domingo, 25 de julio de 2010

La Mazorca Radical - Parte X (final) -

Que se rompa y no se doble

A finales de los años ochentas el radicalismo lucía acabado -al igual que el país-. Mientras Carlos Saúl Menem prometía revolución productiva y salariazo, Eduardo Angeloz hablaba de privatizaciones y recortes del gasto público. Luego de perder las elecciones presidenciales del 89' volvió a ser elegido gobernador de Córdoba por tercera vez, mandato que estuvo envuelto en escándalos de corrupción.

En 1992 reaparecía en la escena pública el veterano Arturo Frondizi, para ser condecorado por las Fuerzas Armadas con la Medalla de oro del Ejército Argentino.

Alfonsín, que se había convertido en el político más impopular del país negociaba con Menem en 1993 el Pacto de Olivos, por el cuál se le permitía a éste la reelección a cambio de un senador más por provincia para la oposición.
En ese acuerdo, gestado por el Coti Nosiglia, apoya los indultos dictados por Menem a los cabecillas de la Dictadura Militar.

Ni Alfonsín ni el radicalismo, durante el gobierno de Menem, levantaron la voz para denunciar los hechos de corrupción y la entrega del país, será porque compartían el mismo programa de gobierno para esa etapa de nuestra historia.

En 1999 por gestión de Alfonsínse se conforma la Alianza entre lo que quedaba del radicalismo y el FREPASO, que llevara a la Presidencia de la República al conservador Fernando De la Rúa, adversario histórico del mismo Alfonsín en la interna radical.



La feroz represión desatada por su gobierno a los siete días de asumir la Presidencia y que causara dos muertos en el puente que une a las ciudades de Resistencia con Corrientes, marcaría un estilo de gobierno que, ajuste neoliberal, corrupción, privatizaciones, aumento de la deuda externa y flexibilización laboral mediante, terminaría de la misma manera que había comenzado. Las protestas sociales ante un país vaciado y con más de la mitad de la población sumergida bajo la línea de la pobreza fueron reprimidas salvajemente en todo el país dejando un saldo de 32 muertos.



Algunos funcionarios y dirigentes radicales que pertenecieron o apoyaron al gobierno de la Alianza son los mismos que hoy ponen palos en las ruedas del gobierno nacional y popular kirchnerista. Uno de ellos, el “Milico” Oscar Aguad, titular del bloque radical de diputados, fue procesado recientemente por “administración infiel” cuando se desempeñaba como interventor federal de Corrientes. Aguad no pudo explicar cuál fue el destino de los 60 millones de dólares que había pedido como crédito.
Su apodo “el milico” se debe a que siendo funcionario del gobierno cordobés, acompañó a Luciano Benjamín Menéndez en el palco de honor de las ceremonias públicas.
El cargo que ocupaba en dicho gobierno era el de Ministro de Asuntos Institucionales, desde dónde respaldó la designación en la dirección de Inteligencia y de Drogas Peligrosas de la policía a los hermanos Carlos y Raúl Yanicelli, conocidos como Tucán Grande y Tucán Chico.
El Tucán Grande tuvo participación en un entierro clandestino de cadáveres durante la Dictadura y fue acusado, junto a su hermano, de torturar a ciudadanos secuestrados. Esas acciones le valieron cinco ascensos en siete años.
Aguad tuvo que pasarlo a Retiro luego de la protesta de la Conadep y finalmente fue detenido en el año 2008.

Es cierto, hubo y hay radicales para todos los gustos. Los hubo de derechas pero también de izquierdas. Y casi todos estos dirigentes tuvieron un punto de unión ineludible: el respeto virtual por la democracia del ciudadano y el desprecio efectivo por los derechos del pueblo, término que para los correligionarios significó y significa un colectivo abstracto que nunca alcanzó el status de realidad.

Porque a los pobres no se los alimenta con las palabras República, instituciones o democracia. Se los alimenta con trabajo digno y justicia social.
Por lo demás, el radicalismo tiene una rica historia plagada de traiciones, conspiraciones, represión, contradicciones y sumisiones que han manchado una y mil veces la frase más célebre que ha pronunciado su progenitor Leandro N. Alem:

“Que se rompa y no se doble”

FIN

La Mazorca Radical - Parte IX -

Yo me comeré las eses pero…

Las elecciones a Presidente de 1983 las ganó Raúl Alfonsín con el 52 por ciento de los votos.

Su ataque visceral contra el peronismo se basó en dos columnas fundamentales: su apoyo a la teoría de los dos demonios -que hoy tanto utiliza la derecha para justificar la guerra sucia- condenando la lucha armada peronista sin analizar las causas que la habían originado: bombardeos contra la población civil, golpes de Estado, fusilamientos a dirigentes y militantes y 18 años de proscripción política -casi todas acciones apoyadas por la UCR- y la desperonización de los sindicatos que comenzó con la denuncia de un supuesto pacto sindical-militar y siguió con el envío al Congreso de un proyecto de reforma sindical conocido como "Ley Mucci".
Además Alfonsín se negó a restablecer las paritarias y se reservó para su gobierno el derecho de fijar los salarios. Esta es la explicación de las 13 huelgas generales organizadas por la CGT.

Si bien se trató de desarticular el aparato golpista militar se permitió por otro lado que continuaran manejando el formidable negocio de la venta de armas.
Durante el gobierno de Alfonsín se firmaron 14 decretos secretos de exportación de material bélico (incluidas bombas de fósforo prohibidas por la Convención de Ginebra).

En cuanto a lo económico, se intentó implementar un plan keynesiano para reactivar la economía. Pero el pobre diseño basado en endeudamiento y en emisión monetaria y no en generación de riqueza genuina, llevó al país a un pico de inflación insostenible.
Alfonsín cedió en tan solo un año y medio a la presiones de las Corporaciones que le pedían planes de ajuste contra el salario. Por gestión del Ministro Terragno se intentaron realizar algunas privatizaciones de empresas públicas, sembrando así la semilla del neoliberalismo. Esos planes pasaron a la historia como “Plan Austral” y “Plan Primavera”.
Seis de esos grupos de presión formaban parte del proyecto de promoción industrial por el cual el gobierno transfería recursos públicos a estas corporaciones mediante subsidios estatales.
En 1984 convocó a una concentración multipartidaria contra el FMI pero por otro lado envió al Congreso un proyecto de ley para reconocer la deuda externa ilegítima, que sus herederos del radicalismo actual pretenden pagar, como si fuera poco, con más endeudamiento y recorte de presupuesto público y no con reservas acumuladas en dólares.
Primero resuelve enjuiciar a la Junta Militar pero luego envía al Congreso las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final. En pocas horas los rebeldes carapintadas pasaban de ser golpistas a héroes de Malvinas equivocados.

Detrás de algunas de estas medidas, operaba un oscuro personaje. Enrique Nosiglia, fue un gran animador del clientelismo político. Las cajas PAN manejadas por Franja Morada eran canjeadas por votos.
En 1987 el Coti Nosiglia fue designado Ministro del Interior. Su designación coincide con la profanación de la tumba del General Perón y el robo de sus manos por eso existen investigaciones que lo relacionen con ese hecho.

En enero de 1989 se produjo el copamiento del Regimiento de La Tablada por el Movimiento Todos por la Patria (MTP), para denunciar un golpe de Estado planeado por el Coronel Seineldín y el candidato a Presidente por el Justicialismo Carlos Saúl Menen.
La violencia con la que actuaron los 3600 integrantes de las Fuerzas Armadas para reprimir a unos cuarenta militantes mal armados, es inaceptable para un gobierno cuya piedra filosofal era el funcionamiento democrático de las instituciones.
Después de haber masacrado a los militantes del MTP, se torturó, se fusiló y se desapareció a algunos de los prisioneros.



El 1de mayo de 1989 Alfonsín -lejos de la ética y la calidad institucional - le asestó al salario uno de los golpes mas salvajes de nuestra historia para favorecer la rentabilidad de los grandes grupos empresarios.
En plena hiperinflación, cuando la masa trabajadora hambreada se lanzó al saqueo de supermercados, el “padre de la democracia” mandó a la prefectura a reprimir, causando un muerto y varios heridos.



Luego del éxito de “El Secreto de sus Ojos” sería bueno filmar la segunda parte, ambientada en los años ochenta, que refleje en la ficción al genocida Guglielminetti como guardaespaldas de Alfonsín. Y ya que los radicales siempre se mantuvieron en una posición de superioridad intelectual y cultural frente a la “ignorancia” de los negros peronistas me gustaría cerrar con una frase del rey de los exabruptos Herminio Iglesias: “Yo me comeré las eses pero otros se comieron al país”

viernes, 23 de julio de 2010

La Mazorca Radical - Parte VIII -

El diálogo y el Consenso en tiempos de Dictadura


Diálogo, consenso, democracia, República son expresiones que pueden endulzar a cualquier ciudadano de buenas intenciones por eso se utilizan frecuentemente, para engañar al ciudadano desprevenido. Sino veamos algunas de las declaraciones de Balbín pronunciadas durante la dictadura:

“Recibimos con satisfacción que las Fuerzas Armadas en el poder hayan ratificado su voluntad de arribar a un proceso democrático y republicano, que no hayan definido otros enemigos que los responsables de deshonestidades administrativas y de la quiebra moral y los que se han marginado voluntariamente del proceso, recurriendo a la subversión y al terrorismo, y que hayan reconocido la necesidad de los partidos políticos".


Cuando la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo le reprochó en 1977 su nulo compromiso para escla
recer el destino de los desaparecidos le contestó: "Usted ocúpese de los muertos, que a mí me duelen, pero yo me ocupo de los vivos para que no mueran".

En 1980, declaraba a un diario español: "Creo que no hay desaparecidos, creo que están muertos, aunque no he visto el certificado de defunción de ninguno".

Cuando en La Plata una patota del Regimiento Mecanizado 7 hizo desaparecer a los jóvenes dirigentes radicales Mario Amaya y Sergio Karacachoff y sus familias le pidieron ayuda, Ricardo Balbín miró para otro lado. Arturo Frondizi también apoyó a la Dictadura y Carlos Perette, ex vicepresidente de Arturo Illia, junto con un grupo de dirigentes radicales, se encontraban a almorzar una vez por mes con el General Suarez Mason.


Esta es una Declaración orgánica de la UCR de junio de 1977:
"El 24 de marzo de 1976 cayó un gobierno votado por 7.000.000 de argentinos. La ineptitud presidencial y la falta de respuestas estabilizadoras y legitimas por parte del entorno oficial, en medio de una realidad económica de improvisación inocu
ltable y de una indisciplina social anarquizante, mas la presencia de organizaciones para la subversión y la violencia, que angustiaron al pueblo, abrieron el camino para que las Fuerzas armadas ocuparan el poder. Había que ordenar la economía y buscar el restablecimiento de derechos y deberes para reencontrarnos en el marco de una Nación solidaria y pacifica"


Pero hubo una relación más profunda que no se detenía en un apoyo tácito a la Dictadura sino que evidencia que la UCR fue parte de ella.


El abogado radical Ricardo Yofre, fue integrante de la subsecretaría de la Presidencia en tiempos de Videla. Junto al General Villarreal fueron los operadores principales de la dictadura para que ésta diera ante la opinión pública una imagen de transición política hacia la democracia. Videla aparecía con una imagen moderada

en comparación de otros referentes militares y ensayaba una especie de apertura política ante los ojos del mundo. Con esa finalidad fueron designados dirigentes políticos como embajadores, como los radicales Héctor Hidalgo Solá -Venezuela- (luego desaparecido por Massera en la interna que mantuvo con Videla), Rubén Blanco -embajador en el Vaticano- y Tomás de Anchorena -en Francia-; el desarrollista Oscar Camilión -en Brasil- (ex funcionario del gobierno de Frondizi y posteriormente Ministro de Defensa de Menem. Procesado por contrabando de armas).

Además Yofre había cooptado en calidad de asesores de la Secretaría General de la Presidencia a otros dos hombres de la segunda línea de la UCR: Virgilio Loiácono –posteriormente Secretario Legal y Técnico de Presidencia de la Alianza- y José María Lladós.

En 1978 Ricardo Yofre, junto a sus jefes Videla y Villarreal, fue el autor de la Cena de la Amistad, que se celebró en Diciembre de ese año y a la que asistieron casi cuatrocientos políticos radicales, entre ellos Ricardo

Balbín, Fernando De la Rúa, Juan Carlos Pugliese, Antoni Trócoli y Juan Trilla.

Su hermano, Juan Bautista “Tata” Yofre, se desempeñó como titula de la SIDE durante el menemisto y lleva escritos tres libros dónde se agita la teoría de los dos demonios.

Estos últimos años la justicia lo procesó por el delito de asociación ilícita en una causa que investiga la supuesta venta de información, producto del acceso ilegal a emails de políticos y empresarios.


Un diputado radical surgido de las patronales del campo, Ricardo Buryaile, fue el autor de la frase: “Si el Congreso ratifica las retenciones móviles debería ser disuelto”

El defensor de la renta extraordinaria de la soja no tiene intenciones de saldar su deuda de 4,5 millones de pesos con el Banco Nación y no parece preocupado porque dicha deuda esté garantida por sus dos campos de 10.700 hectáreas total, obtenidas por su familia gracias a una “ayuda” de la última dictadura militar.


Por eso cuando Lilita Carrió se despacha con ese compendio de insultos destituyentes contra

la Presidenta y se asocia a la diputada Giúdice para defender al monopolio apropiador de Papel Prensa y de hijos de desaparecidos, lo hace desde la más pura tradición de su partido.

La Mazorca Radical - Parte VII -

Aniquilar a la Guerrilla Fabril

En la década del setenta el partido radical seguiría profundizando sus dicotomías internas.
Mientras el radical Arturo Mor Roig formaba parte del gobierno del Dictador Lanusse como Ministro del Interior en tiempos de los fusilamientos de Trelew, otros dirigentes radicales, como los abogados Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Amaya, eran pedidos como garantía por los detenidos de Montoneros y del ERP.



Cofundador del Movimiento de Renovación y cambio de la UCR, Solari Yrigoyen asesoraba a gremialistas de la talla de Agustín Tosco y Raimundo Ongaro y había salvado a varios militantes chilenos de la dictadura de Augusto Pinochet.
Declarado como el enemigo número uno por Lorenzo Miguel, Solari Yrigoyen sufriría dos atentados a manos de la Triple A, y salvaría su vida de milagro. Secuestrado y torturado por la dictadura de Videla, es expulsado del país en 1977.
Su compañero Mario Amaya no tendría tanta suerte y moriría a causa de las torturas en las cárceles militares.

El Movimiento de Renovación y cambio fue fundado en 1972 y se sumaba al juego político interno del radicalismo que ya era de por si bastante variopinto. Fundado por Raúl Alfonsín, que provenía del balbinismo, y otras agrupaciones menores como La Junta Coordinadora y Franja Morada, que provenían de la socialdemocracia, este Frente compondría la nueva ala izquierda del partido.

Tanto Franja Morada como la Junta Coordinadora se mantuvieron al margen de puebladas como el Cordobazo, de huelgas y de planes de luchas coordinados por las organizaciones peronistas contra la dictadura. Mientras la JP era reprimida con la máxima crueldad conocida, Franja Morada apostaba al diálogo como único camino posible para el regreso de la democracia.

Por otro lado Balbín organizaba un frente cívico opositor a la dictadura y acercaba posiciones con el peronismo. En 1970, la UCR, el justicialismo, el conservadurismo popular, los socialistas y otras fuerzas políticas lanzan un documento titulado: Sin solución política es impensable una solución económica. Nacía así la "Hora del pueblo", una agrupación multipartidaria que se proponía la recuperación de las instituciones democráticas.

Por su parte Frondizi en marzo de 1972, fuera del partido radical y como líder de su nuevo partido, Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), se incorporó al Frente Justicialista de Liberación Nacional que se preparaba para participar en las elecciones de marzo de 1973.

Cuando Perón regresó al país en noviembre de 1972 mantuvo una reunión con Balbín dónde ambos líderes acordaron un apoyo mutuo, incluso, una vez caído el gobierno de Cámpora se barajó la posibilidad de que Perón-Balbín formen un gobierno de unidad nacional que finalmente no se llevó adelante por las presiones de las bases, tanto en un partido como en el otro.

En el cierre de la campaña presidencial del radicalismo Balbín pronunciaría su famosa frase: “El que gana gobierna y el que pierde ayuda”. Si algunos de los dirigentes radicales trajera de el arcón de los recuerdos esta frase a nuestro presente, seguramente, dejaría de tener el espacio mediático que le brindan los grandes monopolios de la comunicación.

Cuando la violencia se fue incrementando y el General Perón pasó a mejor vida, Balbín volvió a probarse el traje que mejor le quedaba. Apoyó la represión, el ajuste y el disciplinamiento de los sindicatos.
Cuando la Triple A cometía un crimen tras otro; cuando Martínez de Hoz, por ese entonces presidente de ACINDAR, comenzaba a implementar en la fábrica el plan de aniquilamiento y desaparición de delegados sindicales, Balbín sintetizaba el sentimiento del radicalismo en una sola frase: “hay que aniquilar a la guerrilla fabril”.

Cuando era inminente el golpe de estado de marzo del 76, el líder radical declaraba que “las ratas abandonan el barco” en clara alusión a su viejo socio Arturo Frondizi.

lunes, 19 de julio de 2010

La Mazorca Radical - Parte VI -

Se les Escapo la Tortuga

En la década del sesenta la vida democrática del país seguía sesgada y violada, no solamente por el “partido militar” sino también por todos los partidos políticos que aceptaron participar de ese simulacro de democracia, entre ellos, quienes se proclamaron a lo largo de la historia como sus celosos e inquebrantables guardianes: el partido radical.

Las elecciones que consagraron al radical Arturo Illia como Presidente de la Nación fueron unas de las más anodinas de la historia, pudiéndoselas comparar con las legislativas del 2001, debido al gran caudal de votos en blanco. Arturo Illia, con el apoyo de Ricardo Balbín, presidente del partido radical, ganó las elecciones con tan solo el 25 por ciento de los votos.

Una de sus primeras medidas fue nombrar como canciller a Miguel Angel Zabala Ortiz, uno de los líderes del radicalismo unionista, que participó en el bombardeo a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, junto a Roque Carranza, luego Ministro de Defensa de Alfonsín.

Sin embargo Illia levantó la proscripción del peronismo y actuó con gran audacia tomando medidas progresistas. Incluso, los contratos petroleros firmados por Frondizi fueron declarados nulos de nulidad absoluta por vicios de ilegitimidad y por ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación.

Esta medida sumada al control de abusos en los medicamentos, visibilizando las mafias que operaban detrás de los laboratorios, y el no alineamiento con EE.UU. en la política internacional, fueron las causas que terminaron de poner en contra de su gobierno a gran parte de la prensa que siempre es tan sensible cuando se le toca una porción de rentabilidad a los grandes intereses económicos, no solo internos sino también externos.

El diario Clarín, de origen desarrollista, encabezó una feroz campaña de prensa contra Illia acompañado por Mariano Grondona , Bernardo Neustadt y otras figuras deleznables del periodismo “independiente” quienes bautizaron a Illia como “Tortuga” por su supuesta lentitud a la hora de tomar medidas importantes.

Esta campaña es solo comparable con la que en nuestros días, liderada también por el grupo Clarín, se ha llevado adelante contra la Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner. En aquel entonces el poder mediático unido al económico “se llevo puesto” al débil poder político, en cambio hoy, una militancia concientizada resiste los nuevos embates de los golpistas. Porque el establishmenth no reacciona contra un partido político en particular sino contra un proyecto de país que muchas veces han compartido radicales y peronistas.

Otras iniciativas del gobierno que terminaron de moldear el golpe de estado fueron la ley del salario mínimo, vital y móvil; el aumento de un 10 por ciento en la producción industrial; la participación de los trabajadores del 41 por ciento de los ingresos y la caída en la tasa de desempleo al 4,1 por ciento. Además los presupuestos de cultura, educación y obra pública fueron uno de los más altos de nuestra historia.

Pero el odio gorila de Illia contra el peronismo le hizo cometer un grave error repetido por Alfonsín casi dos décadas más tarde: el intento de desperonizar los sindicatos.

Sin embargo quienes operaron para liquidar al gobierno radical fueron algunos de sus propios correligionarios como el inefable Arturo Frondizi.

El gobierno de Illia que fuera plantado para ser funcional al ejército se convirtió finalmente, en una extraña especie de tortuga con un caparazón difícil de romper.

La Mazorca Radical - parte V -

“Hay que pasar el Invierno”

Así como la aparición del peronismo significó un reacomodamiento en las filas de los demás partidos políticos, lo mismo ocurrió luego de su proscripción. Los radicales volvían a dividirse frente a la controversia de pactar con el peronismo para obtener sus votos en las elecciones de 1957.

Arturo Frondizi, astuto conspirador con gran vocación de poder, le promete a Perón, a cambio de los votos del peronismo, normalizar los sindicatos, levantar la proscripción del peronismo y seguir su programa de gobierno que en conclusión no estaba nada alejado del yrigoyenismo que practicaba el propio Frondizi.

Esto hecho causó la ruptura con Ricardo Balbín, quen no podía ocultar su odio a las clases obreras, y decidía crear la Unión Cívica Radical del Pueblo.

A los pocos días de asumir Frondizi envió al congreso un proyecto de Ley de Amnistía para los presos políticos peronistas y el proyecto de Asociaciones Profesionales, devolviéndole gran parte de su poder a los gremios.
Las primeras medidas de Frondizi devolvían el radicalismo a sus orígenes: 60 por ciento de aumento de salarios; control de precios; aumento de pensiones; envío al Congreso de un proyecto de ley de reforma agraria; desarrollo de la industria nacional.

Pero poco duraría la primavera. Ante las primeras reacciones del poder concentrado, Frondizi se somete incursionando en una de las costumbres radicales más repetidas: la traición.
Luego de criticar a Perón por firmar contratos mixtos de explotación petrolera con empresas extranjeras a pesar de ser favorables para nuestro país, Frondizi permite la entrada de multinacionales foráneas sin cobrarles impuestos. Como si fuera poco el contrato petrolero cubría a las empresas extranjeras de los riesgos de expropiación, guerra o insurrección de los mercados en que operaba.

A poco más de un año de gobierno designa como ministro de economía al ultraliberal Álvaro Alsogaray que pasaría a la historia luego de pronunciar su frase mas famosa: “hay que pasar el invierno”. Traducido al dialecto popular esa frase significaba volver a las viejas recetas liberales: exportación de materias primas sin valor agregado, limitar el proceso de industrialización, liberalizar las importaciones, endeudarse con el FMI por 200 millones de dólares, aumentar las tarifas del transporte público, despidos y ajuste de salarios contra el pueblo trabajador.

Perón condena estas medidas lo que provoca una profundización de la resistencia peronista. Huelgas, planes de lucha y ocupación de fábricas, con la toma del frigorífico Lisandro de la Torre como bandera, son respondidas por Frondizi con la aplicación del Plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes). Un plan urdido para combatir el terrorismo y juzgar a civiles mediante tribunales militares Frondizi lo utilizó para encarcelar dirigentes sindicales.

El mismo dirigente que conoció la cárcel por cometer actos de terrorismo contra la población civil y por conspirar contra un gobierno democrático elegido por el 62 por ciento del pueblo, en nombre del la libertad y de la democracia, reprime con el ejército a los trabajadores por manifestarse en contra del recorte de su salario y por luchar a favor de que se levante la proscripción contra el partido mayoritario. En definitiva una lógica muy radical.

Raúl Scalabrini Ortiz diría de Frondizi: “Usted ve un animal grande, de cuatro patas, generalmente marrón, que tiene ubres de las que extraen leche los tamberos, cuyo excremento es de color verde y que hace muuu. Usted dice, obviamente, que es una vaca. Pues bien, Arturo Frondizi le demostrará que no, que es una locomotora Diesel”.