as. Ejemplos hay muchos: Inglaterra 66, Holanda 74, Italia 82, Argentina 86. Pero desde entonces no se han visto dibujos tácticos novedosos. Y tal vez por eso será que muchos periodistas deportivos y ex jugadores devenidos en comentaristas nos has retrotraído veinticinco años en el tiempo para arrojarnos a la tan vieja y anacrónica discusión entre el fútbol de ataque y el fútbol de contraaque. El fútbol vistoso contra el fútbol especulativo. El fútbol lírico contra el resultadista. En fin, la vieja dicotomía Menotti vs. Bilardo
Y el disparador ha sido la final del último mundial protagonizada por dos grandes equipos: la selección de España y la selección de Holanda. Ambos equipos venían con credenciales suficientes como para ponerse el traje de candidatos. España había conquistado dos años antes la corona de Europa y Holanda se mantenía invicta desde las eliminatorias.
España en su recorrido hacia la final se había tropezado en su primer partido contra Suiza, equipo con nulo poder ofensivo pero con una sincronización defensiva, que por lo menos ese día, funcionó a la perfección. Neutralizada su poderosa maquinaria de ataque la talentosa España cedió ante el primer contragolpe. El candidato número uno caía en manos de los humildes helvéticos. Sin embargo se repuso del golpe y fue superando los partidos siguientes con mucha dificultad, ganando apenas por la mínima diferencia.
El otro finalista, Holanda, se ha valido de la fortaleza de un mediocampo que mete y juega, de un Esnaijder que no brilla pero entiende el juego como pocos, de un capitán con personalidad mayúscula como Van Bronckhorst, de un delantero desequilibrante como Robben y de un orden táctico y una prolijidad en el trato de la pelota característico del fútbol holandés. Así dejó en el camino a Brasil, el candidato de todos que por ser el equipo más equilibrado hasta el momento y por el peso de su propia historia parecía pasear cómodamente hacia el título. Luego de haber sido literalmente bailado en el primer tiempo, Holanda mostró en el segundo, lo que tal vez hayan sido sus armas mas destacables: la efectividad a la hora de capitalizar los errores del rival y la mentalidad para resurgir victorioso ante una situación adversa, cosa que le faltó a Brasil para seguir siendo el mejor equipo. Hasta aquí el mundial había sido para mi gusto el de mayor nivel desde Francia 98. Equipos con diferentes estilos se habían destacado en gran parte del campeonato cruzándose entre si en emocionantes finales: Uruguay, Alemania, Brasil, Ghana, Argentina, Chile, Paraguay.
En el mismo nivel la final del mundial de Sudáfrica fue un juego apasionante lleno de matices y de situaciones cambiantes. Pero según algunos analistas profesionales, el papel de Holanda fue casi una ofensa al “buen juego”, porque no le jugó de igual a igual a España y porque traicionó con su estrategia defensiva la tradición santa del fútbol holandés inaugurada por Johan Cruff en Alemania 74. Los sofistas del juego utópico se horrorizaban porque Holanda abusaba del juego brusco y no le permití
a a España desarrollar su juego. ¿Pero que esperaban? ¿Que Holanda se entregue mansamente a perder una final del mundo sin recurrir a todas las herramientas de las que disponía para evitarlo? Que se extralimitó con las patadas lo vimos todos, que tendría que haberse quedado con diez hombres desde el primer tiempo es algo que no resiste discusión alguna, pero exigir que un equipo renuncie a ganar el juego por ser sus integrantes menos talentosos que su rival solo puede ocurrírsele a quien no tenga hambre de gloria.
¿Que es legal y que es legítimo en la alta competencia?
¿Que es el futbol sino un juego que conjuga diferentes elementos que, reunidos en su totalidad, en los momentos necesarios y no en otros, convertirán a un gran equipo en el mejor de todos?
Esos elementos tan variados son los que hacen del fútbol el juego más hermoso del mundo. Porque deben combinarse talento, carácter, mentalidad ganadora, preparación física, inteligencia, sentido del oportunismo, efectividad, táctica, estrategia, buena lectura del rival y del partido.
Quién defina al fútbol como un juego donde el más talentoso se debe imponer al que lo es menos esta haciendo un análisis simplista y subjetivo.
Todos disfrutamos de una gambeta, de un caño, de una pared o de una definición de calidad. Todos nos llenamos los ojos con el talento de Xavi, Iniesta, Busquet, Fábregas y Cia., pero también nos emocionamos con un tipo que despliega lucha y trabajo “sucio” en el medio o quita una pelota en la puerta del área, en un mano a mano victorioso contra un delantero.
Y por eso fue tan linda la final, porque entre los dos equipos reunieron todos esos elementos y eso le ha dado al juego un dramatismo tal que no te permitía quitar los ojos de la TV ni por un segundo. Cualquiera pudo haber ganado, los dos tuvieron sus oportunidades, pero no solamente terminó ganando, en este caso, el más talentoso sino también el más efectivo, el que supo capitalizar las oportunidades más favorables y los errores del rival.
Así fueron jugadas las finales de todos los mundiales modernos, con mucha tensión, sin regalar nada, con dientes apretados y recurriendo a todas las herramientas que son provistas por el reglamento. Casi al límite.
Holanda no brilló en la final del 74, como lo hizo a lo largo del torneo, y se desmoronó ante una Alemania, que no carente de talento, expuso un mayor carácter en los momentos decisivos. Por eso Holanda no fue el campeón sin corona. Fue el subcampeón. El campeón fue Alemania. El mejor equipo de ese torneo por imponer con mayor fortaleza sus virtudes en los momentos adecuados.
El flaco Menotti, referente principal del juego bonito, fue reconocido por ser el primer seleccionador argentino que trabajó con pautas previamente establecidas durante cuatro años ininterrumpidos. Se decía (hace mucho no escucho esto) que el aporte de Menotti a los
seleccionados nacionales fue darle una seriedad de la que carecía nuestro fútbol. Fue el primer equipo argentino que no dio ventajas físicas ante los equipos europeos, ni tácticas-estratégicas. Por eso se dice que El Flaco cambió la mentalidad de nuestro fútbol que era hasta entonces uno de los más talentosos pero que cosechaba grandes fracasos en los mundiales por indisciplina, desorden y falta de sentido práctico. La selección del 78 tenía un sistema defensivo que caminaba al borde del reglamento. La aplicación de la ley del off side, del achique y del pressing asfixiante de mitad de cancha hacia adelante no ayudaba, precisamente, a que el rival tuviese libre albedrío para desarrollar su fase más talentosa. Este sistema fue copiado de la Holanda del 74, equipo conocido como la naranja mecánica, porque desplegaba un “fútbol total”, es decir, un fútbol equilibrado entre defensa y ataque. La presión como sistema de marca propone más contacto y requiere de una mejor preparación física. En consecuencia se potencia la violencia, se coarta la libertad para crear y el juego se vuelve más cortado. Aquel equipo de
Menotti tenía jugadores de gran talento pero también castigadores insensibles como Pasarrella, Gallego y Tarantini; volantes creativos pero que se sacrificaban como pocos, yendo, viniendo y tirándose al piso como el Pitón Ardiles y el GRAN Mario Alberto Kempes, pocas veces reconocido en su faz defensiva; y delanteros combativos que marcaban al lateral rival, cuando éste se proyectaba en ataque, hasta su propia área, como Bertoni y el Negro Ortiz (Housemann no volvía con su marca y por eso salió del once titular) Además de todo ese sacrificio y funcionamiento táctico casi perfecto, esa final fue ganada también gracias a una gran cuota de suerte y de eficacia a la hora de definir. También gracias a la especulación. Argentina hizo el primer gol y se metió atrás para salir de contraataque, golpeando, haciendo tiempo y simulando faltas inexistentes. Porque la final del 78 -al igual que el partido contra Brasil- fue un derroche de patadas y de golpes, con y sin pelota, tanto de un lado como del otro. Se jugó muy poco y se combatió mucho. ¿De dónde sacan los sofistas del fútbol que Holanda traicionó su estilo histórico en la final contra España por pegar dos patadas de más o por tratar de defenderse? Afirmar eso es desconocer la historia u olvidarla impunemente.
Volviendo a Sudáfrica 2010, hay que decir que España, además del infinito talento del que gozan sus jugadores de mitad de cancha hacia adelante, tiene un sistema defensivo muy aceitado llevado a tierras catalanas a finales de los ochentas justamente por Cruyff y que no es otra versión de aquel que utilizaba Holanda en el 74 y Argentina en el 78: presión en la salida del rival y achique de espacios hacia adelante. Y la posesión de la pelota, no es como se dijo, jugar “fulbito” sin arcos, es un sistema que cumple doble función, tanto ofensiva como defensiva. En su faz ofensiva el objetivo que se persigue es desgastar al rival y resquebrajar su sistema defensivo. Para llevarlo a cabo con eficacia, no se necesita solamente de buen pie sino también de una mentalidad superior a la del rival. Es en ese campo dónde se termina quebrando uno u otro. El que más aguanta sin recibir goles o sin hacerlos es el que quebrará al rival. En esta ocasión aguantó más quién mantuvo la posesión de la pelota. Y en su faz defensiva el objetivo es más obvio, mientras se tenga la pelota el rival no dispondrá de la misma para atacarnos. Además en estos sistemas se necesitan de jugadores súper concentrados, que no se distraigan cuando su propio equipo ataca porque en cuanto se pierde la pelota, sino se presiona inmediatamente al rival, se puede quedar muy mal parado ante equipos letales como Holanda o Alemania, especialistas en el contragolpe sumando mucha gente en ataque en cuestión de segundos. Toda esta maquinaria debe moverse en bloque al unísono con lo cuál si de algo requiere para ser implementada con éxito es de mucho trabajo.
Holanda tenía esa capacidad para recuperar la pelota pero no era esta vez quién poseía los jugadores más talentosos y por esa razón optó por un sistema defensivo que se adapta mejor a sus necesidades que ya le había dado buenos resultados contra Brasil. Achicar espacios hacia atrás, recuperar la p
elota con esos dos leones que tiene en el medio, De Jong y Van Bommel, dársela a Sneijder para que elija el mejor camino hacia el arco rival, y definir con el imparable Robben, jugador que invita a jugar de contraataque. Con este sistema también se pueden elaborar jugadas hermosas como por ejemplo la que le tapara extraordinariamente Casillas a Robben, en una jugada dónde se definió gran parte del partido en esa pulseada de mentalidades. Así como en el Mundial 2006 la pulseada psicológica se la gana Materazzi al mejor jugador del mundo hasta entonces: Zinedine Zidane. Porque Italia fue un campeón tan legítimo como España a pesar de no poseer el mismo talento individual, que hace a lo colectivo, más allá de hab
er tenido enormes jugadores como Pirlo, Del Piero o Totti. El carácter, la personalidad, la eficacia y la mentalidad ganadora hicieron de aquella Italia un gran equipo. Italia aquella vez ganó con sus propias armas así como España lo hizo en este último mundial con las suyas. Con la diferencia de que España es un campeón más equilibrado, y eso lo hace mucho más completo que aquella Italia pero no más o menos campeón. Y no me vengan con que Italia en el 2006 fue favorecida por los árbitros porque podríamos encontrar innumerables casos de campeones que también fueron favorecidos por el fallo de algún árbitro, sin ir más lejos “la mano de Dios”, que no empaña en absoluto la tarea cumplida por el Diego en el Mundial 86 o el merecimiento de Argentina a levantar esa copa. Y no hablemos del Mundial 78…
sistemas de juego más conservadores. Sin embargo sus armas defensivas fueron mucho más nobles que las de Menotti. Le propuso a los dos delanteros rivales una pulseada mano a mano con dos especialistas inig
ualables en la marca hombre a hombre como Ruggeri y Cucciuffo. Quitó un hombre de la defesensa para sumarlo al medio y tenía un infinito talento en la generación de fútbol con jugadores como Héctor Enrique y Jorge Luis Burruchaga. Además se dio el lujo de incluir en el plantel a dos de los mayores talentos que diera la historia del futbol argentino como lo fueron Bochini y Trobbiani, algo a lo que el flaco Menotti ni siquiera se animó, contrariando el deseo popular que rugía por ver en la selección al Bocha o al Beto Alonso con la diez y no a Valencia, menos técnico pero más dinámico (táctico).
Ya se que estarán pensando los sofistas del fútbol, que Bilardo lo tenía a Maradona en su punto culmine, relativizando el gran equipo que
tenía detrás y el gran trabajo que se llevó adelante durante tres meses. Es cierto, ese equipo, sin Maradona, no hubiese alcanzado el título, pero Maradona sin ese gran equipo apuntalándolo, tampoco hubiese levantado la copa. Porque el fútbol es un juego de equipo integrado por diferentes actores que deben cumplir un rol determinado, donde la solidaridad, dentro y fuera de la cancha, debe estar a la orden del día para que el conjunto obtenga buenos resultados. Y lo del grupo “está bien” no es ningún verso.
Por eso son incomprensibles las últimas opiniones vertidas por el flaco Menotti en el espacio que tiene en Yahoo, dónde relaciona a los cultores de lo que él entiende como “buen juego” con ideales de izquierda o progresistas, y a los que pregonan lo que él califica como “resultadistas” o “especuladores” con el capitalismo más salvaje e ideas de derecha. Porque si nos ponemos a intelectualizar todo como acostumbra el Flaco Menotti es menester decir que, así como él en algún cafecito coqueto de Bs. As. relaciona al fútbol ofensivo con el arte, la poesía y la libertad, y al fútbol de marca con lo sucio, feo y conservador, otros podemos opinar que la mirada que él tiene del fútbol es parcial y discriminatoria porque le resta valor al trabajo de los obreros del juego, que son los que se ponen el overol para sacrificarse por el equipo, mientras los talentosos se nutren de ese trabajo para llevarse la mayor parte de las ganancias. Por eso los conceptos que ha dispersado El Flaco pueden relacionarse, en términos políticos, con los ideales de los liberales utópicos, porque así como en la práctica del juego El Flaco ha capitulado a la hora de aferrarse a un resultado favorable, en política la izquierda liberal, siempre termina estableciendo alianzas con la derecha más recalcitrante en perjuicio del pueblo trabajador.
Pero como escribía más arriba, mezclar al fútbol con la política no tiene lógica.

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