Mostrando entradas con la etiqueta privatización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta privatización. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de junio de 2010

Esto Tampoco Nunca Más

Por Mariano Cittadino

A pesar del brutal daño que el modelo neoliberal ha hecho en nuestro país, algunos de sus representantes políticos como el multimillonario De Narváez, siguen ganando elecciones. En estos días se están conformando dos grupos políticos, diferenciados en apariencia, que no son más que los desechos del menemismo y de la Alianza. Por eso es necesario tener memoria para que algunos desmemoriados no SE vuelvan, ni no NOS vuelvan a perjudicar como país a la hora de votar.
El sistema neoliberal perfora los límites de un simple sistema económico para constituirse en un modelo ideológico cultural y político que tiene que ver con las teorías liberales, las cuales admiten la necesidad imperiosa de diferenciar al individuo por sus características raciales y clasistas.
Estos son sus lineamientos principales:

El Libre Mercado
El libre mercado es un instrumento clave para marcar aun más las diferencias de clases, naturales en el capitalismo. En un mercado libre, sin jueces ni árbitros, las asimetrías entre los actores débiles y los poderosos de la economía se profundizan más. Por eso han intentado hacernos creer la idea de que las ganancias del mercado gotearían hacia abajo para alcanzar a las masas trabajadoras. Pero esa enorme utopía nunca produjo esos efectos.
Estas diferencias serían más dramáticas en la relación comercial entre los países neoliberales centrales, “racialmente superiores”, y los periféricos, herederos de las “razas inferiores”. La eliminación de aranceles para la importación de productos extranjeros en los países periféricos provocó una gran asimetría frente al poderío industrial y financiero de los países centrales. Además las ventas de empresas de servicios públicos y la concesión para la explotación de recursos naturales, en casi todos los casos a precios devaluados, por parte de los Estados, produjo un gran vaciamiento en bienes y servicios.
Muchos empresarios de los países centrales instalaron sus empresas en países periféricos con el objetivo de reducir costos, empleando así mano de obra barata, o directamente esclava, con el objetivo de aumentar su rentabilidad. Estas nuevas formas de colonialismo transfieren las riquezas de los países periféricos hacia los centrales y, en su desprecio hacia las “razas inferiores” y, en virtud de las insaciables ansias de ganancia extraordinaria que tienen las corporaciones transnacionales, evaden impuestos y nunca realizan las inversiones exigidas en los contratos comerciales. Estas transacciones comerciales y esta falta de respeto hacia las normas y leyes de los países periféricos son posibles gracias a la desidia de gobiernos corruptos que permiten estos negociados perjudiciales para su país a cambio de grandes coimas.
En la década neoliberal se profundizó la diferencia en la distribución del ingreso de todos los países del mundo y más aún en la relación entre los países centrales y los países periféricos.

Individualismo
Esta teoría del libre mercado se contrapone con la de un sistema democrático de gobierno, aunque paradójicamente, los gurúes del neoliberalismo, tracen un paralelo entre la libertad de mercado y la democracia como si se tratara de una relación común e imprescindible para mejorar la calidad institucional del país.
En la libertad de mercado se destaca el rol del actor económico como un individuo en permanente competencia contra otros individuos. Alejado de las leyes y las normas “depredadoras” del Estado, detesta contribuir con sus impuestos a un sistema comunitario basado en la solidaridad, con lo cual lejos está de valorar a un sistema democrático, si entendemos que la democracia debe ser la herramienta fundamental para aspirar a la igualdad de oportunidades y a la equidad social.

Estado Mínimo
Otra clave esencial para el desarrollo de un Estado Neoliberal es la participación mínima del Estado. El Estado solo debe estar presente para asegurar el libre comercio, pero también para perjudicar la calidad de vida del común de la población transfiriendo las asignaciones de recursos en cultura, salud, educación y obra pública, al pago de la deuda externa.La reducción del gasto público y social para combatir el déficit fiscal -que genera el desbalance comercial entre exportación-importación- y la prohibición de emitir moneda para no generar inflación, atentaron directamente contra la protección que el Estado-Nación está obligado a brindar a sus ciudadanos.
La ausencia del Estado como regulador del mercado favorece a la formación de monopolios y oligopolios privados y a la desaparición de las PYMES y los pequeños comercios, concentrando la economía en unas pocas empresas.
En cambio el Estado está presente como guardián de la clase dominante para asegurar el respeto por la propiedad privada de los grandes terratenientes agropecuarios y de las corporaciones privadas jurídicamente protegidas por la ley.

Desregulación sindical
A principios de la década del setenta se produjo un estancamiento tecnológico que ocasionó una caída en las tasas de ganancia de las empresas. Esto obligó a los empresarios a invertir más capital para obtener un incremento en la producción. Por otro lado la OPEP, frente al apoyo occidental a Israel en la guerra de Yom Kippur, precipitó un brusco ascenso del precio del petróleo que desestabilizó totalmente la economía internacional. El precio del crudo se cuadruplicó en 1973, incluso los países árabes establecieron un embargo de petróleo contra los países que habían apoyado a Israel, como EE.UU. u Holanda.Sin embargo el establishment responsabilizó por la crisis a los sindicatos que, fortalecidos por las políticas desarrolladas por el Estado Benefactor keynesiano desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, consiguieron incrementos salariales superiores a los de la productividad.
Se inició así una etapa de alta inflación por exceso de demanda y escaso crecimiento. Los intentos de los Estados fracasaron porque apostaron a la expansión del gasto público pero esta crisis fue consecuencia de una insuficiencia en la oferta y no en la demanda como había ocurrido en la crisis del 30.
El resultado fue un colérico contraataque de los círculos de poder económico, que en defensa de su rentabilidad, avanzaron, mediante las normativas establecidas por el Consenso de Washington, sobre los ingresos salariales de los trabajadores y sobre la derogación de muchos de los derechos sindicales que éstos habían obtenido en el pasado mediante largas y sacrificadas luchas.
Estas derogaciones de derechos sindicales son conocidas como flexibilización laboral.

La economía sobre la política
La combinación de libre mercado, individualismo, Estado mínimo, e implementación de la ley de flexibilización laboral, se puede sintetizar como la victoria de la economía sobre la política.
En un sistema donde gobierna la economía es necesario que el núcleo de poder ya no esté representado por una clase política corrupta e ineficiente sino por tecnócratas expertos –si son empresarios exitosos mucho mejor- que, poseedores de un intelecto “superior”, son los únicos capaces de sacar al país de la crisis.
Día a día vemos desfilar en los medios a los ministros de economía de los gobiernos neoliberales, como los salvadores del ayer y los grandes opinólogos del hoy, a pesar de que todos ellos fracasaron con sus políticas y fracasan una y otra vez con sus predicciones.
El más famoso, desde ya, fue Domingo Cavallo, pero no olvidemos a personajes como López Murphy, Prat Gay, Broda, Melconián, González Fraga o Terragno

Inflación
El neoliberalismo necesita de un periodo previo de inflación alta porque el efecto que produce un proceso inflacionario es la pérdida adquisitiva del salario frente a la suba de precios. Este hecho produce el descontento y el reclamo de la sociedad.
Al atar el valor del peso al del dólar, que es una moneda mucho más estable y previsible, los actores económicos ganan en confianza para invertir. Así se sigue intentando engañar al pueblo. La realidad es que los empresarios invierten cuando su rentabilidad no va a ser afectada por la puja distributiva (paritarias, convenios colectivos de trabajo), que al generar demanda los obligue a entrar en una espiral de inversión. La gran síntesis del empresario neoliberal es ganar mucho invirtiendo poco.
Paradójicamente la eliminación en los aranceles aduaneros hará imposible la competencia con las empresas transnacionales más poderosas. Este hecho provocará el cierre de las industrias. Por otro lado para mantener la convertibilidad monetaria y para cubrir el déficit fiscal, el Estado deberá endeudarse con los organismos de crédito internacionales debido a que el Consenso de Washington prohíbe emitir moneda. Como el FMI exige a cambio de los préstamos fuertes ajustes en el gasto social (educación, salud, cultura), el asalariado no solamente se queda sin empleo sino también sin acceso a los derechos mínimos, tanto sindicales como sociales.
Por su parte el Estado queda desfinanciado y endeudado indefinidamente hasta que no pueda romper el círculo vicioso.

Despolitización
La despolitización es consecuencia de la "desculturización ciudadana". Para avanzar sobre el poder adquisitivo de los asalariados el poder neoliberal avanza primero sobre su intelectualidad. Vaciándolo de contenido, la penetración deconstructiva será más profunda. No es casual que al instalarse un sistema neoliberal una de las primeras herramientas que se busca atrapar, son los medios de comunicación. Si analizamos la evolución de los mismos en todos los países del mundo (desde los noventa hacia adelante en nuestro país), comprobaremos que los programas superficiales, sobre todo los que regalan dinero y premios materiales, han ocupado los lugares centrales que antes pertenecían a programas con contenido cultural. Por eso la escena política la han ganado en estos últimos años, empresarios, técnicos, economistas, artistas y deportistas, y se ha vuelto muy común que el obrero termine votando al candidato que proyecta a su propio patrón.
Hoy el resabio neoliberal privatizador que ha quedado en nuestro continente es liderado por los medios monopólicos de comunicación y por los empresarios que no dudan, en cuanta oportunidad se les presenta, en seguir desprestigiando a la clase política, generando la crispación de la clase media y la desideologización de la ciudadanía, preparando de esta manera un nuevo desembarco en el poder político de sus representantes.
Esa es la única explicación de que el pueblo arremeta solamente contra el poder político pero jamás contra el poder económico de sus patrones, que son los factores que más distorsionan una justa distribución de la riqueza.
Sin embargo desde la militancia política, que comenzó a tomar efervescencia después de la disputa por la ley 125, y de una sociedad que comienza a polarizarse, ya se empieza a sentir una brisa fresca.