s hablan de que la inflación está descontrolada. Nos dicen que el INDEC miente en las estadísticas y que las mediciones de las consultoras privadas en las cuales se basan sus cálculos son mucho más serias. Claro que ignoran, u ocultan intencionadamente a la opinión pública, que esas consultoras privadas no tienen la estructura que si tiene el INDEC para realizar los relevamientos de precios a nivel nacional, en forma más completa. Lo que si tienen son intereses y actúan corporativamente en función de ellos. Lo cierto es que cuando una economía se encuentra en etapa de crecimiento como la nuestra existen niveles aceptables de inflación (hasta un 10 por ciento). Esos niveles aceptables son naturales cuando el exceso de demanda provoca tensiones en los precios. Esas tensiones nunca pueden alcanzar el 20 por ciento de inflación, que es la frontera que separa un nivel de inflación medio con uno alto. Por eso la oposición cuando sale a denunciar que existe una flagrante inflación eleva los índices hasta un 25 o 30 por ciento. Lo que no explica la oposición es que la generación de inflación puede tener muchas causas: estructurales, por inercia, por exceso de demanda o por aumento de costos. Inflación Estructural: la inflación es estructural cuando en el mercado existen posiciones dominantes (monopolios u oligopolios). Claramente nuestra economía sufre inflación estructural desde que el menemismo permitió la compra de empresas del mismo rubro por gigantes del sector alimenticio. Así nos encontramos hoy con que una empresa maneja varias marcas y diferentes tipos de alimentos.
Lo mismo ocurre con los pools de siembra extranjeros exportadores de soja transgénica, a quienes Felipe Solá les abrió las puertas cuando era ministro de agricultura de Menem.
Como la soja transgénica debe producirse en escala para que sea rentable los productores de hasta 500has se ven obligados a arrendar o vender sus tierras. Además el paquete tecnológico necesario para producir soja transgénica no está al alcance de los pequeños chacareros por cuestiones de costo. Por eso todos los productores de soja transgénica son grandes. No existen ni pequeños ni medianos productores como nos quiso hacer creer el travestido Bussi.
El cultivo de soja transgénica avanzo en estos últimos años un 84,8 por ciento lo que produjo un retroceso de los demás productos agropecuarios y su encarecimiento.
Pero existen decenas de casos de monopolio en diferentes sectores. En el rubro textil solo han quedado dos productores de hilados de algodón y poliéster. Esto hace que las tejedurías que no tienen hilandería propia, suban las telas todos los meses y en consecuencia sube el precio de venta de la indumentaria.
En la industria audiovisual las empresas de televisión por cable son manejadas por Clarín mientras que la producción de papel para diario la manejan Clarín y La Nación.
También tenemos el caso de las telefónicas. El servicio está manejado solo por dos empresas que, como si fuera poco, son extranjeras.
Inflación Inercial: la inflación se produce por inercia cuando los empresarios suben los precios sin motivo. Es decir, cuando los empresarios suponen que se producirá una estampida de precios. Estas expectativas inflacionarias son fogoneadas por intereses económicos que buscan incrementar de esta manera sus ganancias.
También se deben a operaciones políticas-mediáticas. Cuando se denuncia desde los medios opositores que los precios están subiendo descontroladamente saben que están generando expectativas inflacionarias. Lejos de pretender solucionar el problema lo único que consiguen es un incremento en los precios y poner a un vasto sector de la clase media en contra del gobierno, como si este fuese el responsable del incremento de los precios.
Por exceso de demanda: cuando la economía va por el buen camino los trabajadores aumentan su capacidad de consumo y pasan a adquirir mayor cantidad de bienes y servicios. El aumento de la demanda provoca inevitablemente una suba de precios.
El remedio sería invertir más en la oferta de productos y satisfacer así la demanda, lo que haría bajar los precios. Sin embargo los empresarios siempre prefieren ganar más subiendo los precios y arriesgar menos produciendo poco.
Aumentos de costo: los empresarios esgrimen que deben subir los precios porque en las paritarias los sindicatos se exceden en reclamar aumentos pero olvidan que recién en el 2007 los salarios pudieron recuperar los niveles perdidos en el 2001. Curiosamente fue en ese año cuando la oposición mediática comenzó a hablar de inflación lo que provocó una disparada de precios y un nuevo retraso de los salarios.
Un gobierno es responsable de generar inflación cuando produce déficits fiscales (salen más recursos de los que entran) y para cubrir el desequilibrio recurre a sus reservas, emite dinero sin crecimiento, o financia el déficit colocando deuda. Es entonces cuando el término “impuesto inflacionario” está bien utilizado.
Eso fue lo que ocurrió en las gestiones que gobernaron a nuestro país desde 1976 hasta el año 2002, no en el actual gobierno que bate todos los records históricos en niveles acumulados de reserva y superávits fiscal.
La inflación es un arma política que utiliza la corporación opositora-mediática-judicial (el capital), en su puja distributiva con el gobierno (el trabajo). Por eso cuando la justicia le permitió subir los precios de los combustibles a Shell después de que Moreno había suspendido los aumentos, el monopolio Clarín tituló “Revés para Moreno en el precio de la nafta: la Justicia da la razón a Shell”. Y cuando las corporaciones evaden la regulación del Estado, como ocurrió en la oscura noche neoliberal, los únicos perjudicados somos los trabajadores.
Cuando el Estado interviene en el mercado para subir las retenciones a los grandes exportadores de alimentos y para controlar a los formadores de precios, al trabajador de clase baja y de clase media, le conviene apoyar las políticas del gobierno y no “cacerolear” en Barrio Norte junto a las clases dominantes para apoyar a las corporaciones.
