Llegado el año 2000 decido aprovechar una oferta laboral que me llegaba desde España. Cansado, confundido y desesperanzado, con la frustración argentina a cuestas, decidí probar suerte en ese lejano país. Pero luego de unos primeros meses de entusiasmo, empecé a sentir un vacío interior que se fue profundizando a medida que pasaban los meses. Las noticias que llegaban desde mi lugar en el mundo, eran desalentadoras. Seguían cerrando fábricas y dejando miles y miles de trabajadores en la calle. Pero allí estaba mi familia, mis amigos y mi patria. “No aguanto más, me voy a pelearla con mi gente”, me dije. Un argentino radicado allá me aconsejó: “estás loco, con la deuda externa que tiene Argentina, tenemos hipotecado hasta el futuro de nuestros nietos” “Como va a salir Argentina de la crisis si está rodeada por países pobres”. No me importó. Ya me había convertido en un tanguero empedernido. A la distancia me había vuelto más argentino, más latinoamericano y menos europeo. Es más, en España aprendí a valorar y amar verdaderamente a mi patria. Mi aventura europea duró tan solo un año y medio.
Lo que me esperaba a mi regreso era peor de lo que había dejado. No conseguía trabajo, el corralito devoraba los pocos ahorros que me habían quedado, las colas interminables en los bancos, la agresión entre iguales, el odio contra esa clase política rastrera, familias enteras se habían convertido en cartoneras (un término que tuve que aprenderme ni bien bajé del avión). Unos tipos de traje que venían del primer mundo ocupaban el centro de la escena cada vez que nos visitaban. Venían a exigirnos que arrojemos más laburantes al olvido para pagarles una deuda externa que aumentaba continuamente gracias a los negociados corruptos de los cipayos traidores. La situación era tan extrema que nuestra moneda ya no tenía valor. Se habrían clubes de trueques dónde médicos cambiaban muestras gratis de medicamentos por un plato de comida; se remataban los campos en el “granero del mundo”; se ejecutaban hipotecas y se echaba a los propietarios a la calle. Te podían echar de cualquier laburo sin motivo y sin indemnización. Total había colas de laburantes buscando trabajo y, con tal de conseguir uno, aceptaban salarios de hambre. Así nacía el trabajador pobre, “flexibilizado”. ¿Cómo? ¿Y el cuento de la propiedad privada? ¿Y la seguridad jurídica? ¿Solo vale para ellos? Y claro si esto es Argentina. El país en dónde unos pocos tramposos viven a expensas de millones de perdedores.
“Vos si que estás loco pibe, venirte del primer mundo en dónde viven como reyes para meterte en este quilombo” “Acá nunca se va arreglar nada, es cultural. Somos corruptos por naturaleza” me decían.
El riesgo país subía todos los días, las palabras ajuste y recortes se repetían hasta el hartazgo.
Las cacerolas, los saqueos, el estado de sitio, el helicóptero, los cinco presidentes en diez días, el default, la pesificación asimétrica, Maxi y Darío. QUE SE VAYAN TODOS! ¿Qué se vayan todos?
Las nuevas elecciones para presidente las había ganado Menem. Otra vez. El primer respo
nsable de la quiebra del Estado. Su propuesta era pasar a una etapa superior del plan de convertibilidad. ¡Ahora dolarización! Pero en la segunda vuelta se tuvo que retirar de la contienda porque el 70% de la población iba a votar en su contra y a favor de nadie. O de cualquiera. El voto era contra Menem.Así, casi sin darnos cuenta, se nos coló un pingüino por la ventana. El candidato que nadie conocía. El que figuraba tercero o cuarto en las encuestas debajo de las nuevas esperanzas blancas: Ricardo López Murphy y Carlos Reuteman. Lo poco que se conocía de él era que su lejana provincia era la más ordenada del país, la mejor administrada, la que casi no tenía desempleo. La única que funcionaba. “Es por las regalías petroleras y por su baja cantidad de habitantes”, decían unos. “Y, lo que pasa es que tiene ascendencia alemana (¿o suiza?)”, decían otros. ¡Por lo que sea! Lo que la patria necesitaba era un Presidente que por lo menos no asesine a los laburantes que hacían piquetes porque no tenían trabajo. Ese era el juicio de valor que la coyuntura nos obligaba a establecer.
¿Cómo se pronuncia su apellido? Igual no nos gastemos mucho en aprenderlo porque en La Nación ya escribieron que será un gobierno de transición cuya duración no puede alargarse más de un año. Y capaz tengan razón porque como puede gobernar un tipo que asume con el 22 por ciento de los votos cuando en el país casi el 60 por ciento de la población está por debajo de la línea de la pobreza. Bueno, por otro lado sube con el apoyo de Duhalde. El capo mafia de la política. ¿Quién se va a animar a enfrentarlo?
Pero había algo más en ese hombre patagónico. Aquellos que lo conocían bien decían “se van a llevar una gran sorpresa con el pingüino. Es un hueso duro de roer, un tipo con convicciones, con militancia.”
¿Convicciones? ¿Militancia? ¿Qué significaban esas palabras en el ámbito de la política?
El acto de asunción fue de no creer. Estábamos con mi vieja mirando la tele en la cocina y me rendí inmediatamente ante su imagen. Con el saco desabrochado, jugando con el bastón de mando y
, lo más sorprendente, bajando hasta la mismísima Plaza de Mayo para abrazarse con el pueblo, ese pueblo que poco tiempo atrás deseaba tener a un político entre sus brazos, pero no precisamente para estrecharlo en un abrazo. Entonces, medio desconfiado, medio emocionado, le dije a mi vieja: “viejita, pero este tipo está loco, con ese entusiasmo me parece que nos saca del pozo”. “No se nada de él pero la mujer que es Senadora nacional tiene mucha fuerza y viene enfrentando al menemismo hace años. Si hasta la echaron del bloque oficialista”, me respondió.Ese tipo se llamaba Néstor Carlos Kirchner y de a poco empezábamos a aprender como pronunciar su apellido.
Pronto nos aprendimos de memoria muchas palabras mientras que otras comenzaron a ser resignificadas: neoliberalismo, Estado, distribución de la riqueza, quita de la deuda externa, subsidios, derechos humanos, juicios, mercado interno, integración latinoamericana, UNASUR, crecimiento del PBI, Imperialismo, ALCARAJO, Corte Suprema, superávits fiscal y comercial, exportaciones y comercio exterior, reservas, solidaridad, plan de viviendas, democracia, pueblo, corporaciones, monopolios, oligopolios, Magneto, desarrollo social, rutas, cloacas, educación pública, Papel Prensa, ley de medios, ciencia y tecnología, Bicentenario, energía nuclear, fábrica de aviones, Aerolíneas Argentinas, Sistema Solidario de Reparto Intergeneracional, matrimonio civil igualitario, Asignación Universal por Hijo, paritarias, movilidad, retenciones, cooperativas, dignidad, gestión, política… la lista es interminable.
Pero no aprendimos esas palabras por arte de magia, las aprendimos en siete años de esfuerzo, de valentía y de sacrificio. Confrontando y luchando contra todos los intereses conservadores, tanto políticos, económicos y mediáticos, que querían que se cambie poco. Lo necesario para que sus empresas obtengan rentabilidad pero sin redistribuir sus ganancias. Muchos de ellos hoy se alegran por la muerte del líder como si la muerte les fuera ajena. No se bancaron que el pinguino le haya puestos los puntos al mismísimo Bush, o que haya derogado las leyes de obediencia de vida y punto final. Todavía hierven de furia cuando recuerdan la órden que ese "montonero" le dio a Bendini para que baje los cuadros de Videla y Bignone. Ni que le haya dado la ESMA a las madres. Porque al pinguino nadie lo patotea.
Y es que algunos políticos prefieren vivir muchos años en la comodidad material y con la condena de la opinión pública antes que vivir pocos años para meterse eternamente en el corazón del pueblo. Que odio deben sentir cuando ven que el pueblo despide con tanto amor y agradecimiento a quién mejoró notablemente sus vidas con medidas concretas. A quien cuando asumió como Presidente en cambio de subordinarse a las corporaciones como era tradición en nuestro bendito país, tejió alianzas con los sindicatos y con las organizaciones sociales. Ellos nunca tendrán esa gloria. Vivirán sus días políticos mezquinamente, temiéndole al mito popular que arrastra multitudes y que ya no podrán tocar, luchando contra la leyenda que ya nunca podrán derrotar. La leyenda del estadista que supo construir política en la diversidad, que supo enamorar a miles de personas que no comulgaban con el peronismo pero que terminaron apoyando convencidos, su doctrina nacional y popular. Tanto es así que hasta mi viejo, radical por tradición, kirchnerista por elección, le preguntó a mi vieja dos días antes de morirse luego de discutir con un gorila en la vía pública, hace exactamente un año: ¿me estaré volviendo peronista?
Aquel desconocido del apellido difícil que ahora salía fácil fue tan genial que se las ingenió p
ara gobernar en favor de las mayorías, aunque sin olvidarse de las minorías. Por eso cada uno de los ciudadanos que lo despedían en su morada final tenía algo para agradecerle. Con lágrimas en los ojos. Con el fanatismo de aquel que sufrió el desprecio social y hoy se siente parte de un proyecto que lo incluye.Y yo nunca había visto a tantos ciudadanos haciendo horas de cola, hasta debajo de la lluvia, para agradecerle algo a un político.
Una clase extraña de político que hizo lo que había prometido que iba a hacer, sin engañar a nadie.
En lo personal, Néstor, quiero agradecerte por haberme enseñado tres palabras que me cambiaron la vida: participación, compromiso y militancia.
La militancia en especial me ha hecho confraternizar con compañeros de todas la edades con los que comparto el mismo modelo de nación y el mismo ideal por el que vos militante desde tu juventud. Por el que vos ofreciste tu corazón. Junto a ellos seremos leones custodiando a la Presidenta coraje que nos dejaste como guía. Esa mujer brillante que es toda orgullo, toda capacidad, toda convicción, toda amor. Por nosotros, herederos de los 30.000, y por nuestros hijos que mañana nos pedirán explicaciones por el país que les dejamos.
Ya podes emprender tu vuelo final, en paz. Con ese humor ingenuo que te caracterizaba. Con toda tu informalidad y alegría. Con tu falta de protocolo. Aquí abajo tu historia ya comenzó a escribirse, a contarse, a cantarse. Y al recordarte nos emocionaremos tanto como los viejos que hoy se siguen emocionando cuando cuentan la historia de Perón. Porque fuiste su más fiel heredero. El mejor Presidente de los últimos 50 años. El segundo de los únicos dos, que se atrevió a enfrentar a los poderosos para darle dignidad a los laburantes.

¡Y claro que estabas loco Néstor! Así el establishment estigmatiza a los revolucionarios, a los transformadores, a los que tienen la irreverencia de decirles que NO. Por eso la galería de los patriotas latinoamericanos en dónde fuimos a despedirte está enmarcada con “locos soñadores”. Locos que como vos, transformaron sueños en realidades.
Tu apellido que hoy sale muy fácil pronto formará parte de esa galería de locos, justos, libres y soberanos. Será el obsequio de un pueblo que te amó y que te amará para siempre.
Gracias por todo, loco soñador. ¡Gracias por todo, Néstor Carlos Kirchner!
¡Hasta la victoria siempre, compañero!

