El 17 de Enero del corriente año Sebastián Piñera se convirtió en el Presidente electo de Chile después de imponerse a Eduardo Frei, interrumpiendo veinte años de gobiernos de centro izquierda. Piñera ya había sido candidato a Presidente en el año 2005 cuando obtuvo en segunda vuelta el 46,5 por ciento de los votos. A pesar de que no le alcanzó para derrotar a Bachelet el resultado fue un claro indicador de que la derecha conservaba un buen caudal de votos propios, a los que se sumó la porción independiente del electorado. Por otro lado los obreros del salitre y los mineros del norte del país, decepcionados por la falta de cambios profundos, fugaron los votos por izquierda que históricamente habían aportado a la Concertación.
Justamente el gobierno de la concertación más discutido en ese sentido fue el del ex
Presidente Eduardo Frei quién, a pesar de su falta de carisma, fue proclamado como candidato a Presidente. Un candidato a Presidente por el centro izquierda que cuando tuvo la oportunidad de gobernar ni siquiera se molestó en recibir a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos que luchaban por la anulación del decreto ley de Amnistía de Pinochet.Por su parte, y siguiendo la moda de la figura del político-empresario que tan bien encarnan “Mauricio”
y “el colorado colombiano” en nuestro país, Piñera se mostró en la campaña electoral como un empresario humanizado al incluir en su programa de gobierno algunas banderas históricas de la izquierda. Sin embargo el principal accionista del Colo Colo –a pesar de ser hincha de la Universidad Católica- y de Lan Chile -empresa varias veces denunciada por sus empleados por recibir malos tratos- fue multado por infligir la Ley del Mercado de Valores y en los ochenta fue procesado por fraude, con orden de captura, permaneciendo 24 días prófugo de la justicia.A pesar de su exitosa carrera como empresario en la que recurrió incesantemente al oportun
ismo, a la especulación, y a la estafa, el defensor incasable de Pinochet, repitió una y otra vez ante el entramado mediáti
co fraguado por sus millones, las palabras “cambio” y “democracia”. Esa convivencia de la democracia chilena, tan aplaudida por todo el arco opositor nacional, se da en un marco de políticas públicas que viran desde una caritativa contención social hasta el culto permanente por el ajuste, las privatizaciones y por las relaciones carnales con Estados Unidos. De esta forma se asocia la palabra democracia con la libre expresión y la avenencia hacia el Estado de derecho liberal, donde se enaltece el respeto por la propiedad privada, pero se ignora que no puede haber democracia real sin democracia social.
ismo, a la especulación, y a la estafa, el defensor incasable de Pinochet, repitió una y otra vez ante el entramado mediáti
co fraguado por sus millones, las palabras “cambio” y “democracia”. Esa convivencia de la democracia chilena, tan aplaudida por todo el arco opositor nacional, se da en un marco de políticas públicas que viran desde una caritativa contención social hasta el culto permanente por el ajuste, las privatizaciones y por las relaciones carnales con Estados Unidos. De esta forma se asocia la palabra democracia con la libre expresión y la avenencia hacia el Estado de derecho liberal, donde se enaltece el respeto por la propiedad privada, pero se ignora que no puede haber democracia real sin democracia social. Piñera es el nuevo adalid de la derecha mas dura de Chile a pesar de haber mostrado en sus ocho años como senador una deficiencia típica de esta nueva generación de políticos empresarios. Y si bien es cierto que nuestras relaciones bilaterales con Chile están pasando por su mejor momento, la victoria de Piñera significa un retroceso para la región, y un avance para la nueva ofensiva de Estados Unidos y sus lacayos sobre “su” frondoso patio trasero.