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viernes, 18 de junio de 2010

Planificación del desarrollo local en relación a los proyectos nacionales

Por Mariano Cittadino

Partiendo de las experiencias de los noventa, nos encontramos con un Estado, cuya planificación de desarrollo de un proyecto nacional, estaba sustentada en los intereses de las corporaciones transnacionales. Llevada adelante por tecnócratas, esta planificación tuvo un carácter de exclusión social.
Esta situación, profundizada en la época de la Alianza, provocó que el Estado de derecho haya tenido un rol orientado a proteger al individuo y su propiedad privada, mientras que el colectivo social que protesta por la pérdida de sus derechos más básicos, merece como respuesta, una brutal represión, además de la condena ciudadana (clase media alta y oligarquía) por generar “caos” en el tránsito.

El rol del Estado en cuanto a la planificación del desarrollo de un proyecto nacional debe pasar por la política y la militancia social, y no por la economía liderada por tecnócratas, que podrán tener capacidad técnica, pero que carecen de la sensibilidad social y de la experiencia empírica para resolver los problemas reales de los sectores mas empobrecidos. La eficiencia del Estado no pasa exclusivamente por la rentabilidad sino que debe brindar servicio y asistencia social al total de su población.
El déficit de Aerolíneas Argentinas, empresa vaciada durante quince años, se produce por inversión y no por “gastos”. La mejor manera que tiene el Estado para combatir la pobreza es preservando las fuentes de trabajo. Invertir no es lo mismo que gastar, es capitalizarse.Es una lástima que a la hora de mirar la idiosincrasia de los países europeos lo hagamos en un sentido pueril copiando sus formas y costumbres, para sentirnos superiores al resto de los países de nuestra región, pero nunca debatamos sobre las políticas que implementaron para tener sociedades más equitativas. Si haríamos este análisis concluiríamos en que lo más viable para nuestro país es un Estado de Bienestar, sobre todo en estos días dónde las políticas de ajuste y de privatizaciones están haciendo desmoronar en Europa la equidad lograda en épocas anteriores.
Los proyectos de desarrollo nacionales deben tener un carácter colectivo que desconcentre la riqueza y que nos lleven a incluir a la mayor parte de nuestra población. Para tal proyecto se deben contar con los recursos necesarios que le permitan al Estado capacidad de maniobra y financiamiento, por eso es fundamental nacionalizar los recursos naturales, o bien tener un Estado asociado si no se poseen los recursos necesarios para desarrollar la explotación de dichos recursos, y una burguesía industrial productiva que reinvierta sus ganancias en el país para producir un efecto multiplicador de trabajo argentino, en consonancia con un sistema tributario progresivo que presione sobre los sectores que obtienen mayores ganancias para redistribuirlos al conjunto de la sociedad.
Lamentablemente en nuestro país la cultura de evadir impuestos forma parte de la “viveza criolla”, con lo cual esa práctica es aceptada por el común de la sociedad. Una sociedad que no comprende que ese dinero que evaden las grandes empresas termina en paraísos fiscales extranjeros cuando debería fortalecer un Estado, que con esos recursos devolvería el dinero a la población fomentado obras y generando trabajo, o bien invirtiendo en salud u obra pública.
En Europa, a contramano de las “costumbres fiscales” de nuestra sociedad, la presión fiscal sobre los contribuyentes más ricos es diez puntos superior a la de nuestro país, y quien no paga es penado por la ley con penas que incluyen hasta la cárcel.
Por todos estos motivos, para encontrar el ejemplo más progresivo de desarrollo de proyectos nacionales, debemos retroceder hasta la década del cuarenta cuando el primer gobierno del General Juan Perón presentó en 1946 el primer Plan Quinquenal.


Primer Plan Quinquenal
Las inversiones totales del primer Plan Quinquenal ascendieron a 6.662,7 millones de pesos y se apuntó, con metas y objetivos, a industrializar el país, a invertir en obra pública, a fomentar el consumo y crear un mercado interno. Los principios sustanciales de este plan eran dos: por un lado la justicia social que convertía al trabajador en un ciudadano digno, con derechos laborales y capacidad de consumo. Y por otro lado lograr la emancipación colonial de las potencias extranjeras nacionalizando empresas estratégicas e independizándonos de las finanzas foráneas. Todos estos objetivos pudieron cumplirse gracias a la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) que se encargaba de comercializar los productos agrícolas al extranjero y de abastecer con maquinaria y materia prima a los productores agropecuarios. Solamente en 1947 ganó más de 1.200 millones de pesos en la comercialización de las cosechas. Su función también era regular el mercado interno para que no se disparen los precios.
Perón buscaba de esta manera reemplazar con intervención del Estado el libre comercio por la colaboración y la cooperación entre el capital y el trabajo, adelantando las bases del sistema conocido hoy como “Socialismo del siglo 21”.

Segundo Plan Quinquenal
El primer gran problema que se le presentó a Perón fue la competencia de la primera potencia del mundo en el sector agropecuario dado que la economía norteamericana y la argentina no son complementarias. A este factor debe sumársele una terrible sequía que asoló a nuestros campos y la falta de patriotismo de la burguesía nacional para reinvertir sus ganancias en el circuito productivo lo que provocaba altos niveles de inflación por no poder satisfacerse la gran demanda producida debido a las mejoras salariales.
Por tales motivos las bases del segundo Plan Quinquenal de Perón se apoyaron en el aumento de las inversiones extranjeras, el intento de desarrollar la industria pesada, en el aumento del ahorro y de la oferta mediante un importante incremento de la producción. Además se intentó dar un fuerte impulso al sector agropecuario con promociones, créditos blandos y subsidios. Para contrarrestar los embates de las primeras potencias que se alarmaban por nuestro progreso como competencia comercial, Perón intentó reflotar el viejo sueño de Bolivar, San Martín y Artigas: “La Patria Grande”. El plan de crear un bloque comercial regional fue predecesor del Mercosur y tuvo, además, un gran sentido de solidaridad, dado que Perón pensaba en ayudar a los países más pequeños para que no existan asimetrías importantes entre los socios.

Primer Plan Trienal
En el tercer gobierno del General Perón (1974) nuestro país conoció el último plan, trienal en este caso. Salvando cuestiones coyunturales el núcleo de este plan era recuperar el terreno perdido desde el golpe del 55. El aumento de las exportaciones -se duplicarían para 1977- generaría la creación de un millón de nuevos empleos y nos daría margen para invertir en educación, salud y vivienda. El sueño de una industria nacional desarrollada aumentaría el consumo en un 34% y haría posible que la participación del asalariado alcanzara el 48% (tocando casi, la lograda en el primer gobierno de Perón de 50 y 50)
De esta manera el PBI llegaría en tres años a la cifra de 1.800 dólares por persona, superior incluso al de algunos países europeos.
Como si fuera poco el General ya nos hablaba de inversión en energías alternativas para el cuidado del medio ambiente

Lamentablemente en 1977 lo que nos esperaba era otro proyecto de país, el cuál para llevarlo adelante, necesitó el aniquilamiento de los 30.000 mejores cuadros políticos, delegados sindicales y dirigentes sociales, para aumentar la rentabilidad de las corporaciones extranjeras y deteriorar, en consecuencia, el salario de los trabajadores porque según el establishment, genera inflación. Nacía así el Consenso de Washington.


“Si es preciso en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la seguridad del país”(Jorge Rafael Videla, 23 de octubre de 1975)


Gracias a la complicidad de los grandes medios, el golpe militar fue visto por la sociedad como una solución para desterrar a una guerrilla que ya estaba vencida y no como una guerra contra el salario y contra quién se arriesgue defenderlo. Ante la luz de la historia puede ser entonces que esa transformación de la Argentina haya sido interpretada por nuestros militares dentro de una concepción existencialista nietzschana que señala que para crear una nueva sociedad formada por un superhombre, es necesaria la destrucción caótica del orden establecido. Algo así como la teoría del Caos que existe en todas las religiones, antiguas y modernas, cuyas cosmogonías nos cuentan que al principio de los tiempos, era todo caos y tinieblas.

Aunque nuestros militares fueron tan brutos que no creo hayan tenido noticias de que existió un filósofo llamado Nietzsche. Menos mal…