Mostrando entradas con la etiqueta grupos de interés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta grupos de interés. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de junio de 2010

De Vacaciones por el Congreso

Por Mariano Cittadino

Mientras los peones trabajan de sol a sol en los campos de sus patrones, “Minga” De Angelis y el amigazo Bussi están de vacaciones en el Congreso.
Declaran sin pudor, con ese halo de estrellas mediáticas, que su misión patriótica es presionar y amenazar a los diputados y senadores de la Nación para que voten las leyes, que supuestamente le conviene a su sector de interés, aunque los poderes delegados al ejecutivo no se encuentran en el marco de influencia que podría por si mismo dejar sin efecto las retenciones. Aunque se derogasen los poderes delegados, para anular las retenciones se debería mandar una ley específica al Congreso totalmente independiente, con lo cual los súper mediáticos agrarios están metiendo sus narices directamente dentro de los límites del poder político.

Los medios de comunicación lejos de condenar estas acciones, han naturalizado este proceder como si se tratara de actitudes lícitas que deben ser, no solamente aceptadas, sino apoyadas por la opinión pública. En ese sentido los monopolios mediáticos y la mesa de enlace guían incansablemente, a una oposición política que, desfinanciada de ideas, desdibujada en su falta de imaginación, fracturada en su raíz ideológica y sin un rumbo definido, muestra como único objetivo ponerle trabas al gobierno para obtener algún nivel valorativo en el electorado.
Todo parece naturalizarse en nuestra sociedad. Así como alguna vez los préstamos con cobro de intereses estaban condenados por la ley porque significaba que los poderosos se aprovechaban de los más débiles, o como el mismo Adam Smith condenaba la formación de monopolios por atentar contra los valores del libre comercio, hoy “desgastar y erosionar” al gobierno, o considerarlo un “obstáculo” parecieran ser metas naturales que se deben alcanzar para lograr ese país “normal” que llena tanto la boca de nuestro flamante intendente-empresario Mauricio Macri.
En un sistema democrático verdadero, la relación entre los partidos políticos y los grupos de poder no deberían tener nunca el mismo objetivo porque así como las fuerzas políticas tienen como principal objetivo la búsqueda del poder político, los llamados grupos de interés son organizaciones de ciudadanos que se agrupan en torno a un interés común para defenderlo.

Ese interés sectorial que defienden puede estar vinculado a la actividad laboral o empresarial (sindicatos, organizaciones profesionales, etc.), a un sector de la actividad económica (unión Industrial Argentina, Sociedad Rural, Federación Agraria Argentina), a la actividad social (clubes, asociaciones civiles, sociedades de fomento), a la actividad religiosa (diferentes grupos dentro de la Iglesia Católica u otros cultos).

Estos grupos adquieren otra entidad cuando, en la búsqueda de su propio interés sectorial, intentan influir al gobierno de turno. En ese momento se “politizan”, y de grupos de interés pasan a convertirse en fuerzas orgánicas politizadas; son los llamados “grupos de presión”. Ejercen presión mediante dos formas: el “lobbyng”, palabra inglesa que se refiere al lobby del Congreso (norteamericano), era el lugar para intentar influir en la voluntad de los legisladores; y la “acción directa”, mecanismo que se denomina así por oposición a la acción parlamentaria -que sería la acción indirecta-.
La acción directa es llevada adelante sin respetar los canales institucionales que la democracia propone para resolver los conflictos eje: lockout patronal, cortes de ruta, etc.
Tanto las fuerzas políticas como las fuerzas politizadas, quienes abarcan la estructura de poder y quienes no, en la medida que ejerzan o traten de ejercer influencia fuera de sus funciones específicas, son considerados factores de poder (allí se incluyen además a la prensa, la opinión pública, la burocracia y -hoy en menor medida- a las fuerzas armadas).

En un país donde han sobrado los gobiernos que han sido derrocados por golpes cívicos-militares, económicos y políticos, alentados siempre por estos factores de poder (Sociedad Rural, Medios de comunicación e Iglesia), estas actitudes deberían ser condenadas enérgicamente por los medios, por el poder político y por la opinión pública en general.
Roxana Latorre, senadora de la oposición acaba de denunciar que existen intereses que pugnan porque la Presidente no llegue a terminar su mandato como por ejemplo la Sociedad Rural de la provincia de Santa Fe. Con esa declaración explica la razón por la cual votó en disidencia con su jefe político, Carlos Reuteman, la derogación de los poderes delegados, votación que le está costando amenazas y que la llevó a tener custodia policial en la puerta de su domicilio particular.
Por su parte Carlos Reuteman y Eduardo Duhalde se postulan incesantemente para gobernar el país o bien para ejercer el poder político, entre bambalinas, a partir del 2011. Es llamativo ver como faltando dos años y medio para las próximas elecciones presidenciales, se adulan públicamente el uno al otro, como esos engreídos personajes de la farándula que miran al resto de sus competidores por encima del hombro y desde un escaloncito más arriba.
Uno estuvo a punto de ser presidente pero vio algo que no le gusto y “abandonó”, el otro es uno de los personajes más siniestros de los últimos tiempos, sospechado de haber sido el instigador de los últimos golpes constitucionales que ha vivido el país y represor incansable de los justos reclamos de obreros y desocupados.

Ambos contendientes fueron además, inocultables protagonistas de la segunda década infame que arrasó a la clase media y baja de nuestro país pero que ahora aparecen como salvadores de un pretendido naufragio filmado solo para televisión (que yo recuerde si hubo un náufrago ese fue el Lole Reuteman cuando fue gobernador de Santa Fe).

Sus competidores son: uno el “vicepresidente opositor”, insulso personaje expulsado dos veces por traidor de sus espacios políticos (espacios totalmente antagónicos entre sí pero que le han servido para escalar políticamente, o mejor dicho, mediáticamente).

El otro, un empresario devenido en político. El mismo que pugna por alcanzar un país “normal” o por volver a ese país normal que ya no lo es, para que sus empresas, las de su familia, las de sus socios, las de sus amigos, y porque no, las de su clase social, le vuelvan a asestar un buen golpe al avance de los salarios y a los derechos de los trabajadores logrados estos últimos seis años.
Para él gobernar sería una ecuación multiplicadora perfecta entre poder económico y poder político que arrojaría como resultado virtuoso el todo por el todo. Sin embargo, que gobiernen sus “rivales”, no cambiaría demasiado sus planes.

Sería, después de todo, como volver a 1976, a 1989 o al 2001.