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lunes, 21 de junio de 2010

El Triunfo de la Civilización (24 de marzo de 1976)

Por Mariano Cittadino (para la revista Oveja Negra)

Rivadavia y la ley de Enfiteusis; la República Unitaria, culta y europea; el General Roca y la campaña del desierto; Bartolomé Mitre y la guerra de la triple alianza; el pacto Roca-Runciman; el bombardeo de la Plaza de Mayo; Aramburu y los fusilamientos de J.L. Suarez; Onganía y la noche de los bastones largos; Sarmiento: “Civilización y Barbarie”.

24 de Marzo de 1976, mediante un golpe cívico-militar, el establishment internacional y el cipayismo nacional, se disponen a reorganizar al país civilizado. Con este cometido buscan eliminar a las barbáricas montoneras federales.

Porque es hora de ponerle un freno definitivo al avance descontrolado de los salarios de los trabajadores que perturban la impoluta rentabilidad de las grandes corporaciones.
Esos sindicatos insolentes, organizados por ese General populista y por “esa” mujer, hoy se encuentran infiltrados por esa zurda loca que trae ideas desestabilizadoras desde el exterior, y que nada tienen que ver con nuestra identidad occidental y cristiana, que con tanta eficiencia, se enseña en las Escuelas de las Américas.

Este disciplinamiento feroz es apoyado por gran parte de la clase media y alta, por acción u omisión; por los patrones de la Sociedad Rural, que empezaban a ser menos pecuarios y mas agros; y por los medios de comunicación, que se asociaban a la dictadura para concebir los primeros monopolios fraudulentos. En aquellos años no entregaban aún sus espacios a las voces de la reconciliación nacional, del consenso, y del diálogo. Tampoco a los teólogos de la teoría de los dos demonios, ni a los cultores de las formas republicanas.
Eran otros tiempos y otros los métodos periodísticos. La información se arrancaba con la tortura y la realidad se ocultaba con cinismo. Porque los 25 millones de argentinos, unidos por la misma bandera, jugaremos el mundial.

Nos explican que las industrias nacionales fabrican productos caros y de calidad mínima, y para desmoralizar a los obreros, se fomenta la competencia con productos extranjeros, que son mucho mejores y más baratos. Porque ellos si que saben hacer las cosas. Así que nos invaden con sus genialidades y nosotros, a cambio, cerramos nuestras fábricas y estatizamos sus deudas. Total, a la parte civilizada de nuestra nación le encanta ser colonia de un Imperio tan magnifico como el vuestro. Seguramente en el futuro, cuando la barbarie sea disciplinada y se desempolven las urnas, votaremos a los herederos de esos exitosos empresarios para que nos gobiernen. Así nos sentiremos un poco más europeos o norteamericanos. Porque esos si que son países en serio.

Ese país civilizado ignora a esas viejas que andan dando vueltas por la Pirámide de Mayo, con un pañuelo blanco sobre sus cabezas. Porque antes, esas madres, no eran las madres del dolor, eran locas que no supieron cuidar a sus hijos. Pero que sabe la civilización sobre plantar la semilla de la conciencia social. Solo sabe sobre torturas y violaciones; sobre robo de bebes y cadáveres dinamitados; sobre campos de concentración y vuelos de la muerte. Y se burla de la historia de esas 30.000 ausencias, que se atrevieron a luchar por el país de la barbarie, hasta el extremo de bailar con la muerte para conseguir un sueño: nuestro sueño.
Ahora es todo sufrimiento para esas madres. Angustia, palpitaciones, insomnio. Ese vacío infinito que provoca un féretro sin descanso y tantas flores sin sepulcro.

Esos especialistas en aplicar la picana eléctrica sobre genitales indefensos y en violar mujeres embarazadas, no tuvieron la misma valentía para defender a la patria. Fueron los bárbaros colimbas del interior los que sacrificaron sus vidas para que algunos represores puedan salvar las suyas. Debería volver la colimba, así esos menores delincuentes, a los que les robamos sus sueños e ilusiones, hacen algo por su país. Como en aquellos gloriosos días de la gesta de Malvinas.

Por todo esto, para la militancia, que lucha desde el oscuro margen de la barbarie, todos los días son 24 de marzo de 1976. Porque todos los días volvemos a bajar el cuadro de Videla. Porque todos los días pedimos juicio y castigo para los culpables. Porque todos los días luchamos por barbarizar este país civilizado.

martes, 15 de junio de 2010

Dos Países, Dos Continentes

Por Mariano Cittadino

Según las creencias antiguas, el “el ciclo de las estaciones nunca termina”. Traigo esta creencia del mundo antiguo a la realidad del mundo moderno porque, sin lugar a dudas, el camino político-económico y social recorrido por la historia de nuestra América no es casual sino que se trata de un plan táctico-estratégico que ha sobrevivido al tiempo y que se ha iniciado en el mismo momento en que los barcos europeos han descubierto nuestro paradisíaco continente.

¿Civilización o Barbarie?
El gran acontecimiento que ha significado el descubrimiento de América les ha permitido a los países centrales abastecerse de materias primas para, al mismo tiempo, ganar mercados y poder colocar sus productos. El negocio era redondo, primero extraían la materia prima sin costos gracias a la mano de obra esclava, fabricaban el producto en sus industrias, y los vendían, en muchos casos, a los mismos países de los cuales habían extraído sus riquezas naturales.La gran avaricia de las monarquías europeas y su necesidad de mantener el sistema de producción capitalista ha convertido a nuestro continente en una fuente de riquezas naturales inagotables y lo único que ha evolucionado con el tiempo es la forma y los medios para extraerlas. Cuando el sistema capitalista entra en crisis debido a diversos factores, como puede ser la sobreproducción de productos y la caída de la demanda, la emisión descontrolada de deuda sin sustento, la caída en las tasas de ganancias, etc. la solución que el liberalismo y el neoliberalismo siempre dieron pasa por la intervención del Estado pero para estatizar y licuar deudas de empresas privadas o para llevar a la economía de los países periféricos a crisis cambiarias que permitan que las multinacionales recuperen sus inversiones. En definitiva los sistemas de rescate siempre han salvado a las empresas y a los bancos pero nunca a los trabajadores, generando de esta manera, desempleo, pobreza y hambre.En dirección contraria, según las recetas implementadas por los cultores del Estado de Bienestar keynesiano, se aumenta el gasto público para invertir en obras y generar trabajo. Así en cambio de ajustar sueldos o despedir al trabajador se mantiene su capacidad de consumo y, por consiguiente, el nivel de producción en las fábricas. Este modelo no solo redistribuye la riqueza sino que además contribuye directamente al progreso de la Nación con la construcción de obras públicas (caminos, ferrocarriles, centrales nucleares de energía, Escuelas, viviendas, etc.)
Hoy, ante la tremenda crisis internacional del capitalismo globalizado que nos azota, la mayoría de los países que integran nuestra América Latina están profundizando el sistema keynesiano de obra pública y el resguardo de empleos, aunque otros países siguen implementando las recetas de los economistas neoliberales generando desempleo masivo, para salvar a las empresas y a los banqueros que han generado esta catástrofe financiero-económica mundial.Cuando nuestros próceres pensaron la Independencia de nuestro continente lo hicieron en función de desprenderse de la agobiante presión que ejercían las colonias en la economía mediante el monopolio del control de los puertos por donde salían los productos para ser comercializados en el exterior. En nuestro caso, España exportaba nuestros productos a Inglaterra con lo cual Inglaterra pagaba precios mas caros por nuestros productos que si los comerciara directamente con el Virreinato y las ganancias de estas transacciones no quedaban aquí sino que se iban para España. Además del estancamiento económico, el estrangulamiento institucional provocó la ruptura con la decadente monarquía española, en un mundo que estaba virando hacia modelos de estados liberales y autónomos.
Esta tarea no podía llevarse adelante en un solo país dado que la correlación de fuerzas era claramente desfavorable. Solo era posible la libertad con la expulsión definitiva de los españoles de la totalidad del continente y para eso se necesitaba la unión de los americanos y el proceder homogéneo de todas sus fuerzas militares. Hoy la mayoría de los líderes de nuestra América se encuentran en una situación similar a la de aquella época aunque los instrumentos para la liberación nacional son otros porque otras son las formas de dominio. Nuestras reservas naturales y nuestras tierras están en manos de corporaciones monopólicas y oligopólicas transnacionales que se siguen enriqueciendo a costas de nuestras venas abiertas. En estos últimos años algunos de los líderes de nuestro continente han recuperado para sus países las empresas que explotan los recursos naturales, como Bolivia, Ecuador o Venezuela y otros países como Argentina, han recuperado empresas estratégicas (sistema de jubilación, Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino, Aguas Argentinas etc.), pero otros países se encuentran rezagados en esta tarea. Sin embargo todos están confluyendo en la creación de instituciones de carácter continental que los reúne para aunar criterios ante las potencias extranjeras y así lograr estrategias comerciales, políticas y culturales comunes que nos den la fuerza necesaria para juntos poder liberarnos de los tentáculos que nos oprimen.La creación del Mercosur, UNASUR, ALBA, Grupo de Río y la creación de un Banco sudamericano de desarrollo para financiar obras de carácter estructural van en esa dirección.Nuestros líderes de hoy se consideran continuadores del proyecto continental fundacional que quedo trunco hace tantos años, el de un continente unido y homogéneo, independiente de los intereses imperialistas extranjeros. Los líderes de la Independencia se apoyaron en visiones nacionalistas o continentalistas para llevar adelante la empresa independentista sentando sus bases de acción estratégica en la unión de nuestra cultura y tradiciones propias. Equivocada o no, la idea de Belgrano y de San Martín de coronar a un monarca Inca, significa un claro símbolo de la igualdad de condiciones pretendidas, entre inmigrantes, gauchos y mestizos con los habitantes originarios de nuestro continente que trajo además, como gran avance humanista y social, la abolición de la esclavitud.Sin embargo la visión de país que tenían los dueños de la tierra no pasaba por el mismo horizonte. Muy por el contrario las oligarquías nacionales nacientes en los diferentes países de América, cedieron ante las presiones expansionistas de las potencias industriales europeas creando lazos comerciales comunes con la clase dominante de estos países. En nuestro país la base aristocrática que marcó el derecho divino de las familias patricias fue la propiedad de la tierra, en tanto que, el no poseerlas, significaba ser ciudadano de segunda categoría.
El ser argentino parte de esta antinomia que tan bien refleja Sarmiento en “Civilización y Barbarie”; la civilización solo puede ser alcanzada si la raza que habita y trabaja la tierra de los patrones estancieros es importada desde Europa porque los pueblos originarios y los gauchos que habitan nuestro país son bárbaros, incultos y con poco apego al trabajo. Esta caracterización del ser nacional hizo que los indígenas sientan vergüenza de su propia raza. Los indígenas, los gauchos y mestizos de ayer, los inmigrantes sudacas y los “negros” de hoy, no cuadran en los cánones de “orden y progreso” que necesitan los patrones de la tierra para tener un país “normal” de seres blancos, intelectualmente superiores. La generación de los 80, tan culta y refinada, y también tan racista, estaba creída que los países centrales europeos nos tenían reservado en el mundo un lugar como potencia pero Argentina estaba destinada a ser un país periférico que serviría para abastecerlos con sus materias primas. El progreso se quedó en las estancias y solo benefició la rentabilidad de las clases dominantes que, en cambio de invertir en ciencia y tecnología para desarrollar la industria, tiraban manteca al techo en los palacetes más lujosos de Paris. Fue así como el proyecto integrador, continentalista, nacional y popular de los viejos héroes de nuestra independencia, que sin duda hubiera devenido en una gran potencia mundial, terminó convirtiéndose en una gran masa de tierra continental dividida en pequeños feudos exportadores, ricos y poderosos. En consecuencia la mayoría del pueblo fue relegado a trabajos esclavos mal pagos, sin ningún tipo de derechos, para bajar los costos de producción y obtener de esta manera una ventaja comercial frente a los demás feudos, que pasaron a ser sus directos competidores.La diferencia entre el proyecto original de nación continental y el llevado adelante por las oligarquías terratenientes es notable; una gran nación integrada por varios países terminó trocando en varios países en permanente tensión competitiva entre si, por proveer a las potencias centrales con sus materias primas que solo lograrían el progreso de unos pocos. Institucionalmente este proyecto pudo llevarse adelante gracias a la implementación de un Estado Liberal oligárquico que ejerció el poder de policía solo, para cuidar el normal desenvolvimiento comercial de los feudos y el progreso material de sus ciudades.Sin embargo la instauración de todo régimen opresor de las grandes mayorías, genera como consecuencia, tarde o temprano, la reacción de las masas hambreadas y atrasadas. A finales del siglo XIX el pueblo trabajador comenzó a organizarse en sindicatos y en partidos políticos de tendencia popular provocando un clima de creciente tensión que desembocaría en protestas, huelgas, revueltas y hasta revoluciones.
En nuestro país el Partido Radical de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen intentó varias revoluciones con el objetivo de democratizar un sistema electoral fraudulento que permitía a la oligarquía desarrollar sus políticas antipopulares.
Sin embargo la historia oficial, escrita por las clases dominantes, nos ha pintado un paisaje centenario protagonizado por un país libre, rico y democrático, granero del mundo por excelencia, en ascendente progreso. Pero en estos días que corren y, en vísperas del bicentenario, podemos por fin mostrar la otra historia, la que escriben los que “perdieron”.

La Crisis del 29’
Las disputas sociales entre patrones y obreros que comenzaban a hacer eclosión a principios del siglo XIX se profundizaron con el surgimiento de la crisis del año 1929. A medida que la prosperidad aumentaba en los países centrales, los empresarios buscaron nuevos negocios para invertir sus ganancias. Prestaban dinero a diferentes países e instalaban sus industrias en el extranjero (la Argentina y Brasil, entre otros). También invertían en maquinarias que permitían aumentar la producción. Desde que advirtieron que tendrían dificultades para vender tanta mercadería, comenzaron a invertir en bienes de lujo.Así la prosperidad, que antes estaba basada en el desarrollo industrial, pasó a depender de la especulación.Los almacenes estaban llenos de mercaderías que no podían ser vendidas y muchas fábricas comenzaron a despedir a sus trabajadores. A partir de ese momento se inició un período de contracción económica mundial, conocido como la "Gran Depresión". En los Estados Unidos, el descenso del consumo hizo que los stocks acumulados crecieran, las inversiones se paralizaran y muchas empresas tuviesen que cerrar sus puertas. La depresión trajo también penuria en el campo, pues muchos agricultores se arruinaron como consecuencia de la caída de los precios y de los mercados agrícolas. Como solución desesperada para poder pagar sus deudas, gran cantidad de trabajadores agrícolas vendieron sus tierras a precios irrisorios y se fueron a trabajar a las grandes ciudades.

Los Movimientos de Liberación Nacional
En nuestro continente las medidas proteccionistas tomadas en los países centrales nos obligaron a implementar un plan de sustitución de las importaciones creándose de esta manera las primeras industrias y favoreciendo el crecimiento del mercado interno. Los peones de campo comenzaron a emigrar a las ciudades atraídos por el nacimiento de las primeras industrias y la posibilidad de conseguir trabajo en ellas. Sin embargo la ciudad no estaba preparada estructuralmente para recibir a tantos inmigrantes y así nacieron las primeras villas de emergencia que comenzaron a rodear a las grandes ciudades conformando un verdadero cinturón de pobreza.La crisis había llevado a replantear el rol del Estado en la economía de una nación. En marzo de 1933 asumió como presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, quien se fijó como principal objetivo reconstruir la economía de su país. Para esto desarrolló un plan conocido como “New Deal”, que consistía en la regulación de la economía favoreciendo las inversiones, el crédito y el consumo, lo que permitiría reducir el desempleo. El gasto público debía orientarse a la seguridad social y a la educación.La base de este modelo económico fue desarrollada por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos con coyunturas totalmente diferentes y aquí descansa el acontecimiento más revolucionario en estos países, no solo de su tiempo sino tal vez, desde 1810. Consiste en la inclusión laboral de millones de ciudadanos que habían permanecido a un costado del sistema. Peones explotados, analfabetos mal alimentados, y obreros de fábricas sin la mínima cobertura social, dieron vida a la formación de un sindicato organizado desde el Estado con una de las legislaciones laborales más modernas del mundo. Este modelo de producción capitalista en combinación con la nacionalización de las empresas que explotaban nuestros recursos naturales, ha desarrollado el potencial industrial de nuestros países hasta niveles insospechados logrando la redistribución del ingreso más equitativo de nuestra historia, las tasas de desocupación más bajas y el desendeudamiento internacional mas alto, hasta lograr, en países altamente endeudados, la independencia económica. Sin embargo la evolución de estos cambios a favor de las clases desposeídas no ha sido desarrollada por igual en todos los países de nuestro continente. Algunos no se quedaron solamente en la integración y en la participación de las clases desposeídas a la hora de redistribuir los ingresos o en el control y apropiación de las exportaciones o en la estatización de empresas estratégicas que estaban en manos de las transnacionales, sino que han avanzado hasta llegar a la reforma agraria, medida por la cual los trabajadores se apropiaron de los medios de producción y de la generación directa de la riqueza.Estos cambios revolucionarios generados por gobiernos populares de América Latina no se limitaron solamente a lo económico, a lo político o a lo social sino que también adquirieron un carácter institucional muy fuerte debido a la plena participación de los ciudadanos mediante el sufragio universal y el voto femenino.Así gobiernos populares como los de Getulio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina, Paz Estensoro en Bolivia o Lázaro Cárdenas en México, lograron encausar a Latinoamérica en el camino que habían soñado nuestros libertadores, el camino de la solidaridad colectiva, de la independencia económica y de la autodeterminación soberana, y es por sus éxitos y no por sus fracasos, el motivo por el cual algunos de estos gobiernos fueron derrocados por las viejas oligarquías, quebrando de esta manera el ciclo evolutivo de carácter progresista para hundirnos en el subdesarrollo colonial.
El Consenso de Washington
El sistema neoliberal implementado en la década del 70, contribuyó a profundizar estas asimetrías con un ataque directo al corazón del sistema laboral. El primer mundo capitalista industrializado había entrado en crisis por la caída en la tasa de ganancias de las empresas debido al estancamiento tecnológico y a la crisis del petróleo, sin embargo se responsabilizó por la crisis a la baja desocupación y a la suba de sueldos lograda por las luchas obreras organizadas, con lo cual se tomaron medidas regresivas que destruyeron el mercado laboral y el gasto social del Estado. El cese de la intervención del Estado en los mercados, restableció una tasa natural de desempleo que junto a la reducción del impuesto a la ganancia y a la renta, da como resultado una desigualdad crónica, necesaria para dinamizar la economía.La búsqueda de los capitalistas por reducir costos los llevo a radicar sus empresas en los países periféricos donde la mano de obra es mucho mas barata. Se creo entonces desde los países centrales una división internacional del trabajo: la industrialista con mano de obra barata (China, Taiwán y Corea) y la productora de alimentos y de materia prima (América del Sur, parte de África y Asia). En este esquema nuestro continente se vio más perjudicado por nuestro antiguo problema de la concentración de la tierra en unas pocas familias aristocráticas y en la aparición de los monopolios transnacionales como nuevos productores-exportadores, que asociados a las viejas familias oligarcas, despojaron de sus tierras a indígenas y agricultores familiares.

El Renacimiento Popular
Pasada la noche neoliberal de los 90 y el estallido del 2001, Argentina experimentó un cambio de modelo de país que gracias a sus medidas económicas y a la intervención del Estado logró el restablecimiento de la industria nacional, la inversión en obra publica, el aumento de la ocupación y del salario promedio. Es evidente que todavía no se cambiaron las estructuras implantadas por el neoliberalismo. El gravamen de la renta financiera o minera, la reforma agraria o el control de las exportaciones son materias que también contribuirían a la distribución de la riqueza, pero la violenta reacción de la vieja y de la nueva oligarquía agromediática pone en evidencia que el rumbo transformador que adoptó el gobierno de Cristina Fernández, no es fácil de transitar ni mucho menos. La historia nos ha puesto hoy en un momento clave para dar la pelea. Y la única manera de defender los avances conseguidos desde el 2003 es profundizando el modelo.