sábado, 6 de noviembre de 2010

Nuestro Refugio son las Calles

El homenaje realizado a Néstor Kirchner en el Congreso puso de relieve las características más crudas de muchos congresales de la oposición, tanto en la cámara de senadores como en la de diputados.

Pero antes de realizar cualquier análisis consultemos en el diccionario de la Real Academia Española el verdadero significado de la palabra “homenaje”: “Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo”

Cuando el sector oficialista propuso realizar una sesión especial para rendirle honores al compañero muerto, que fue nada menos su jefe político, ex intendente, ex gobernador, ex Presidente de la Nación, Presidente de la Unasur, Diputado Nacional y Presidente del PJ, el sector denominado “más duro de la oposición” intentó impedir que se le rinda el merecido homenaje. Cuando sectores del centro izquierda pusieron a prueba la humanidad de muchos de ellos firmando el dictamen de mayoría, le propusieron al oficialismo que se le hiciera a Kirchner un minuto de silencio a cambio de sesionar luego con los temas de la agenda del día.

Ya habíamos asistido, a horas del deceso, a la reacción violenta de la “gente” (la gente es una caricatura de lo que conocemos con el nombre de pueblo), que ante la muerte de nuestro líder, volvió a gritar “viva el cáncer” en cada bocinazo, en cada brindis con champagne, y en cada golpe de cacerola. Esas cacerolas malditas que solo se despiertan a la hora de expresar bronca y odio ¿Pero porque tanto odio contra los Kirchner? Porque representan aquello que Cooke definió alguna vez como “el hecho maldito del país burgués”. Néstor Kirchner gobernó al país y condujo a su partido con los verdaderos valores enseñados por quienes habían concentrado en el pasado todo el odio de la derecha más recalcitrante: Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón.

Ese odio es el mismo que bombardeó la Plaza de Mayo atestada de civiles. El mismo que proscribió al peronismo durante 18 años, que fusiló a nuestros compañeros y que hizo desaparecer a los 30.000 mejores militantes del campo popular. Con la llegada de la modernidad las formas fueron cambiando. Lo que no ha cambiado es el odio, el odio que siempre estuvo de un mismo lado y que no fue nada democrático.

Esa impronta peronista revolucionaria que vino a transformar las relaciones de fuerza en la Argentina, despertó la defensa corporativa de los poseedores del poder: la oligarquía, las clases dominantes, los dueños del discurso único. Los medios de comunicación monopólicos han sido muy eficientes a la hora de aplicar el doble comando desculturización-desinformación. Supieron sumar en la confusión a sectores de clase media baja, y porque no, también a sectores de las clases bajas. Un hecho impensado en la vieja disputa trabajo vs capital de hace sesenta años.

Los representantes políticos y mediáticos de esos sectores minoritarios reaccionaron rápidamente ante la muerte del líder ofreciéndole una tregua a la Presidenta, sugiriéndole un cambio de rumbo, y dejando que se responsabilice a quién fuera el amor de su vida de todos los males que supuestamente erosionaron la paz y la tranquilidad de nuestra sociedad. Pero la Presidenta coraje no es Cobos, y mucho menos podría serlo con quiera fuera su compañero de toda la vida ¡Lacras! ¿Como pudieron siquiera haberlo pensado?

Fracasado este vil intento pasaron al plan B de la operación. Algunos congresales decidieron que la nueva estrategia sería mostrarse consternados y reconocerle en muerte al líder lo que despreciaron en vida. Entonces intentaron endulzar nuestros oídos destacando el coraje, las convicciones, la recuperación de la política y la militancia de Néstor Kirchner, valores gracias a los cuales pudimos escapar de la noche neoliberal. Valores que son justamente los que ellos no poseen o eligieron no poseer. ¿Para que querrían recuperar la política Pinedo o Sanz o Stolbizer si se cansaron de criticar a los Kirchner por ser confrontativos? ¿Cuál es el sentido común que expresa la política si no apunta a mejorarles la vida a los ciudadanos en su totalidad, pero sobre todo a los sectores más desprotegidos?

Por eso casi al mismo tiempo volvieron a diferenciarse del ex Presidente con la misma cantinela de siempre. Llamaron al consenso, a respetar los valores republicanos, al diálogo, y lo acusaron en la misma sesión de su propio homenaje de aplicar a la política la lógica “amigo-enemigo” cuándo lo mínimo que se esperaba era que no crispen el clima de hondo pesar y dolor.

Kirchner fue perdiendo apoyo político o despertando el odio de una oposición suave en los inicios de su gobierno, a medida que se iba profundizando el modelo. Recuerdo que al principio lo criticaban por abrir demasiados frentes de batalla y lo que estaban en verdad tratando era de no ser los próximos en ver recortados sus privilegios personales. Así fueron quedando en el camino Duhalde con la derogación de los indultos; Prat Gay con el pago al FMI; Lavagna cuando quería enfriar la economía para combatir la inflación; los sojeros Reuteman y Solá cuando se intentaron subir las retenciones a la soja; Pino Lozano y De Genaro por orden del “amigazo” Bussi cuando se asoció a la Sociedad Rural, Alberto Fernández cuando se desenmascaró a Clarín, Redrado cuando no se quiso recortar el gasto social para pagar deuda y se desmitificó la autonomía del Banco Central. Otros, los “sanguchitos”, se corporizaron con los intereses económicos como lo hicieron siempre, como los menemistas Romero y Busti, como el traidor Cobos o como los defolteadores de San Luis. Ah y Das Neves…

Así terminó formándose el grupo A. Detrás de la figura de Néstor Kirchner. Diáfanos de propuestas quedaron sumergidos bajo su agenda, esperando sacar la cabeza para oponerse a la próxima reforma.

Del otro lado se abroqueló la construcción política transversal confeccionada por un haz del consenso y del diálogo: Néstor Carlos Kirchner. Su construcción política fue muy similar a la de su maestro Juan Domingo Perón. Por eso ambos procesos contaron con el apoyo político y la participación en la gestión de radicales, izquierdistas nacionales y comunistas que se encuadraron detrás de un proyecto de país que supera incluso a lo político para dejar profundas huellas en su aspecto más cultural.

Por eso la oposición no fue al Congreso para homenajear al “adversario” ni a reconocerlo como a un gran político. La historia no reconocerá ninguno de sus discursos como si ha reconocido el pronunciado por Balbín ante la muerte de Perón o, más recientemente, el reconocimiento a la figura política de Raúl Alfonsín hecho por Antonio Cafiero.

Tampoco el mensaje fue un intento de reconciliación con el oficialismo. Esos fueron, tan solo, dulces cantos de sirenas para confundirnos. Nos fueron a decir consensuemos, dejemos todo como está, NO TRANSFORMEMOS MÁS, construyamos la República de las Corporaciones. Sino el ataque será más feroz del que les hicimos hasta ahora.

Nunca olvidemos que el Che Guevara nos enseñó que en el imperialismo, no se puede confiar “ni un tantito así chiquito”.

Porque la derecha siempre está conspirando, más aún cuando los trabajadores avanzan en la construcción de un Estado verdaderamente democrático donde se gobierna en favor de las mayorías en cambio de limitarse sólo a garantizar la libertad de mercado o la libertad de expresión de los medios concentrados para que puedan seguir limitando la información y atentando contra la conciencia de clase del pueblo trabajador.

Y cuando más se convulsionan es cuando esas mayorías toman las calles para manifestarse. Porque si algo no soportan es el pueblo en la calle. Cuando lo hacen en señal de protesta reprimen salvajemente como en el 2001. Cuando lo hacen para celebrar una fiesta popular como ocurrió con el Bicentenario se quejan por el “caos de transito” y cuando lo hacen por amor, como en la masiva despedida en agradecimiento a Néstor Kirchner, la demonizan y la menosprecian.

En el homenaje a Néstor Kirchner solo el oficialismo y sus aliados le rindieron honores. El Grupo A mostró una vez más su falta de moral y su amplia disposición al odio confrontativo. Cuántas más muestras de amor exprese el vulgo; cuanto más felicidad sienta la plebe; más violenta será la respuesta de los poderes económicos y sus representantes políticos.

Pero mientras las calles sean nuestras los obligaremos a mantener ese odio contenido. Porque a pesar de lo que nos muestra la historia, otros son los tiempos y otras las formas.

Nuestro refugio son las calles. No las abandonemos.

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