viernes, 12 de noviembre de 2010

Inflación: un impuesto a los trabajadores

La oposición tiene la costumbre de responsabilizar al gobierno cuando se detecta algún crecimiento en los índices de la inflación. Entonces nos hablan de que la inflación está descontrolada. Nos dicen que el INDEC miente en las estadísticas y que las mediciones de las consultoras privadas en las cuales se basan sus cálculos son mucho más serias. Claro que ignoran, u ocultan intencionadamente a la opinión pública, que esas consultoras privadas no tienen la estructura que si tiene el INDEC para realizar los relevamientos de precios a nivel nacional, en forma más completa. Lo que si tienen son intereses y actúan corporativamente en función de ellos. Lo cierto es que cuando una economía se encuentra en etapa de crecimiento como la nuestra existen niveles aceptables de inflación (hasta un 10 por ciento). Esos niveles aceptables son naturales cuando el exceso de demanda provoca tensiones en los precios. Esas tensiones nunca pueden alcanzar el 20 por ciento de inflación, que es la frontera que separa un nivel de inflación medio con uno alto. Por eso la oposición cuando sale a denunciar que existe una flagrante inflación eleva los índices hasta un 25 o 30 por ciento. Lo que no explica la oposición es que la generación de inflación puede tener muchas causas: estructurales, por inercia, por exceso de demanda o por aumento de costos.

Inflación Estructural:
la inflación es estructural cuando en el mercado existen posiciones dominantes (monopolios u oligopolios). Claramente nuestra economía sufre inflación estructural desde que el menemismo permitió la compra de empresas del mismo rubro por gigantes del sector alimenticio. Así nos encontramos hoy con que una empresa maneja varias marcas y diferentes tipos de alimentos.
Lo mismo ocurre con los pools de siembra extranjeros exportadores de soja transgénica, a quienes Felipe Solá les abrió las puertas cuando era ministro de agricultura de Menem.
Como la soja transgénica debe producirse en escala para que sea rentable los productores de hasta 500has se ven obligados a arrendar o vender sus tierras. Además el paquete tecnológico necesario para producir soja transgénica no está al alcance de los pequeños chacareros por cuestiones de costo. Por eso todos los productores de soja transgénica son grandes. No existen ni pequeños ni medianos productores como nos quiso hacer creer el travestido Bussi.
El cultivo de soja transgénica avanzo en estos últimos años un 84,8 por ciento lo que produjo un retroceso de los demás productos agropecuarios y su encarecimiento.
Pero existen decenas de casos de monopolio en diferentes sectores. En el rubro textil solo han quedado dos productores de hilados de algodón y poliéster. Esto hace que las tejedurías que no tienen hilandería propia, suban las telas todos los meses y en consecuencia sube el precio de venta de la indumentaria.
En la industria audiovisual las empresas de televisión por cable son manejadas por Clarín mientras que la producción de papel para diario la manejan Clarín y La Nación.
También tenemos el caso de las telefónicas. El servicio está manejado solo por dos empresas que, como si fuera poco, son extranjeras.
Inflación Inercial: la inflación se produce por inercia cuando los empresarios suben los precios sin motivo. Es decir, cuando los empresarios suponen que se producirá una estampida de precios. Estas expectativas inflacionarias son fogoneadas por intereses económicos que buscan incrementar de esta manera sus ganancias.
También se deben a operaciones políticas-mediáticas. Cuando se denuncia desde los medios opositores que los precios están subiendo descontroladamente saben que están generando expectativas inflacionarias. Lejos de pretender solucionar el problema lo único que consiguen es un incremento en los precios y poner a un vasto sector de la clase media en contra del gobierno, como si este fuese el responsable del incremento de los precios.
Por exceso de demanda: cuando la economía va por el buen camino los trabajadores aumentan su capacidad de consumo y pasan a adquirir mayor cantidad de bienes y servicios. El aumento de la demanda provoca inevitablemente una suba de precios.
El remedio sería invertir más en la oferta de productos y satisfacer así la demanda, lo que haría bajar los precios. Sin embargo los empresarios siempre prefieren ganar más subiendo los precios y arriesgar menos produciendo poco.
Aumentos de costo: los empresarios esgrimen que deben subir los precios porque en las paritarias los sindicatos se exceden en reclamar aumentos pero olvidan que recién en el 2007 los salarios pudieron recuperar los niveles perdidos en el 2001. Curiosamente fue en ese año cuando la oposición mediática comenzó a hablar de inflación lo que provocó una disparada de precios y un nuevo retraso de los salarios.

Un gobierno es responsable de generar inflación cuando produce déficits fiscales (salen más recursos de los que entran) y para cubrir el desequilibrio recurre a sus reservas, emite dinero sin crecimiento, o financia el déficit colocando deuda. Es entonces cuando el término “impuesto inflacionario” está bien utilizado.
Eso fue lo que ocurrió en las gestiones que gobernaron a nuestro país desde 1976 hasta el año 2002, no en el actual gobierno que bate todos los records históricos en niveles acumulados de reserva y superávits fiscal.
La inflación es un arma política que utiliza la corporación opositora-mediática-judicial (el capital), en su puja distributiva con el gobierno (el trabajo). Por eso cuando la justicia le permitió subir los precios de los combustibles a Shell después de que Moreno había suspendido los aumentos, el monopolio Clarín tituló “Revés para Moreno en el precio de la nafta: la Justicia da la razón a Shell”. Y cuando las corporaciones evaden la regulación del Estado, como ocurrió en la oscura noche neoliberal, los únicos perjudicados somos los trabajadores.
Cuando el Estado interviene en el mercado para subir las retenciones a los grandes exportadores de alimentos y para controlar a los formadores de precios, al trabajador de clase baja y de clase media, le conviene apoyar las políticas del gobierno y no “cacerolear” en Barrio Norte junto a las clases dominantes para apoyar a las corporaciones.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Nuestro Refugio son las Calles

El homenaje realizado a Néstor Kirchner en el Congreso puso de relieve las características más crudas de muchos congresales de la oposición, tanto en la cámara de senadores como en la de diputados.

Pero antes de realizar cualquier análisis consultemos en el diccionario de la Real Academia Española el verdadero significado de la palabra “homenaje”: “Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo”

Cuando el sector oficialista propuso realizar una sesión especial para rendirle honores al compañero muerto, que fue nada menos su jefe político, ex intendente, ex gobernador, ex Presidente de la Nación, Presidente de la Unasur, Diputado Nacional y Presidente del PJ, el sector denominado “más duro de la oposición” intentó impedir que se le rinda el merecido homenaje. Cuando sectores del centro izquierda pusieron a prueba la humanidad de muchos de ellos firmando el dictamen de mayoría, le propusieron al oficialismo que se le hiciera a Kirchner un minuto de silencio a cambio de sesionar luego con los temas de la agenda del día.

Ya habíamos asistido, a horas del deceso, a la reacción violenta de la “gente” (la gente es una caricatura de lo que conocemos con el nombre de pueblo), que ante la muerte de nuestro líder, volvió a gritar “viva el cáncer” en cada bocinazo, en cada brindis con champagne, y en cada golpe de cacerola. Esas cacerolas malditas que solo se despiertan a la hora de expresar bronca y odio ¿Pero porque tanto odio contra los Kirchner? Porque representan aquello que Cooke definió alguna vez como “el hecho maldito del país burgués”. Néstor Kirchner gobernó al país y condujo a su partido con los verdaderos valores enseñados por quienes habían concentrado en el pasado todo el odio de la derecha más recalcitrante: Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón.

Ese odio es el mismo que bombardeó la Plaza de Mayo atestada de civiles. El mismo que proscribió al peronismo durante 18 años, que fusiló a nuestros compañeros y que hizo desaparecer a los 30.000 mejores militantes del campo popular. Con la llegada de la modernidad las formas fueron cambiando. Lo que no ha cambiado es el odio, el odio que siempre estuvo de un mismo lado y que no fue nada democrático.

Esa impronta peronista revolucionaria que vino a transformar las relaciones de fuerza en la Argentina, despertó la defensa corporativa de los poseedores del poder: la oligarquía, las clases dominantes, los dueños del discurso único. Los medios de comunicación monopólicos han sido muy eficientes a la hora de aplicar el doble comando desculturización-desinformación. Supieron sumar en la confusión a sectores de clase media baja, y porque no, también a sectores de las clases bajas. Un hecho impensado en la vieja disputa trabajo vs capital de hace sesenta años.

Los representantes políticos y mediáticos de esos sectores minoritarios reaccionaron rápidamente ante la muerte del líder ofreciéndole una tregua a la Presidenta, sugiriéndole un cambio de rumbo, y dejando que se responsabilice a quién fuera el amor de su vida de todos los males que supuestamente erosionaron la paz y la tranquilidad de nuestra sociedad. Pero la Presidenta coraje no es Cobos, y mucho menos podría serlo con quiera fuera su compañero de toda la vida ¡Lacras! ¿Como pudieron siquiera haberlo pensado?

Fracasado este vil intento pasaron al plan B de la operación. Algunos congresales decidieron que la nueva estrategia sería mostrarse consternados y reconocerle en muerte al líder lo que despreciaron en vida. Entonces intentaron endulzar nuestros oídos destacando el coraje, las convicciones, la recuperación de la política y la militancia de Néstor Kirchner, valores gracias a los cuales pudimos escapar de la noche neoliberal. Valores que son justamente los que ellos no poseen o eligieron no poseer. ¿Para que querrían recuperar la política Pinedo o Sanz o Stolbizer si se cansaron de criticar a los Kirchner por ser confrontativos? ¿Cuál es el sentido común que expresa la política si no apunta a mejorarles la vida a los ciudadanos en su totalidad, pero sobre todo a los sectores más desprotegidos?

Por eso casi al mismo tiempo volvieron a diferenciarse del ex Presidente con la misma cantinela de siempre. Llamaron al consenso, a respetar los valores republicanos, al diálogo, y lo acusaron en la misma sesión de su propio homenaje de aplicar a la política la lógica “amigo-enemigo” cuándo lo mínimo que se esperaba era que no crispen el clima de hondo pesar y dolor.

Kirchner fue perdiendo apoyo político o despertando el odio de una oposición suave en los inicios de su gobierno, a medida que se iba profundizando el modelo. Recuerdo que al principio lo criticaban por abrir demasiados frentes de batalla y lo que estaban en verdad tratando era de no ser los próximos en ver recortados sus privilegios personales. Así fueron quedando en el camino Duhalde con la derogación de los indultos; Prat Gay con el pago al FMI; Lavagna cuando quería enfriar la economía para combatir la inflación; los sojeros Reuteman y Solá cuando se intentaron subir las retenciones a la soja; Pino Lozano y De Genaro por orden del “amigazo” Bussi cuando se asoció a la Sociedad Rural, Alberto Fernández cuando se desenmascaró a Clarín, Redrado cuando no se quiso recortar el gasto social para pagar deuda y se desmitificó la autonomía del Banco Central. Otros, los “sanguchitos”, se corporizaron con los intereses económicos como lo hicieron siempre, como los menemistas Romero y Busti, como el traidor Cobos o como los defolteadores de San Luis. Ah y Das Neves…

Así terminó formándose el grupo A. Detrás de la figura de Néstor Kirchner. Diáfanos de propuestas quedaron sumergidos bajo su agenda, esperando sacar la cabeza para oponerse a la próxima reforma.

Del otro lado se abroqueló la construcción política transversal confeccionada por un haz del consenso y del diálogo: Néstor Carlos Kirchner. Su construcción política fue muy similar a la de su maestro Juan Domingo Perón. Por eso ambos procesos contaron con el apoyo político y la participación en la gestión de radicales, izquierdistas nacionales y comunistas que se encuadraron detrás de un proyecto de país que supera incluso a lo político para dejar profundas huellas en su aspecto más cultural.

Por eso la oposición no fue al Congreso para homenajear al “adversario” ni a reconocerlo como a un gran político. La historia no reconocerá ninguno de sus discursos como si ha reconocido el pronunciado por Balbín ante la muerte de Perón o, más recientemente, el reconocimiento a la figura política de Raúl Alfonsín hecho por Antonio Cafiero.

Tampoco el mensaje fue un intento de reconciliación con el oficialismo. Esos fueron, tan solo, dulces cantos de sirenas para confundirnos. Nos fueron a decir consensuemos, dejemos todo como está, NO TRANSFORMEMOS MÁS, construyamos la República de las Corporaciones. Sino el ataque será más feroz del que les hicimos hasta ahora.

Nunca olvidemos que el Che Guevara nos enseñó que en el imperialismo, no se puede confiar “ni un tantito así chiquito”.

Porque la derecha siempre está conspirando, más aún cuando los trabajadores avanzan en la construcción de un Estado verdaderamente democrático donde se gobierna en favor de las mayorías en cambio de limitarse sólo a garantizar la libertad de mercado o la libertad de expresión de los medios concentrados para que puedan seguir limitando la información y atentando contra la conciencia de clase del pueblo trabajador.

Y cuando más se convulsionan es cuando esas mayorías toman las calles para manifestarse. Porque si algo no soportan es el pueblo en la calle. Cuando lo hacen en señal de protesta reprimen salvajemente como en el 2001. Cuando lo hacen para celebrar una fiesta popular como ocurrió con el Bicentenario se quejan por el “caos de transito” y cuando lo hacen por amor, como en la masiva despedida en agradecimiento a Néstor Kirchner, la demonizan y la menosprecian.

En el homenaje a Néstor Kirchner solo el oficialismo y sus aliados le rindieron honores. El Grupo A mostró una vez más su falta de moral y su amplia disposición al odio confrontativo. Cuántas más muestras de amor exprese el vulgo; cuanto más felicidad sienta la plebe; más violenta será la respuesta de los poderes económicos y sus representantes políticos.

Pero mientras las calles sean nuestras los obligaremos a mantener ese odio contenido. Porque a pesar de lo que nos muestra la historia, otros son los tiempos y otras las formas.

Nuestro refugio son las calles. No las abandonemos.