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martes, 15 de junio de 2010

¡Como el Chino Benitez contra Huracán!

Por Mariano Cittadino

Mi viejo me llevaba todos los Domingos a la cancha a ver a Boca, y ese domingo, aunque llovía a lo perro, no sería la excepción.

Todos los domingos la misma historieta. La pastacciuta en cada de la Nona, las eternas discusiones de política entre mi viejo, un “independiente” que siempre votaba a la contra, y la Nona y mis tíos, socialistas italianos, devenidos en orgullosos peronistas argentinos. Y después del ritual de todos los domingos ¡A la cancha que se acaba el mundo!

Boca y Huracán definían el Metro 76’ en el gallinero. Yo nunca había visto salir campeón a Boca. En realidad no veía nunca los partidos porque estaba obsesionado con la 12; solo miraba a la hinchada, me aprendía los cantitos y después los reproducía en el colegio o en la plaza del barrio.Ante cada jugada digna de mirarse mi viejo me codeaba “¿Que miras boludo? ¡Mirá el partido!”

Además por cantar ese cantito que se cantaba solo en la Bombonera, ese que decía “los muchachos peronistas…” me ligué un par de amonestaciones y un cachetazo de mi vieja cuando una vez me pescó cantando la marchita en medio de la plaza. La misma plaza que siempre estaba rodeada de milicos.

Me explicó que esa canción no la tenía que cantar, que estaba prohibida, que solo se podía cantar en la cancha. Claro que esa respuesta no la comprendí, ni siquiera la explicación, y menos aún sus lágrimas cuando me explicaba.

¡Como jugaba ese Huracán del Gitano Juárez! ¡Pero como metían los muchachos del Toto Lorenzo! El partido estaba bien chivo, con resultado cerrado y algo aburrido… pero por suerte la hinchada cantaba la marchita como nunca “…todos unidos triunfaremos…”Cuando de repente, empapados por la lluvia, se escucha un estruendo: GOOOOLLLLLLLLLLLL DE BOCAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!

El Chino Benítez había metido un sablazo de casi mitad de cancha, la pelota rozó el travesaño y se clavo en un ángulo. Mi viejo con los ojos rojos de emoción me alzó y me abrazó, pero mi expresión de sorpresa me hizo ligar un cachetazo: “BOLUDO, no te traigo a la cancha para que cantes esa mierda, te traigo para que veas el partido”

Que golazo el del Chino Benítez ¡Mamita! Es el día de hoy que mi viejo siempre se acuerda de ese gol… “¿Te acordás negro del gol del Chino Benítez contra Huracán? ¡QUE GOLAZO NENE! Ma que te vas a acordar vos, si te lo perdiste por boludo”

Y es cierto ese gol me lo perdí y aunque ahora lo vea en las grabaciones no es lo mismo. Si mi viejo, cuando se lo quise mostrar por internet me dijo “no lo necesito ver de nuevo, si lo tengo grabado acá (se golpea el marote). Mirálo vos que estabas en la cancha y te lo perdiste, Boludo!”

Después de perderme ese gol nunca más miré a la doce, ahora miraba el partido para no perderme detalle. Además la marcha ya se puede cantar en cualquier lado, aunque algunos gorilas se quejen porque en determinados ámbitos, pareciera que no es correcto cantarla…

Pero por desgracia, aunque me propuse nunca más volver a perderme un gol, allá por los noventa nos agarró la mala y nunca más pudimos ir a la cancha. Y ahora para ir a la Bombonera existían miles de impedimentos y todos pasaban por la guita. Que había que hacerse socio; que había que sacar abono para ir a todos los partidos; que no se podía ir solamente a algunos partidos; que las entradas estaban carísimas. En fin, ahora Boca Juniors era como una empresa manejada por empresarios eficientes. Y sería por eso que salíamos campeones todo el tiempo cuando antes, antes no le ganábamos a nadie.

Pero a veces, a pesar de que decían que las entradas estaban todas vendidas, las tribunas no parecían estar tan llenas. Y eso era porque esos tipos de guita que tenían abono a veces no iban a la cancha, con lo cual quedaban plateas vacías mientras que un montón de hinchas se quedaban afuera.

Igual que como ocurrió en el menemato, en el Boca empresario tampoco “derramaban” las ganancias que tenía el club hacia los más desfavorecidos por el sistema. El club más popular de la argentina se había convertido en una cueva explotada por cuatro vivos… ¿Y ese es el precio que tenemos que pagar para salir campeones? No es justo viejo. Todos queremos salir campeones pero existen valores humanos que no se pueden olvidar con tal de obtener un resultado deportivo. Sino cuál es la razón de existir de esos cientos de clubes pequeños que nunca ganaron ni a la bolita…

¿Sería ese el motivo por el cuál la marchita no se cantaba más en la Bombonera?

Lo cierto es que ahora los partidos los daban por televisión. Así que nos sentamos con el viejo para disfrutar las pisaditas de Román y gritar los goles de Palermo pero cuándo empezó el partido las cámaras dejaron de enfocar a la cancha para mostrar a las tribunas. ¡Mostraban la cara de los hinchas! Era como cuando gozas al perro mostrándole la comida que le vas a quitar de la boca apenas intente comérsela. ¡A esas crueles ideas ahora las llaman marketing! ¡Y se estudian en la Universidad!

Al principio pensamos que había fallas técnicas, mi viejo casi rompe la tele. Llamamos al cable y nos quejamos y fue entonces que una señorita me explico, con voz de robot, como era la nueva estrategia del mercado mediático. Y cuando le trasladé a mi viejo esas mismas explicaciones, el viejo me dijo indignado “¡ahí tenés boludo, mira la tribuna ahora!”

Así que no solamente me perdí el glorioso gol del Chino Benítez sino miles de goles convertidos en una de las épocas más gloriosas de Boca Juniors, y todo por no tener un mango. Esos goles ya no se pueden volver a ver.

Ahora vendrán otros goles, goles cuya historia mis hijos podrán contarle a mis nietos. Y eso no va a ser porque mis hijos tengan guita y puedan disfrutar de las bondades de los monopolios mediáticos, sino porque el fútbol volvió a ser un deporte público, nacional y popular, como era antes, como debió haber sido siempre.

Y eso gracias a que alguien, un día, mientras silbaba la marchita, la clavó en un ángulo.

¡Como el Chino Benítez contra Huracán!