jueves, 14 de octubre de 2010

12 de Octubre: Día del Minero

Hace casi 30 años Sebastián Piñera era procesado por la justicia chilena por la quiebra fraudulenta del Banco de Tanca, del cual el actual Presidente de Chile era el gerente. Mientras se encontraba prófugo de la justicia, su hermano José Piñera, Ministro de Justicia de Pinochet, intercedía para que el juez lo desprocese. Sebastián Piñera fue un gran defensor de la dictadura y un empresario inescrupuloso.

Luis Urzúa, el minero número 33, es una víctima del gobierno militar chileno. Su padre está desaparecido desde los comienzos de la Dictadura de Pinochet, y su padrastro fue asesinado poco tiempo después por los mismos asesinos. Ambos eran dirigentes sindicales. Luis Urzúa es un simple obrero que nunca fue procesado.

A estos dos personajes de la nueva tira mediática nada los ha unido en el pasado ni los unirá en el futuro. Siempre tuvieron vidas totalmente asimétricas. Uno es un empresario exitoso devenido en Presidente de la Nación, que hizo su fortuna explotando brazos ajenos como el del minero número 33. Como jefe del Estado chileno una de las primeras medidas que tomó fue el despido de 700 empleados públicos a pesar de que en su campaña electoral prometía terminar con la pobreza y aumentar el gasto público. El minero número 33 arriesgó sus propios brazos para enriquecer a tipos como Piñera. Siempre trabajó de minero. Nunca será Presidente. Y es que en ese Chile tan admirado por el establishment argentino, un obrero no tiene posibilidad alguna de progresar, ni él, ni sus hijos, ni sus nietos.

Tanto se habla del milagro chileno, del crecimiento de su economía, del progreso de sus ciudades. Pero se oculta el bajo desarrollo productivo y el escaso valor agregado. Chile sigue dependiendo de las explotaciones mineras que matan lentamente a los obreros. Se dice que un minero difícilmente supere los cincuenta años de edad debido a los gases tóxicos que inhalan desde niños en las oscuras profundidades de las cavernas.

Por eso Chile es uno de los países de Sudamérica que tiene los peores índices de redistribución de la riqueza. La distancia entre el 20 por ciento más rico y el 20 por ciento más pobre de la población es de 14 veces. El Gini, indicador que mide la desigualdad, es de 0,56, lo que sitúa a Chile como uno de los países más desiguales de la región junto a Brasil y Paraguay.

Su economía atada al ALCA y a los tratados bilaterales de libre comercio quedó prisionera de la crisis financiera internacional. Hoy Chile es el único país de la región que aumentó sus niveles de pobreza (más del 15 por ciento) e indigencia (más del 5 por ciento)

El Presidente y el minero número 33, se estrecharon en un abrazo y cantaron juntos el himno chileno. Un rato antes el minero 33 le exigía al Presidente “que esto nunca más vuelva a ocurrir”. Frente a las cámaras Piñera se muestra sensible y afectivo. El marco mediático es un escenario ideal para su gobierno y para su futuro político. Pero cuando se apaguen las luces Piñera volverá a ser ese empresario fraudulento que permitirá a las mineras infringir todas las leyes laborales. Las mineras perforarán los suelos sin límites hasta llegar al mismísimo infierno si allí se encontraran las riquezas.

Mientras todos los televidentes se conmueven ante el falso abrazo del trabajo con el capital, seres despreciados por el sistema se debaten entre la vida y la muerte. No se trata de pobres obreros patriotas que trabajan a destajo para la corona sino de los sobrevivientes de la Guerra de la Araucanía. Aquellos que no pudieron exterminar ni los Roca, ni los Saavedra, ni los Pinochet. Se trata del pueblo Mapuche que surge una vez más de sus cenizas, como lo ha hecho tantas veces en la historia chilena, para cobrar visibilidad y reclamar por sus hermanos que están encarcelados desde los tiempos de Bachelet, bajo el cargo de terrorismo.

Para lograr notoriedad los treinta y ocho guerreros recluidos realizaron una huelga de hambre que duró casi noventa días sin obtener ninguna respuesta seria a sus reclamos. No se derogará la ley antiterrorista dictada por Pinochet que triplica la pena de delitos comunes, no se dará libertad a los mapuches detenidos por incendiar la propiedad de los terratenientes que ocupan sus tierras ancestrales, ni por supuesto, les serán devueltas.

De este lado de la cordillera la multinacional italiana Benetton sigue ocupando territorio Mapuche en Esquel, Chubut, pero esta noticia no despierta el interés de los medios de comunicación como tampoco lo despiertan los avances de multinacionales petroleras, mineras y exportadoras cerealeras sobre las tierras de los pueblos originarios.

Esas noticias no logran interesar al gran público. Es más noticia si un minero chileno tiene dos mujeres o si en las profundidades también se festeja el Bicentenario. No faltarán simulacros de planes disparatados de rescates o algún periodista imbécil metiéndose en una réplica soez de lo que será la jaula salvadora. El show, el escarnio, la afrenta, siempre están a la orden del día. El pobre minero atrapado será salvado porque el sistema necesita seguir explotándolo. Pero eso a nadie le importa. Se vende, se consume, pero no se condena la corrupción de la empresa que violó todas las normas que regulan la actividad minera.

El Mapuche no es pobre, el mapuche es un inadaptado social, es terrorista. Se mete con la propiedad privada, la incendia. Y no hay cosa peor para el terrateniente que los despojados de todo derecho humano, los despreciados de la historia por su condición inferior, vengan a interpelar su derecho divino a la posesión de los medios de producción.

Por eso a partir del 2011 en Chile el 12 de octubre ya no será más el día de la raza. Será el día del minero.

De todas maneras, no habrá nada que festejar.

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