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miércoles, 16 de junio de 2010

Relación Histórica Entre dos Poderes y Candidatos Pro-medios de la Modernidad

Por Mariano Cittadino

La relación entre los medios de comunicación y el poder político siempre estuvo viciada de sospechas, de arreglos y desarreglos, de negociados y de opiniones formadas, al son de las conveniencias comerciales de la coyuntura política.
La prensa es una organización civil-comercial que se constituye como grupo de presión sectorial con la intención de representar al sector político más afín a sus intereses.

Prensa libre y anti popular
La Gazeta, primer periódico de nuestro país, fue creado por el Estado a instancias de patriotas como Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno (que lo dirigió), para fortalecer la revolución e informar al pueblo desde la visión de los revolucionarios, enfrentando así la versión de los hechos locales e internacionales que hasta entonces proveía el enemigo.Durante las gobernaciones de Rosas, el enfrentamiento entre el poder político y la prensa “independiente”, aunque solo lo era entonces para responder a intereses unitarios-liberales, fue constante. El ataque de la prensa fue exagerado y la reacción de Rosas fue tan dura, que los principales medios opositores terminaron exiliándose en Montevideo desde donde continuaron publicando todo tipo de artillería pesada en contra del régimen rosista.Otro de los choques más resonantes entre los medios de comunicación y el poder político se produjo durante el gobierno del General Juan Domingo Perón.
Cuando Perón llegó al gobierno en el año 1946, el sector radiofónico estaba manejado por pequeñas empresas PYME mientras que los sectores oligárquicos manejaban los medios gráficos: Los Mitre La Nación, Los Gainza Paz La Prensa, y Botana el diario Crítica. Estos medios gráficos defendían intereses contrarios a la política que iba a desempeñar el gobierno revolucionario de Juan Domingo Perón. El diputado justicialista John William Cooke califica al diario La Prensa, como “enemigo de la nación y de la clase trabajadora, complotado con los intereses capitalistas”. El Congreso Nacional determinó la expropiación del diario La Prensa a raíz de los negociados realizados en la importación de papel prensa, situación por la cual el Presidente Perón fue catalogado como autoritario por atacar a la prensa “libre”.

La Fusiladora Mediática
En abril de 1958, tres días antes de entregar el gobierno, Pedro Eugenio Aramburu firma un decreto mediante el cual se adjudican las primeras licencias para establecer canales de televisión privada. Se pone así en el aire el Canal 9, con el aporte financiero de la cadena norteamericana NBC. En ese momento aparece el empresario cubano Goar Mestre, amigo de Spruille Braden, respaldado por la CBS y el grupo editorial Time-Life para fundar Proartel y Canal 13, cuyas emisiones comienzan el 1ero de octubre de 1960. El 21 de julio de 1961, se suma Canal 11, merced a los buenos oficios de la cadena norteamericana ABC.
Como vemos la discusión entre dos proyectos de país representados por lo “nacional” y lo “publico” contra lo “extranjerizante” y lo “privado” también tuvo su hora en los medios de comunicación.

La “Prensa Independiente”
Este instrumento político conoció una de sus etapas más macabras en el golpe de estado de 1966 contra el Presidente Arturo Illia.
La campaña de prensa paga contra el Presidente ilegal, comenzó en 1965. El diario Desarrollista Clarín y el semanario Confirmado de Jocobo Timerman, con Mariano Grondona como su cronista estrella, trataron de convencer a sus lectores de que un golpe era inevitable. Se generó entonces una idea de caos y vacío de poder que la prensa se encargó de llenar con el invento de un líder militar de la talla del General Onganía, comparando sus dotes de liderazgo con los de Francisco Franco.
“Todos en esa época, yo mismo, contribuimos a crear una suerte de mito con Onganía, en el cual necesitábamos creer nosotros, por lo pronto. Necesitábamos creer que existía alguien. Por ejemplo, yo en Primera Plana contribuí a la formación de un mito y después el pobre hombre no pudo estar a la altura del mismo rol que nosotros habíamos imaginado para él” (Mariano Grondona -1986)
En el general Onganía se encuentra el primer antecedente de cómo los medios tienen la capacidad, no solo de transformar a un líder político, sino también de fabricarlo.
Tras su retorno al poder en 1974, Perón califica a la TV como un servicio público que debía ser prestado por el Estado Nacional, provincial o municipal.En esa dirección indica que se declaren no renovables las licencias privadas de los canales 9, 11 y 13. Así decide terminar con las productoras de contenidos extranjeros y participar activamente al empresariado privado, ofreciéndoles el control garantista del Estado argentino. La intervención extiende sus efectos a las productoras cautivas como Proartel, Telerama y Telecenter.
“No puedo explicarme que la TV, que es un organismo preponderantemente cultural, que entra en la casa de todos los argentinos sin pedir permiso a nadie, pueda estar en manos de quienes defienden otros intereses que no son los puros intereses de la comunidad”. (Juan Domingo Perón, 28-5-1974)

Letras escritas con sangre
Durante la dictadura militar iniciada en 1976, los medios de difusión no solo fueron cómplices del aparato represivo clandestino que habían montado los carniceros de Videla sino que además establecieron una especie de sociedad ilegal en el negociado del Papel Prensa.La producción exclusiva del Papel Prensa le fue traspasada a la sociedad establecida para tal fin, compuesta por los periódicos Clarín, La Nación y La Razón, el 18 de enero de 1977.
El propietario de Papel Prensa había sido el empresario-banquero David Graiver hasta el día de su muerte producida en 1976. Muerto Graiver la empresa había quedado en manos de su familia, que al poco tiempo fue detenida por el General Camps y obligada a vender sus acciones a menos de la mitad de precio en una mesa de tortura, durante la Dictadura Militar. La familia Graiver ni siquiera llegó a cobrar el saldo de precio de la cesión por lo que el Fiscal Molinas calificó el hecho como “desaparición de acreedores”.
El 19 de mayo de 1977 Clarín publicó que “…como surge de todo lo expuesto la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado a través de la más alta expresión de su voluntad, que consta en Acta de la Junta Militar, preservando un proyecto de interés nacional, resguardando el abastecimiento para todos los diarios de su principal insumo, en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida”.
El gobierno militar no solo les entregó el Papel Prensa, sino que facilitó las gestiones para que los diarios recibieran dos créditos: uno del Banco Español del Río de la Plata y otro del Banco Holandés Unido, por un monto de 7.200.000 dólares, a sola firma y sin aval ni garantías, para construir la papelera que produciría el papel prensa en San Pedro. Además eximió de impuestos nacionales por diez años, le otorgó tarifas de energía reducidas y la implementación de aranceles de hasta un 53 por ciento en la importación de papel, lo que permitió a Papel Prensa imponer sus precios al mercado.En el término de cinco años la utilidad que logró producir el Papel Prensa a través de la protección estatal y sus precios monopólicos, superó los cien millones de dólares.En julio de 1982 las medidas elaboradas por el entonces presidente del Banco Central Domingo Cavallo, le significaron a Papel Prensa una reducción de sus deudas financieras de 42 millones de dólares.Así fue como el diario del prócer Bartolomé Mitre y el “gran diario argentino” montaron, un mecanismo infernal de propaganda política a favor de los genocidas como no se veía desde la caída del Tercer Reich en Alemania.
Sus dos momentos culminantes se produjeron durante el Mundial de fútbol de 1978 y la guerra de las Malvinas en 1982.
“Fue el milagro argentino. Su organización, lograda contra los presagios, sorprendió al mundo. Pudimos comprobar cómo en los periodistas extranjeros más honestos se disolvían los prejuicios que traían de sus países merced a la insidiosa propaganda motorizada por las organizaciones subversivas y los ingenuos de siempre. También fue una manifestación de victoria. En los festejos del Mundial mostramos por primera vez en mucho tiempo que estamos orgullosos de ser argentinos” (Mauro Viale y Marcelo Araujo, revista Argentina Ante el Mundo, Septiembre 1978

Ley de Medios ¡YA!
Lo peor que nos ha legado la dictadura en lo que respecta a medios de difusión, fue la Ley de Radiodifusión promulgada en 1980 y que subsiste hasta nuestros días (decreto-ley 22.285)Esta ley atenta contra la libertad de expresión al no permitir, por ejemplo, que las frecuencias radiales oficiales sean otorgadas a cooperativas, organizaciones sociales o barriales, sino que solamente deben estar en manos de empresas privadas.
Desde 1983 ningún gobierno democrático fue capaz de revisar los privilegios con que la tiranía militar pagó el silencio cómplice de la prensa.
En la segunda década infame, el Presidente Carlos Menem modificó el artículo de la ley que impedía a los propietarios de medios gráficos ser permisionarios de licencias de canales de televisión y, con ello, le abrió las puertas a Clarín para quedarse con Canal 13.
Hoy los medios de comunicación son empresas monopólicas que no solamente intervienen en la discusión política sino que además son capaces de crear líderes cuyos intereses siempre están plenamente agiornados a los intereses de los dueños de los medios.Estos empresarios o corporaciones mediáticas, diversifican sus negocios hacia otros sectores de poder con los cuales establecen alianzas para presionar al gobierno de turno.Para referirnos a uno de los ejemplos más modernos de alianzas constituidas por los medios para ejercer presión sectorial tenemos que citar nuevamente a la inefable sociedad La nación-Clarín y su asociación con las patronales del campo.
Clarín está asociado con La Nación en la organización de la feria Expoagro, el encuentro anual más importante del mundo agropecuario argentino, en torno del cual se realizan cada año, negocios por no menos de 300 millones de dólares, vinculados con los productos transgénicos y sus encadenamientos económicos.
Por otra parte el grupo español PRISA, dueño de Radio Continental fue otro efervescente detractor de la ley 125, campaña que se explica en el gran porcentaje de anunciantes que están vinculados al sector agropecuario.Por esa razón cuando el Estado avanza en políticas públicas en favor del conjunto (AFJP, Aerolíneas, etc.) los medios reaccionan con campañas y operaciones de prensa que resultan fulminantes.La respuesta de los monopolios a la nueva Ley de medios audiovisuales frenada por los jueces de la dictadura, fue que el Estado “depredador” quiere invadir la propiedad privada que pertenece, en este caso, a la prensa “independiente”.
La libertad, la democracia y el respeto por las instituciones que las corporaciones reclaman a los líderes políticos no son ejercidas en el seno de la intimidad de las empresas desde dónde se denuncian despidos masivos y una falta total de respeto por los derechos laborales del trabajador a los que se les tiene prohibido tener representación sindical. Sin embargo estas noticias nunca son difundidas.El grupo Clarín se cargó al juez Roberto Marquevich porque tuvo el atrevimiento de procesar a la señora de Noble, luego de que se negara a prestar colaboración en la causa donde se investiga si sus hijos adoptivos son hijos de desaparecidos. Esta línea política es la que ha jugado roles decisivos en los intentos de golpe de Estado producidos contra gobiernos progresistas como los de Venezuela, Bolivia y Honduras. Ecuador, Argentina y Paraguay sufren la misma prensa opositora que acusa a sus gobiernos de atentar contra la libertad de prensa. El Estado “autoritario” siempre es victima de los monopolios privados cuando no gobierna de acuerdo a sus intereses. Por eso los programas periodísticos, investigan siempre la corruptela de los organismos estatales pero jamás los abusos de las empresas privadas.

El Gran Cuñado
Algunos líderes políticos de la actualidad están totalmente influenciados por la televisión pero otros han sido directamente, construidos por ella. Hoy es preferible aparecer en los medios, aunque se hable mal, que no aparecer. Eso significaría que el líder no existe. Por eso se comenta que Margarita Stolbizer fue perjudicada por no ha haber sido ridiculizada, al igual que los otros candidatos, en la saga “Gran Cuñado”.
En el año 2007, durante la campaña electoral para jefe de gobierno de la ciudad de Bs. As., la imagen de Mauricio Macri fue favorecida en la primera entrega de la saga “Gran Cuñado”. Este hecho fue de vital importancia en la victoria lograda por el ilustre imitador de Freddy Mercury en esas elecciones.
En “Gran Cuñado”, icono de la política superficial y frívola, los candidatos no exponen su ideología sino que tratan de mostrarse como hombres comunes que bailan, cantan, cuentan chistes y que sufren a diario, al igual que la “gente normal”, los atropellos de esos seres acartonados y corruptos que son los políticos. En consonancia con esta línea actoral formateada en empresas especializadas en marketing, los candidatos que mejor han entendido esta estrategia fueron los líderes de Unión-Pro. La ventaja que han tenido los referentes de esta fuerza política es que vienen del mundo empresarial, con lo cual conocen a la perfección un espacio en donde la imagen lo es todo y donde la política es utilizada como un medio para lograr sus objetivos comerciales.Por eso cuando tienen que definirse políticamente lo hacen de manera confusa y contradictoria ya que no son, según su discurso, ni de derecha ni de izquierda sino que llegan a la política para salvarla de los políticos. No es la definición política lo que se necesita para ganar una elección, sino convencer al electorado de que el líder tiene valores éticos, que es eficiente en su trabajo y que además, sonríe mucho.
El ritual del acto político masivo forma parte del pasado. Eso es catalogado como populismo porque los ciudadanos que concurren a esos actos no van apasionados por su ideología sino por el chori y la coca. El político tradicional, lejos de combatir la pobreza, necesita que haya pobres para conformar su base clientelista que lo seguirá febrilmente a cambio de un plan social.
En cambio el político moderno, es un técnico que se paseará por todos los canales de televisión, pero jamás se mezclará con la muchedumbre y mucho menos, se subirá a un escenario para pronunciar un discurso, más que para decir alegremente “alica alicate” (esta sería la traducción posmoderna de “pan y circo”).
Esta nueva manera de hacer política fue inventada por el gran desideologizador de los noventa. El rey del marketing y la vanidad: Carlos Saúl Menem. Hoy deportista, mañana bailarín, pasado anfitrión de las más famosas estrellas internacionales, nos dejó un país en llamas, políticos que en realidad son deportistas o artistas y un grupo de monopolios de la comunicación cada vez más poderosos. Por eso se dice que Pino Solanas reunió las dos condiciones fundamentales para capturar al electorado de clase media porteño: un discurso grandilocuente lleno de denuncias de corrupción contra el poder político, y el lucimiento mediático en cuanto debate televiso se le cruzó por delante. Eso si, al líder más “revolucionario” de la actualidad no se lo vio participando de ningún acto político.