otro lado sube con el apoyo de Duhalde. El capo mafia de la política. ¿Quién se va a animar a enfrentarlo?

Pero había algo más en ese hombre patagónico. Aquellos que lo conocían bien decían “se van a llevar una gran sorpresa con el pingüino. Es un hueso duro de roer, un tipo con convicciones, con militancia.”
¿Convicciones? ¿Militancia? ¿Qué significaban esas palabras en el ámbito de la política?

El acto de asunción fue de no creer. Estábamos con mi vieja mirando la tele en la cocina y me rendí inmediatamente ante su imagen. Con el saco desabrochado, jugando con el bastón de mando y, lo más sorprendente, bajando hasta la mismísima Plaza de Mayo para abrazarse con el pueblo, ese pueblo que poco tiempo atrás deseaba tener a un político entre sus brazos, pero no precisamente para estrecharlo en un abrazo. Entonces, medio desconfiado, medio emocionado, le dije a mi vieja: “viejita, pero este tipo está loco, con ese entusiasmo me parece que nos saca del pozo”. “No se nada de él pero la mujer que es Senadora nacional tiene mucha fuerza y viene enfrentando al menemismo hace años. Si hasta la echaron del bloque oficialista”, me respondió.

Ese tipo se llamaba Néstor Carlos Kirchner y de a poco empezábamos a aprender como pronunciar su apellido.
Pronto nos aprendimos de memoria muchas palabras mientras que otras comenzaron a ser resignificadas: neoliberalismo, Estado, distribución de la riqueza, quita de la deuda externa, subsidios, derechos humanos, juicios, mercado interno, integración latinoamericana, UNASUR, crecimiento del PBI, Imperialismo, ALCARAJO, Corte Suprema, superávits fiscal y comercial, exportaciones y comercio exterior, reservas, solidaridad, plan de viviendas, democracia, pueblo, corporaciones, monopolios, oligopolios, Magneto, desarrollo social, rutas, cloacas, educación pública, Papel Prensa, ley de medios, ciencia y tecnología, Bicentenario, energía nuclear, fábrica de aviones, Aerolíneas Argentinas, Sistema Solidario de Reparto Intergeneracional, matrimonio civil igualitario, Asignación Universal por Hijo, paritarias, movilidad, retenciones, cooperativas, dignidad, gestión, política… la lista es interminable.

Pero no aprendimos esas palabras por arte de magia, las aprendimos en siete años de esfuerzo, de valentía y de sacrificio. Confrontando y luchando contra todos los intereses conservadores, tanto políticos, económicos y mediáticos, que querían que se cambie poco. Lo necesario para que sus empresas obtengan rentabilidad pero sin redistribuir sus ganancias. Muchos de ellos hoy se alegran por la muerte del líder como si la muerte les fuera ajena. No se bancaron que el pinguino le haya puestos los puntos al mismísimo Bush, o que haya derogado las leyes de obediencia de vida y punto final. Todavía hierven de furia cuando recuerdan la órden que ese "montonero" le dio a Bendini para que baje los cuadros de Videla y Bignone. Ni que le haya dado la ESMA a las madres. Porque al pinguino nadie lo patotea.

Y es que algunos políticos prefieren vivir muchos años en la comodidad material y con la condena de la opinión pública antes que vivir pocos años para meterse eternamente en el corazón del pueblo. Que odio deben sentir cuando ven que el pueblo despide con tanto amor y agradecimiento a quién mejoró notablemente sus vidas con medidas concretas. A quien cuando asumió como Presidente en cambio de subordinarse a las corporaciones como era tradición en nuestro bendito país, tejió alianzas con los sindicatos y con las organizaciones sociales. Ellos nunca tendrán esa gloria. Vivirán sus días políticos mezquinamente, temiéndole al mito popular que arrastra multitudes y que ya no podrán tocar, luchando contra la leyenda que ya nunca podrán derrotar. La leyenda del estadista que supo construir política en la diversidad, que supo enamorar a miles de personas que no comulgaban con el peronismo pero que terminaron apoyando convencidos, su doctrina nacional y popular. Tanto es así que hasta mi viejo, radical por tradición, kirchnerista por elección, le preguntó a mi vieja dos días antes de morirse luego de discutir con un gorila en la vía pública, hace exactamente un año: ¿me estaré volviendo peronista?

Aquel desconocido del apellido difícil que ahora salía fácil fue tan genial que se las ingenió para gobernar en favor de las mayorías, aunque sin olvidarse de las minorías. Por eso cada uno de los ciudadanos que lo despedían en su morada final tenía algo para agradecerle. Con lágrimas en los ojos. Con el fanatismo de aquel que sufrió el desprecio social y hoy se siente parte de un proyecto que lo incluye.
Y yo nunca había visto a tantos ciudadanos haciendo horas de cola, hasta debajo de la lluvia, para agradecerle algo a un político.
Una clase extraña de político que hizo lo que había prometido que iba a hacer, sin engañar a nadie.

En lo personal, Néstor, quiero agradecerte por haberme enseñado tres palabras que me cambiaron la vida: participación, compromiso y militancia.
La militancia en especial me ha hecho confraternizar con compañeros de todas la edades con los que comparto el mismo modelo de nación y el mismo ideal por el que vos militante desde tu juventud. Por el que vos ofreciste tu corazón. Junto a ellos seremos leones custodiando a la Presidenta coraje que nos dejaste como guía. Esa mujer brillante que es toda orgullo, toda capacidad, toda convicción, toda amor. Por nosotros, herederos de los 30.000, y por nuestros hijos que mañana nos pedirán explicaciones por el país que les dejamos.

Ya podes emprender tu vuelo final, en paz. Con ese humor ingenuo que te caracterizaba. Con toda tu informalidad y alegría. Con tu falta de protocolo. Aquí abajo tu historia ya comenzó a escribirse, a contarse, a cantarse. Y al recordarte nos emocionaremos tanto como los viejos que hoy se siguen emocionando cuando cuentan la historia de Perón. Porque fuiste su más fiel heredero. El mejor Presidente de los últimos 50 años. El segundo de los únicos dos, que se atrevió a enfrentar a los poderosos para darle dignidad a los laburantes.

¡Y claro que estabas loco Néstor! Así el establishment estigmatiza a los revolucionarios, a los transformadores, a los que tienen la irreverencia de decirles que NO. Por eso la galería de los patriotas latinoamericanos en dónde fuimos a despedirte está enmarcada con “locos soñadores”. Locos que como vos, transformaron sueños en realidades.

Tu apellido que hoy sale muy fácil pronto formará parte de esa galería de locos, justos, libres y soberanos. Será el obsequio de un pueblo que te amó y que te amará para siempre.

Gracias por todo, loco soñador. ¡Gracias por todo, Néstor Carlos Kirchner!

¡Hasta la victoria siempre, compañero!

jueves, 14 de octubre de 2010

12 de Octubre: Día del Minero

Hace casi 30 años Sebastián Piñera era procesado por la justicia chilena por la quiebra fraudulenta del Banco de Tanca, del cual el actual Presidente de Chile era el gerente. Mientras se encontraba prófugo de la justicia, su hermano José Piñera, Ministro de Justicia de Pinochet, intercedía para que el juez lo desprocese. Sebastián Piñera fue un gran defensor de la dictadura y un empresario inescrupuloso.

Luis Urzúa, el minero número 33, es una víctima del gobierno militar chileno. Su padre está desaparecido desde los comienzos de la Dictadura de Pinochet, y su padrastro fue asesinado poco tiempo después por los mismos asesinos. Ambos eran dirigentes sindicales. Luis Urzúa es un simple obrero que nunca fue procesado.

A estos dos personajes de la nueva tira mediática nada los ha unido en el pasado ni los unirá en el futuro. Siempre tuvieron vidas totalmente asimétricas. Uno es un empresario exitoso devenido en Presidente de la Nación, que hizo su fortuna explotando brazos ajenos como el del minero número 33. Como jefe del Estado chileno una de las primeras medidas que tomó fue el despido de 700 empleados públicos a pesar de que en su campaña electoral prometía terminar con la pobreza y aumentar el gasto público. El minero número 33 arriesgó sus propios brazos para enriquecer a tipos como Piñera. Siempre trabajó de minero. Nunca será Presidente. Y es que en ese Chile tan admirado por el establishment argentino, un obrero no tiene posibilidad alguna de progresar, ni él, ni sus hijos, ni sus nietos.

Tanto se habla del milagro chileno, del crecimiento de su economía, del progreso de sus ciudades. Pero se oculta el bajo desarrollo productivo y el escaso valor agregado. Chile sigue dependiendo de las explotaciones mineras que matan lentamente a los obreros. Se dice que un minero difícilmente supere los cincuenta años de edad debido a los gases tóxicos que inhalan desde niños en las oscuras profundidades de las cavernas.

Por eso Chile es uno de los países de Sudamérica que tiene los peores índices de redistribución de la riqueza. La distancia entre el 20 por ciento más rico y el 20 por ciento más pobre de la población es de 14 veces. El Gini, indicador que mide la desigualdad, es de 0,56, lo que sitúa a Chile como uno de los países más desiguales de la región junto a Brasil y Paraguay.

Su economía atada al ALCA y a los tratados bilaterales de libre comercio quedó prisionera de la crisis financiera internacional. Hoy Chile es el único país de la región que aumentó sus niveles de pobreza (más del 15 por ciento) e indigencia (más del 5 por ciento)

El Presidente y el minero número 33, se estrecharon en un abrazo y cantaron juntos el himno chileno. Un rato antes el minero 33 le exigía al Presidente “que esto nunca más vuelva a ocurrir”. Frente a las cámaras Piñera se muestra sensible y afectivo. El marco mediático es un escenario ideal para su gobierno y para su futuro político. Pero cuando se apaguen las luces Piñera volverá a ser ese empresario fraudulento que permitirá a las mineras infringir todas las leyes laborales. Las mineras perforarán los suelos sin límites hasta llegar al mismísimo infierno si allí se encontraran las riquezas.

Mientras todos los televidentes se conmueven ante el falso abrazo del trabajo con el capital, seres despreciados por el sistema se debaten entre la vida y la muerte. No se trata de pobres obreros patriotas que trabajan a destajo para la corona sino de los sobrevivientes de la Guerra de la Araucanía. Aquellos que no pudieron exterminar ni los Roca, ni los Saavedra, ni los Pinochet. Se trata del pueblo Mapuche que surge una vez más de sus cenizas, como lo ha hecho tantas veces en la historia chilena, para cobrar visibilidad y reclamar por sus hermanos que están encarcelados desde los tiempos de Bachelet, bajo el cargo de terrorismo.

Para lograr notoriedad los treinta y ocho guerreros recluidos realizaron una huelga de hambre que duró casi noventa días sin obtener ninguna respuesta seria a sus reclamos. No se derogará la ley antiterrorista dictada por Pinochet que triplica la pena de delitos comunes, no se dará libertad a los mapuches detenidos por incendiar la propiedad de los terratenientes que ocupan sus tierras ancestrales, ni por supuesto, les serán devueltas.

De este lado de la cordillera la multinacional italiana Benetton sigue ocupando territorio Mapuche en Esquel, Chubut, pero esta noticia no despierta el interés de los medios de comunicación como tampoco lo despiertan los avances de multinacionales petroleras, mineras y exportadoras cerealeras sobre las tierras de los pueblos originarios.

Esas noticias no logran interesar al gran público. Es más noticia si un minero chileno tiene dos mujeres o si en las profundidades también se festeja el Bicentenario. No faltarán simulacros de planes disparatados de rescates o algún periodista imbécil metiéndose en una réplica soez de lo que será la jaula salvadora. El show, el escarnio, la afrenta, siempre están a la orden del día. El pobre minero atrapado será salvado porque el sistema necesita seguir explotándolo. Pero eso a nadie le importa. Se vende, se consume, pero no se condena la corrupción de la empresa que violó todas las normas que regulan la actividad minera.

El Mapuche no es pobre, el mapuche es un inadaptado social, es terrorista. Se mete con la propiedad privada, la incendia. Y no hay cosa peor para el terrateniente que los despojados de todo derecho humano, los despreciados de la historia por su condición inferior, vengan a interpelar su derecho divino a la posesión de los medios de producción.

Por eso a partir del 2011 en Chile el 12 de octubre ya no será más el día de la raza. Será el día del minero.

De todas maneras, no habrá nada que festejar.

sábado, 2 de octubre de 2010

Los confederados argentinos

Una de las herramientas más utilizadas por los intereses fácticos locales para defenestrar a su propio país a pesar de que dicen defenderlo, es la comparación de Argentina con países como EE.UU., Australia o Canadá. Según ellos, estos países ricos lo son por haber desarrollado su raíz agropecuaria. No como Argentina que ha dejado de ser un país rico allá por los años cuarenta para convertirse en un país subdesarrollado.

Esta construcción del relato nacional ha sido confeccionada por las oligarquías dueñas de las tierras más productivas de la Pampa Húmeda que absorbían toda la riqueza que generaban nuestros suelos en materia agropecuaria y condenaban al pueblo trabajador a ser sus servidores.
Ese estilo de vida parasitario denunciaba que nuestra oligarquía no estaba interesada en diversificar la producción, ni desarrollar la industria nacional, ni el mercado interno. Estaba cegada por la mirada europeísta de Sarmiento y de la generación del ochenta que consideraba que todo debía importarse de la Europa anglosajona, hasta sus habitantes. Para ellos el habitante originario o el gaucho era un ser ordinario cuyo salvajismo había que domar para destinarlo al peonaje o a la custodia de nuestras fronteras.
Una muestra ejemplar de esta visión europeísta es la diagramación que se utilizó para la construcción del Ferrocarril realizada por capitales ingleses y franceses. Las líneas férreas distribuidas en forma de abanico, posibilitaban el traslado de mercancías desde el interior del país hacia el puerto de Buenos Aires para exportarlas a Europa. De esta manera los ingleses se aseguraban la provisión de alimentos baratos en su país para mantener a su ejército industrial con bajos costos y no perder competitividad en el mercado exterior.
Por su parte nuestra oligarquía despilfarraba el diez por ciento de sus riquezas en largos viajes a Europas y el resto en consumir todos los productos que importaban desde el viejo continente. Pero no solamente importaban productos, también ingenieros y arquitectos que diseñaban sus palacios porteños y sus estancias bonaerenses a imagen y semejanza de los parisinos. De esta manera nuestra oligarquía seguía contribuyendo al desarrollo del capitalismo europeo, exportando alimento barato e importando valor agregado, hecho que ha impedido el desarrollo económico de su propia Nación.
Así nuestro desarrollo como Nación quedó anclado en las Estancias mientras que economías de países, también colonizados por una potencia extranjera, como EE.UU., Australia y Canadá produjeron un corte abrupto con la evolución económica, política y social que siguió nuestro país para convertirse en Naciones desarrolladas.

Desde antes de ser naciones libres tanto Australia como Canadá supieron diversificar la explotación de sus materias primas, pero lo más importante en este aspecto fue la modificación de la tenencia aristócrata de las tierras más productivas para redistribuirlas equitativamente entre sus habitantes, hecho que no se logró sin "confrontaciones" ni “crispaciones”.

Australia realizó una reforma agraria en 1861 sin poca resistencia. Al mismo tiempo desarrolló la minería, la cerealicultura, la tecnología y se expandieron las líneas férreas. Cuando Australia declaró su independencia de Inglaterra -recién en 1901- ya era un Estado-Nación con un fuerte sentimiento nacional, una economía diversificada y pujante, y una distribución de la riqueza por demás equitativa, preparada para convertirse también en una potencia industrial hacia mediados del siglo XX.

Cuando Canadá declaró su independencia en 1867 ya había construido una línea férrea que le permitía el intercambio comercial con EE.UU. Rápidamente comenzó a convertirse en uno de los proveedores más importantes de productos agrícolas y el mayor productor mundial de zinc y uranio. Es también líder mundial en muchos otros recursos naturales como el oro, el níquel, el aluminio y el plomo.
Desde la Segunda Guerra Mundial, la transferencia de estos recursos impulsó un gran crecimiento de la industria manufacturera, transformando a la nación de una economía rural a una, principalmente, industrial y urbana.

Pero la transformación que necesitó de mayor violencia para poder llevarse adelante se produjo en otra ex-colonia inglesa: Estados Unidos.
Estados Unidos estaba, para 1861, dividido en dos partes casi iguales: el norte unionista y el sur confederado. Los unionistas reclamaban la transferencia de recursos obtenidos mediante la exportación de tabaco, algodón y caña de azúcar por los terratenientes del sur, para el desarrollo industrial que estaban realizando tibiamente en el Norte. La Unión pugnaba por la abolición de la esclavitud y la formación de un proletariado asalariado. Para llevarse adelante estas políticas socio-económicas era imprescindible la inversión en obra pública (caminos, ferrocarriles y edificios públicos) y el establecimiento de aranceles altos para proteger a la industria nacional, mientras que los confederados no podían permitir el aumento de sus costos eliminando la esclavitud y la implementación de aranceles altos que atentaran contra el libre comercio que ellos necesitaban para exportar sus productos a las potencias industriales europeas.
Esta disputa se resolvió mediante una cruenta guerra civil que dejó en cuatro años de luchas alrededor de 620.000 muertos.
Uno de los datos más curiosos es que los vencidos, al no tener industria más allá de poseer las mayores riquezas, tuvieron que importar armas de otros países.
Finalmente la victoria de los unionistas convirtió a EE.UU. con el tiempo en la primera potencia mundial al explotar sus inmensas riquezas naturales y utilizar esas ganancias para subsidiar el desarrollo industrial. Pero más allá de eso, EE.UU. fue el país más proteccionista del mundo hasta por lo menos, la Primera Guerra Mundial, mientras que Argentina no tenía siquiera una industria que proteger.

Hoy si comparamos la evolución de países como Estados Unidos, Australia o Canadá con Argentina nos encontramos con que el decil más rico de nuestro país tiene un ingreso per cápita más alto que esa fracción de la sociedad de estos tres países, mientras que la población con menores ingresos a nivel local es, a su vez, veinte veces más pobre que los estratos más bajos de estos países. Eso se debe claramente a que el sector agropecuario no genera puestos de trabajo como lo hace la industria, además de explotar al peón y ocupar el primer lugar del sistema productivo nacional en evadir impuestos, recursos con que el Estado podría destinar más asignaciones en materia social e inversión pública y así combatir la pobreza que tanto le preocupa a la Sociedad Rural.

Sin embargo siempre que se intentó en nuestro país el desarrollo de la industria distribuyendo las divisas provenientes de la exportación de las materias primas se logró un avance significativo en la redistribución del ingreso pero estos períodos históricos fueron muy cortos y, contrariamente a lo resuelto en otros países, los exportadores agropecuarios y los especuladores financieros terminaron truncando el intento industrializador.
Esta lucha está íntimamente ligada a la evolución de los salarios de los trabajadores y a su protección social, que vivieron sus momentos de gloria en las tres presidencias del General Juan Domingo Perón (1946-1955 / 1973-1974).
Desde el 2003 el proceso liderado por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner retoma el concepto industrialista-inclusivo trazado por el General Perón, sin embargo, tras años de profundos retrocesos, los indicadores de pobreza y desempleo todavía se encuentran por encima de los registros observados en 1974. En ese momento la desocupación no superaba el 4 por ciento y la informalidad rondaba el 17 por ciento.

Por eso no nos dejemos engañar por el discurso de los “confederados pampeanos” argentinos, que nos quieren hacer creer que la causa de nuestro subdesarrollo se debió a procesos populistas y demagogos.
Cuando se compara nuestra evolución con la de países parecidos al nuestro en cuanto a clima y riquezas naturales como Estados Unidos, Australia o Canadá para denigrarnos, no lo hacen con el sentimiento patriótico que dicen tener sino para defender el programa económico con el que siempre se llenaron sus bolsillos.

domingo, 8 de agosto de 2010

Un Poste y un Fusil

Parece ser que la fiebre del Bicentenario también ha contagiado a ciertos factores de poder que se esmeran en defender el relato de la historia confeccionado por Bartolomé Mitre para justificar sus aberraciones históricas, o peor aún, para ocultarlas.

En ese contexto ha surgido una disputa por el relato histórico que no ha podido ser sesgado por la censura del ministro de Educación macrista Esteban Bullrich en los preparativos previos al Bicentenario.
Por su parte el Presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, se apropió para su cosecha -o para su Tambo- de la figura de Mariano Moreno en su último discurso pronunciado en la Sociedad Rural.

Biolcatti dijo que ellos -la Mesa de Enlace- hubieran apoyado a Mariano Moreno en su defensa del libre comercio “contra los gravámenes” que imponía el Imperio español, citando la “Representación de los Hacendados”. Con lo cual infiere que Moreno hubiese estado del lado de los Patrones del campo en su reclamo contra las retenciones porque comparten “los mismos ideales y la misma lucha”

Lo que ignora Biolcatti, es que en realidad lo que le exigía Moreno a la tiranía colonial (porque en ese entonces no había una Presidenta democrática elegida por el pueblo) era que destruya la monopolización que ejercía sobre nuestro comercio exterior. De esta manera los productores y los comerciantes locales obtendrían las ganancias que les correspondiesen y se terminaría con el contrabando de productos ingleses por los cuales no ingresaban divisas a las arcas del Estado.

Moreno creía firmemente en el rol del Estado, por eso gestó fábricas estatales de armas y de pólvora; por eso fundó la Biblioteca de Buenos Aires a la que deberían acceder todos sus habitantes sin distinción de clases sociales.

Moreno había proyectado una República democrática administrada por un Estado sanador de las diferencias preexistentes entre quienes la integraban, sin títulos ni escudos nobiliarios, sin esclavos, y sin ciudadanos de segunda.
Con esa intención escribió la Representación de los Hacendados, donde además de proponer la liberalización del comercio exterior, expresó la necesidad de modificar la relación fiscal recargando la mayor responsabilidad arancelaria en la clase más pudiente en beneficio de los más desamparados.
En ese sentido no se debe olvidar que ya en su tesis doctoral había condenado la sumisión de los habitantes originarios al sistema de trabajo esclavo que significaban la mita y el yaconazgo.

Ese modelo de país en el que creía Moreno, fue cristalizado en varios de sus escritos, como por ejemplo: “Sobre las miras del Congreso”, “Jura de la Junta Provisoria (1810)”, “Prólogo al Contrato Social” (1810) y “Supresión de los honores del Presidente” (1811). Y tan convencido estaba que no dudó en derramar la sangre que consideró necesaria para alcanzarlo. Así lo había proyectado en su “Plan de Operaciones” (1810).

En lo que no creía Moreno, como buen admirador de la Revolución liberal Francesa, era en el absolutismo monárquico y en los abusos del poder estatal. Aborrecía las dictaduras y las tiranías, por eso se rebelaba contra ellas.

Entonces es obsceno pensar que Moreno hubiese compartido sus ideales con quienes apoyaron la matanza masiva de habitantes originarios en la mal llamada “Campaña del Desierto”, y con quienes solventaron todos los golpes de Estado que sacudieron a nuestro país. Muchos de estos patrones del campo han sido favorecidos por la Dictadura de Videla con la condonación de deudas impagables, uno de ellos fue la propia familia de Biolcatti.

Esos mismos sectores no solamente son los máximos responsables de la arbitraria distribución de la riqueza que asola a nuestro país desde su fundación, sino también de la injusta redistribución del ingreso, al ser los que más impuestos evaden; los que mantienen la mayor cantidad de trabajadores en la informalidad; y los que más fomentan el trabajo infantil.

Por eso, si Moreno viviese en nuestro tiempo hubiese estado tan cerca de Biolcatti como un jacobino de un tirano, es decir, la misma distancia que separa a un poste de un fusil.

domingo, 25 de julio de 2010

La Mazorca Radical - Parte X (final) -

Que se rompa y no se doble

A finales de los años ochentas el radicalismo lucía acabado -al igual que el país-. Mientras Carlos Saúl Menem prometía revolución productiva y salariazo, Eduardo Angeloz hablaba de privatizaciones y recortes del gasto público. Luego de perder las elecciones presidenciales del 89' volvió a ser elegido gobernador de Córdoba por tercera vez, mandato que estuvo envuelto en escándalos de corrupción.

En 1992 reaparecía en la escena pública el veterano Arturo Frondizi, para ser condecorado por las Fuerzas Armadas con la Medalla de oro del Ejército Argentino.

Alfonsín, que se había convertido en el político más impopular del país negociaba con Menem en 1993 el Pacto de Olivos, por el cuál se le permitía a éste la reelección a cambio de un senador más por provincia para la oposición.
En ese acuerdo, gestado por el Coti Nosiglia, apoya los indultos dictados por Menem a los cabecillas de la Dictadura Militar.

Ni Alfonsín ni el radicalismo, durante el gobierno de Menem, levantaron la voz para denunciar los hechos de corrupción y la entrega del país, será porque compartían el mismo programa de gobierno para esa etapa de nuestra historia.

En 1999 por gestión de Alfonsínse se conforma la Alianza entre lo que quedaba del radicalismo y el FREPASO, que llevara a la Presidencia de la República al conservador Fernando De la Rúa, adversario histórico del mismo Alfonsín en la interna radical.



La feroz represión desatada por su gobierno a los siete días de asumir la Presidencia y que causara dos muertos en el puente que une a las ciudades de Resistencia con Corrientes, marcaría un estilo de gobierno que, ajuste neoliberal, corrupción, privatizaciones, aumento de la deuda externa y flexibilización laboral mediante, terminaría de la misma manera que había comenzado. Las protestas sociales ante un país vaciado y con más de la mitad de la población sumergida bajo la línea de la pobreza fueron reprimidas salvajemente en todo el país dejando un saldo de 32 muertos.



Algunos funcionarios y dirigentes radicales que pertenecieron o apoyaron al gobierno de la Alianza son los mismos que hoy ponen palos en las ruedas del gobierno nacional y popular kirchnerista. Uno de ellos, el “Milico” Oscar Aguad, titular del bloque radical de diputados, fue procesado recientemente por “administración infiel” cuando se desempeñaba como interventor federal de Corrientes. Aguad no pudo explicar cuál fue el destino de los 60 millones de dólares que había pedido como crédito.
Su apodo “el milico” se debe a que siendo funcionario del gobierno cordobés, acompañó a Luciano Benjamín Menéndez en el palco de honor de las ceremonias públicas.
El cargo que ocupaba en dicho gobierno era el de Ministro de Asuntos Institucionales, desde dónde respaldó la designación en la dirección de Inteligencia y de Drogas Peligrosas de la policía a los hermanos Carlos y Raúl Yanicelli, conocidos como Tucán Grande y Tucán Chico.
El Tucán Grande tuvo participación en un entierro clandestino de cadáveres durante la Dictadura y fue acusado, junto a su hermano, de torturar a ciudadanos secuestrados. Esas acciones le valieron cinco ascensos en siete años.
Aguad tuvo que pasarlo a Retiro luego de la protesta de la Conadep y finalmente fue detenido en el año 2008.

Es cierto, hubo y hay radicales para todos los gustos. Los hubo de derechas pero también de izquierdas. Y casi todos estos dirigentes tuvieron un punto de unión ineludible: el respeto virtual por la democracia del ciudadano y el desprecio efectivo por los derechos del pueblo, término que para los correligionarios significó y significa un colectivo abstracto que nunca alcanzó el status de realidad.

Porque a los pobres no se los alimenta con las palabras República, instituciones o democracia. Se los alimenta con trabajo digno y justicia social.
Por lo demás, el radicalismo tiene una rica historia plagada de traiciones, conspiraciones, represión, contradicciones y sumisiones que han manchado una y mil veces la frase más célebre que ha pronunciado su progenitor Leandro N. Alem:

“Que se rompa y no se doble”

FIN

La Mazorca Radical - Parte IX -

Yo me comeré las eses pero…

Las elecciones a Presidente de 1983 las ganó Raúl Alfonsín con el 52 por ciento de los votos.

Su ataque visceral contra el peronismo se basó en dos columnas fundamentales: su apoyo a la teoría de los dos demonios -que hoy tanto utiliza la derecha para justificar la guerra sucia- condenando la lucha armada peronista sin analizar las causas que la habían originado: bombardeos contra la población civil, golpes de Estado, fusilamientos a dirigentes y militantes y 18 años de proscripción política -casi todas acciones apoyadas por la UCR- y la desperonización de los sindicatos que comenzó con la denuncia de un supuesto pacto sindical-militar y siguió con el envío al Congreso de un proyecto de reforma sindical conocido como "Ley Mucci".
Además Alfonsín se negó a restablecer las paritarias y se reservó para su gobierno el derecho de fijar los salarios. Esta es la explicación de las 13 huelgas generales organizadas por la CGT.

Si bien se trató de desarticular el aparato golpista militar se permitió por otro lado que continuaran manejando el formidable negocio de la venta de armas.
Durante el gobierno de Alfonsín se firmaron 14 decretos secretos de exportación de material bélico (incluidas bombas de fósforo prohibidas por la Convención de Ginebra).

En cuanto a lo económico, se intentó implementar un plan keynesiano para reactivar la economía. Pero el pobre diseño basado en endeudamiento y en emisión monetaria y no en generación de riqueza genuina, llevó al país a un pico de inflación insostenible.
Alfonsín cedió en tan solo un año y medio a la presiones de las Corporaciones que le pedían planes de ajuste contra el salario. Por gestión del Ministro Terragno se intentaron realizar algunas privatizaciones de empresas públicas, sembrando así la semilla del neoliberalismo. Esos planes pasaron a la historia como “Plan Austral” y “Plan Primavera”.
Seis de esos grupos de presión formaban parte del proyecto de promoción industrial por el cual el gobierno transfería recursos públicos a estas corporaciones mediante subsidios estatales.
En 1984 convocó a una concentración multipartidaria contra el FMI pero por otro lado envió al Congreso un proyecto de ley para reconocer la deuda externa ilegítima, que sus herederos del radicalismo actual pretenden pagar, como si fuera poco, con más endeudamiento y recorte de presupuesto público y no con reservas acumuladas en dólares.
Primero resuelve enjuiciar a la Junta Militar pero luego envía al Congreso las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final. En pocas horas los rebeldes carapintadas pasaban de ser golpistas a héroes de Malvinas equivocados.

Detrás de algunas de estas medidas, operaba un oscuro personaje. Enrique Nosiglia, fue un gran animador del clientelismo político. Las cajas PAN manejadas por Franja Morada eran canjeadas por votos.
En 1987 el Coti Nosiglia fue designado Ministro del Interior. Su designación coincide con la profanación de la tumba del General Perón y el robo de sus manos por eso existen investigaciones que lo relacionen con ese hecho.

En enero de 1989 se produjo el copamiento del Regimiento de La Tablada por el Movimiento Todos por la Patria (MTP), para denunciar un golpe de Estado planeado por el Coronel Seineldín y el candidato a Presidente por el Justicialismo Carlos Saúl Menen.
La violencia con la que actuaron los 3600 integrantes de las Fuerzas Armadas para reprimir a unos cuarenta militantes mal armados, es inaceptable para un gobierno cuya piedra filosofal era el funcionamiento democrático de las instituciones.
Después de haber masacrado a los militantes del MTP, se torturó, se fusiló y se desapareció a algunos de los prisioneros.



El 1de mayo de 1989 Alfonsín -lejos de la ética y la calidad institucional - le asestó al salario uno de los golpes mas salvajes de nuestra historia para favorecer la rentabilidad de los grandes grupos empresarios.
En plena hiperinflación, cuando la masa trabajadora hambreada se lanzó al saqueo de supermercados, el “padre de la democracia” mandó a la prefectura a reprimir, causando un muerto y varios heridos.



Luego del éxito de “El Secreto de sus Ojos” sería bueno filmar la segunda parte, ambientada en los años ochenta, que refleje en la ficción al genocida Guglielminetti como guardaespaldas de Alfonsín. Y ya que los radicales siempre se mantuvieron en una posición de superioridad intelectual y cultural frente a la “ignorancia” de los negros peronistas me gustaría cerrar con una frase del rey de los exabruptos Herminio Iglesias: “Yo me comeré las eses pero otros se comieron al país”

viernes, 23 de julio de 2010

La Mazorca Radical - Parte VIII -

El diálogo y el Consenso en tiempos de Dictadura


Diálogo, consenso, democracia, República son expresiones que pueden endulzar a cualquier ciudadano de buenas intenciones por eso se utilizan frecuentemente, para engañar al ciudadano desprevenido. Sino veamos algunas de las declaraciones de Balbín pronunciadas durante la dictadura:

“Recibimos con satisfacción que las Fuerzas Armadas en el poder hayan ratificado su voluntad de arribar a un proceso democrático y republicano, que no hayan definido otros enemigos que los responsables de deshonestidades administrativas y de la quiebra moral y los que se han marginado voluntariamente del proceso, recurriendo a la subversión y al terrorismo, y que hayan reconocido la necesidad de los partidos políticos".


Cuando la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo le reprochó en 1977 su nulo compromiso para escla
recer el destino de los desaparecidos le contestó: "Usted ocúpese de los muertos, que a mí me duelen, pero yo me ocupo de los vivos para que no mueran".

En 1980, declaraba a un diario español: "Creo que no hay desaparecidos, creo que están muertos, aunque no he visto el certificado de defunción de ninguno".

Cuando en La Plata una patota del Regimiento Mecanizado 7 hizo desaparecer a los jóvenes dirigentes radicales Mario Amaya y Sergio Karacachoff y sus familias le pidieron ayuda, Ricardo Balbín miró para otro lado. Arturo Frondizi también apoyó a la Dictadura y Carlos Perette, ex vicepresidente de Arturo Illia, junto con un grupo de dirigentes radicales, se encontraban a almorzar una vez por mes con el General Suarez Mason.


Esta es una Declaración orgánica de la UCR de junio de 1977:
"El 24 de marzo de 1976 cayó un gobierno votado por 7.000.000 de argentinos. La ineptitud presidencial y la falta de respuestas estabilizadoras y legitimas por parte del entorno oficial, en medio de una realidad económica de improvisación inocu
ltable y de una indisciplina social anarquizante, mas la presencia de organizaciones para la subversión y la violencia, que angustiaron al pueblo, abrieron el camino para que las Fuerzas armadas ocuparan el poder. Había que ordenar la economía y buscar el restablecimiento de derechos y deberes para reencontrarnos en el marco de una Nación solidaria y pacifica"


Pero hubo una relación más profunda que no se detenía en un apoyo tácito a la Dictadura sino que evidencia que la UCR fue parte de ella.


El abogado radical Ricardo Yofre, fue integrante de la subsecretaría de la Presidencia en tiempos de Videla. Junto al General Villarreal fueron los operadores principales de la dictadura para que ésta diera ante la opinión pública una imagen de transición política hacia la democracia. Videla aparecía con una imagen moderada

en comparación de otros referentes militares y ensayaba una especie de apertura política ante los ojos del mundo. Con esa finalidad fueron designados dirigentes políticos como embajadores, como los radicales Héctor Hidalgo Solá -Venezuela- (luego desaparecido por Massera en la interna que mantuvo con Videla), Rubén Blanco -embajador en el Vaticano- y Tomás de Anchorena -en Francia-; el desarrollista Oscar Camilión -en Brasil- (ex funcionario del gobierno de Frondizi y posteriormente Ministro de Defensa de Menem. Procesado por contrabando de armas).

Además Yofre había cooptado en calidad de asesores de la Secretaría General de la Presidencia a otros dos hombres de la segunda línea de la UCR: Virgilio Loiácono –posteriormente Secretario Legal y Técnico de Presidencia de la Alianza- y José María Lladós.

En 1978 Ricardo Yofre, junto a sus jefes Videla y Villarreal, fue el autor de la Cena de la Amistad, que se celebró en Diciembre de ese año y a la que asistieron casi cuatrocientos políticos radicales, entre ellos Ricardo

Balbín, Fernando De la Rúa, Juan Carlos Pugliese, Antoni Trócoli y Juan Trilla.

Su hermano, Juan Bautista “Tata” Yofre, se desempeñó como titula de la SIDE durante el menemisto y lleva escritos tres libros dónde se agita la teoría de los dos demonios.

Estos últimos años la justicia lo procesó por el delito de asociación ilícita en una causa que investiga la supuesta venta de información, producto del acceso ilegal a emails de políticos y empresarios.


Un diputado radical surgido de las patronales del campo, Ricardo Buryaile, fue el autor de la frase: “Si el Congreso ratifica las retenciones móviles debería ser disuelto”

El defensor de la renta extraordinaria de la soja no tiene intenciones de saldar su deuda de 4,5 millones de pesos con el Banco Nación y no parece preocupado porque dicha deuda esté garantida por sus dos campos de 10.700 hectáreas total, obtenidas por su familia gracias a una “ayuda” de la última dictadura militar.


Por eso cuando Lilita Carrió se despacha con ese compendio de insultos destituyentes contra

la Presidenta y se asocia a la diputada Giúdice para defender al monopolio apropiador de Papel Prensa y de hijos de desaparecidos, lo hace desde la más pura tradición de su partido.

La Mazorca Radical - Parte VII -

Aniquilar a la Guerrilla Fabril

En la década del setenta el partido radical seguiría profundizando sus dicotomías internas.
Mientras el radical Arturo Mor Roig formaba parte del gobierno del Dictador Lanusse como Ministro del Interior en tiempos de los fusilamientos de Trelew, otros dirigentes radicales, como los abogados Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Amaya, eran pedidos como garantía por los detenidos de Montoneros y del ERP.



Cofundador del Movimiento de Renovación y cambio de la UCR, Solari Yrigoyen asesoraba a gremialistas de la talla de Agustín Tosco y Raimundo Ongaro y había salvado a varios militantes chilenos de la dictadura de Augusto Pinochet.
Declarado como el enemigo número uno por Lorenzo Miguel, Solari Yrigoyen sufriría dos atentados a manos de la Triple A, y salvaría su vida de milagro. Secuestrado y torturado por la dictadura de Videla, es expulsado del país en 1977.
Su compañero Mario Amaya no tendría tanta suerte y moriría a causa de las torturas en las cárceles militares.

El Movimiento de Renovación y cambio fue fundado en 1972 y se sumaba al juego político interno del radicalismo que ya era de por si bastante variopinto. Fundado por Raúl Alfonsín, que provenía del balbinismo, y otras agrupaciones menores como La Junta Coordinadora y Franja Morada, que provenían de la socialdemocracia, este Frente compondría la nueva ala izquierda del partido.

Tanto Franja Morada como la Junta Coordinadora se mantuvieron al margen de puebladas como el Cordobazo, de huelgas y de planes de luchas coordinados por las organizaciones peronistas contra la dictadura. Mientras la JP era reprimida con la máxima crueldad conocida, Franja Morada apostaba al diálogo como único camino posible para el regreso de la democracia.

Por otro lado Balbín organizaba un frente cívico opositor a la dictadura y acercaba posiciones con el peronismo. En 1970, la UCR, el justicialismo, el conservadurismo popular, los socialistas y otras fuerzas políticas lanzan un documento titulado: Sin solución política es impensable una solución económica. Nacía así la "Hora del pueblo", una agrupación multipartidaria que se proponía la recuperación de las instituciones democráticas.

Por su parte Frondizi en marzo de 1972, fuera del partido radical y como líder de su nuevo partido, Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), se incorporó al Frente Justicialista de Liberación Nacional que se preparaba para participar en las elecciones de marzo de 1973.

Cuando Perón regresó al país en noviembre de 1972 mantuvo una reunión con Balbín dónde ambos líderes acordaron un apoyo mutuo, incluso, una vez caído el gobierno de Cámpora se barajó la posibilidad de que Perón-Balbín formen un gobierno de unidad nacional que finalmente no se llevó adelante por las presiones de las bases, tanto en un partido como en el otro.

En el cierre de la campaña presidencial del radicalismo Balbín pronunciaría su famosa frase: “El que gana gobierna y el que pierde ayuda”. Si algunos de los dirigentes radicales trajera de el arcón de los recuerdos esta frase a nuestro presente, seguramente, dejaría de tener el espacio mediático que le brindan los grandes monopolios de la comunicación.

Cuando la violencia se fue incrementando y el General Perón pasó a mejor vida, Balbín volvió a probarse el traje que mejor le quedaba. Apoyó la represión, el ajuste y el disciplinamiento de los sindicatos.
Cuando la Triple A cometía un crimen tras otro; cuando Martínez de Hoz, por ese entonces presidente de ACINDAR, comenzaba a implementar en la fábrica el plan de aniquilamiento y desaparición de delegados sindicales, Balbín sintetizaba el sentimiento del radicalismo en una sola frase: “hay que aniquilar a la guerrilla fabril”.

Cuando era inminente el golpe de estado de marzo del 76, el líder radical declaraba que “las ratas abandonan el barco” en clara alusión a su viejo socio Arturo Frondizi.