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lunes, 28 de junio de 2010

La Mazorca Radical - Parte I -

"Ni Perón ni el peronismo tienen la tercera posición patentada a su nombre. Pensamientos afines se cultivan en la socialdemocracia de Horacio Sueldo y José Antonio Allende, y en algunos sectores del radicalismo. Esto le da a la tercera posición una trascendencia que va más allá del liderazgo de Perón.” (Salvador Ferla)

Mucho se ha escrito a lo largo de nuestra historia sobre las contradicciones del peronismo.
Por el contrario, la UCR ha gozado siempre de buena prensa. Republicanos y dialoguistas, los campeones de la democracia y de la ablución institucional, siempre que han fracasado en la gestión de gobierno, ha sido por responsabilidad de otros actores que no los han dejado gobernar.

Hoy tenemos un Vicepresidente opositor que ejerce la presidencia del senado, no para desempatar a favor del gobierno que integra en caso de paridad como marca la Constitución, sino para convertirse en un senador más de la oposición. No conforme con esto ha apoyado a la oposición en la conformación de las comisiones en el Senado contradiciendo al sistema electoral proporcional que rige a nuestra República.
Llevando esta situación hasta el extremo el vice radical, ha apelado un fallo judicial contrario a este movimiento destituyente.

Esta crisis institucional fue provocada por un aparentemente desaborido personaje que había sido expulsado del radicalismo de por vida, por haberse pasado a las filas del kirchnerismo en una jugada considerada por sus propios correligionarios como oportunista e insidiosa.
Sin embargo el partido lo vuelve a recibir al observar que luego de su titubeante voto “no positivo” su imagen, potenciada por los medios, comenzó a subir en las encuestas hasta llegar a perfilarse como el dirigente político con más posibilidades de alzarse con la victoria en las elecciones legislativas del 28 de junio. Esta visión cortoplacista sigue gambeteando el debate de ideas y sin dar respuestas sobre el proyecto de país al que apunta el radicalismo.

Después de la difusión del último deseo de Raúl Alfonsín se puso de moda pedir la unidad del partido. Unidad que se busca para coronar una de las últimas obras del ex Presidente radical que fue el pacto con Eduardo Duhalde para volver al sistema bipartidista de gobierno donde las estructuras conservadoras de los partidos Radical y Peronista se turnen cada cuatro años en el poder para terminar con gobiernos de Presidentes “locos” y Presidentas “crispadas” que lejos de pacificar al país insisten en dividirlo.

En la celebración del Bicentenario no fue casual que Cobos y De La Rúa hayan asistido -al igual que Duhalde y Menem- al Teatro Colón junto a Macri y toda la derecha golpista.

Evidentemente el partido está nutrido hoy por dos corrientes bien diferenciadas en sus ideas pero que están unidas por el mismo nexo: el fracaso a la hora de gobernar. Una de ellas sostenida entre las sombras por el regreso de la Coordinadora del temido Coti Nosiglia - operador del gobierno hiperinflacionario de Alfonsín- que desde la izquierda radical reapareció durante el conflicto con las patronales del campo para operar en contra de la 125, propone al conservador Cobos como candidato a Presidente y, por otro lado, los empecatados ex funcionarios de la Alianza, abanderados del ajuste neoliberal, aliados con la Coalición Cívica muestran como cara al renovador Ricardito Alfonsín y acusan a los buenos muchachos del Coti, de manejar de forma fraudulenta el padrón de la Provincia de Buenos Aires.

Hoy existen radicales para todos los gustos, podemos encontrarlos en el radicalismo K, en el Confe, en la Coalición Cívica, en el ARI, en el Pro, en el SI, en el GEN o en FORJA
Pero las contradicciones del radicalismo no comenzaron en el 2001 con el desastre de la Alianza sino que fueron producto de la misma historia del partido.