sábado, 26 de junio de 2010

Siempre con Maxi y Darío

El 26 de junio de 2002, miles de trabajadores desocupados salían a las calles a exigir trabajo y el derecho a una vida digna. Pero el neoliberalismo salvaje, que durante los gobiernos de Carlos Saúl Menem y Fernando De la Rúa, ya se había cobrado varias víctimas con planes de ajuste y represión, durante el interinato de Duhalde, demostró el nivel de odio que las clases dominantes destilan contra el pueblo trabajador. Sobre todo contra sus dirigentes a quienes sigue identificando como piqueteros y no como dirigente sociales.



Un ex Presidente que dice ser peronista fue quién dio la orden para que el gatillo fácil del comisario Fanchiotti fusile a quemarropa a los dos compañeros y hiera a más de 30 con balas de plomo.
El objetivo político que desató la Masacre de Avellaneda fue desarticular al movimiento popular que había protagonizando jornadas históricas como las de diciembre del 2001.



El ex comisario Alfredo Fanchiotti y el ex cabo Alejandro Acosta fueron condenados a prisión perpetua. Los ex policías Carlos Quevedo, Félix Vega y Mario de La Fuente, fueron sentenciados a 4 años de prisión. Los ex agentes Lorenzo Colman y Gastón Sierra a 2 y 3 años de cárcel, respectivamente, todos bajo el cargo de "encubrimiento agravado".
En cuanto al único civil enjuiciado, el ex policía Celestino Robledo, fue sentenciado a diez meses de prisión en suspenso por usurpación de títulos y honores.



Sin embargo seguimos esperando que se haga justicia con los "padrinos" que dieron la órden:
El ex Presidente Eduardo Duhalde; el ex jefe de Gabinete Alfredo Atanasof; el ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires Felipe Solá; el ex ministro de Seguridad bonaerense Luis Genoud y el vicejefe de la SIDE, Oscar Rodríguez.


Como una burla de pésimo gusto muchos de estos personajes pugnan por llegar a la Presidencia de la Nación en las próximas elecciones. Pero a pesar de que se definen como "Peronismo Federal", la militancia los identifica con el nombre de "Peronismo Neoliberal o Menemista".

Eso es lo que fueron, y más allá del ropaje que utilicen, eso es lo que siempre serán.

miércoles, 23 de junio de 2010

Sobre Afiches Anónimos y Desaparecidos

Por Mariano Cittadino

Hace unos días se me ocurrió volver a revisar las fotografías de los rostros de nuestros compañeros desaparecidos durante la última dictadura militar.

Entonces refresqué mi conciencia al recordar que cada una de esas fotos, que aparecieron continuamente durante los últimos 33 años, aproximadamente, en marchas y manifestaciones, hablaban de historias de vida. De padres, hijos, hermanos; de latidos, sonrisas, amores, lágrimas, broncas, odios. De impotencias y de sufrimiento.

Será que uno se acostumbra al horror y termina naturalizando hasta los acontecimientos más espantosos. O será tal vez que a uno no le ha tocado vivir esa desgracia y por eso no puede terminar de percibir esa angustia que solo pueden sentir los que han pasado por situaciones similares, más aún sabiendo que esos seres queridos no han tenido, precisamente, muertes tranquilas, durmiendo, en familia y en sus camas, sino que habrán vivido horas desesperadas y situaciones de inmenso dolor y sometimiento.

No puedo imaginar el vacío de no tener si quiera un cuerpo inmóvil y gélido que te convenza, ante esa sensación de descreimiento inicial, de que TU ser querido esta realmente MUERTO. Porque eso es lo más difícil de aceptar. ¿No es esa una condena suficiente para los familiares de las víctimas, que además tienen que soportar los salvajes arrebatos de estos seres despreciables que todavía juegan al juego de los dos demonios apoyándose en la falsa idea de que hubo una guerra entre dos bandos y no la acción de un Estado todopoderoso contra un bando y contra la población civil desarmada, en una disparidad de condiciones surrealista?

Que terrible indignación se debe sentir al saber que los genocidas han vivido la mayor parte de sus vidas en libertad, anónimos de todo señalamiento y mezclados entre la gente común, como si solo fuesen un engranaje más de este sistema desmemoriado. Y no estamos hablando solo de los responsables de enarbolar las banderas de ese modelo de país que las mayorías asalariadas no queremos. Estamos hablando también de dirigentes políticos y de ex presidentes de la democracia que hablan con total desparpajo de “pacificar” al país o que cuestionan el número de desaparecidos.
Señora Graciela Fernández Meijide ¿A quien carajo le importa si los desaparecidos fueron 30.000, 10.000 o 5.000? ¿El sufrimiento de 1.000 familias vale menos que el de 30.000 por una cuestión meramente matemática? ¿Serían menos asesinos si variara el número de víctimas? Lo único que modificaría el número, señora, es que si en cambio de 30.000, los desaparecidos hubiesen sido 5.000, como usted asegura, tal vez entonces, su hijo estaría vivo.
¿De que pacificación habla este truhán ex presidente? ¿De la misma que desde su cargo de vicepresidente, primero, y presidente interino después, convertibilidad y pesificación asimétrica mediante, arrojó al 52 por ciento de nuestra población bajo la línea de la pobreza?. Al menos en eso son coherentes. Es verdad que les importan mucho las “formas”. Ellos no han asesinado a grandes sectores del pueblo trabajador con armas de fuego como los militares (salvo dos “pequeños excepciones” llamadas Maxi y Darío), sino con armas económicas de destrucción masiva.
Señor Duhalde, cacique del maniqueísmo, eso no es pacificar, eso es disciplinar.




Por otro lado el último episodio de las abultadas páginas que vinculan al grupo económico Clarín con la Dictadura traspasa toda regla moral conocida hasta nuestros días. El burdo mensaje grabado por los dos hijos de la Noble, de la Carrió y de “Todos Ellos”, es otra muestra de que siempre se puede descender un círculo más en el infierno sin importar siquiera a quién se pueda arrastrar en el tétrico viaje.

¿A alguien podrá engañar ese sketch preparado por los cerebros del poder económico? ¿A alguien podrá sensibilizar esa falsa faz sentimental denunciando persecuciones políticas y posibles atentados contra los voceros políticos del Monopolio?


No se escandalicen tanto por ese afiche que denuncia la alianza política que ustedes han establecido con los grupos económicos que sostuvieron todos los procesos que se apropiaron del Estado, de forma legal o no, para disciplinar a la clase asalariada. Porque después de todo, lo único que logra el afiche anónimo, es piantar votos y quedar prisionero de su estrategia victimizante.

En cambio, los señores periodistas que pertenecen a los grandes monopolios mediáticos, deberían escandalizarse por todos sus colegas desaparecidos durante la dictadura que siguen sin tener visibilidad histórica en los programas de los que ellos participan.


O por lo menos pronunciarse en contra de los escraches a funcionarios del gobierno o de los blogs destituyentes que circulan en internet dónde se publican mensajes de odio y de una agresividad extrema en contra de nuestro sentir y de nuestros representantes democráticos.

Tampoco veo declamaciones en contra del golpe institucional ocurrido en Honduras, dónde se han violado todas las reglas democráticas y constitucionales que ustedes dicen defender y dónde ya existen cientos de ciudadanos asesinados por las fuerzas militares que sostienen al gobierno ilegal de Porfidio Lobo.

Además, de surgir en nuestro país otro proceso realmente fascista, que ataque la libertad de prensa y no de empresa, no serían sus fotos las que aparecerían en los afiches de los nuevos desaparecidos sino las nuestras (las de “Todos Nosotros”)




































¡El Padre de la Democracia!

Por Mariano Cittadino

En el año 1983 llegó a la presidencia de la Nación el Dr. Raúl Alfonsín. Su gobierno heredó una de las crisis económicas y políticas más aciagas de nuestra historia, producto de la dictadura militar más sangrienta de las tantas sufridas por nuestro país. La dictadura de Videla le había arrancado la vida a 30.000 ciudadanos -en su mayoría militantes políticos, sociales y sindicalistas- y nos había dejado rendidos después de una guerra perdida que regó el campo de batalla con 649 muertos –hoy el número de soldados suicidados supera a las víctimas de la guerra-.

Paredón paredón... ¿Pare que?
El panorama económico no era mucho más alentador. Las políticas extranjerizantes y neoliberales de la dictadura habían elevado la deuda externa de 8 mil a 45 mil millones de dólares. El impresionante crecimiento de la deuda se debió a la transferencia de deudas millonarias desde las empresas privadas, nacionales y extranjeras, hacia el Estado, mientras que las empresas estatales habían sido vaciadas y endeudadas en cifras millonarias. Por su parte las políticas de desindustrialización llevadas adelante por la dictadura, favorecieron la importación de productos extranjeros y provocaron que varias fábricas tuvieran que cerrar sus puertas. En consecuencia el saldo de desocupación, record hasta ese momento, de la historia de nuestro país, trepó hasta el 7 por ciento y el salario real descendió a la mitad comparado con el promedio de la década del setenta, gracias a los altos niveles de inflación.
El Dr. Alfonsín, que había llegado al poder con un gran respaldo del voto popular (51 por ciento) y que tenía mayoría absoluta en la Cámara de diputados, orientó su gobierno hacia una social democracia, motivo por el cual sus primeras medidas en cuanto a lo político, apuntaron a la normalización de un Estado republicano, con una organización política de claro contenido democrático.Con esa intención modificó el Código de Justicia Militar y creó una confusa instancia a medio camino: Código de Justicia Militar en primera instancia y Código civil en la apelación. El poder ejecutivo promulgó los decretos 157 y 158 sobre el punto. Estos dos decretos permitieron el juzgamiento, tanto de los cabecillas de la guerrilla como de los integrantes de la junta militar.
Paralelamente, Alfonsín llevó adelante una serie de medidas de reestructuración de las Fuerzas Armadas por la que redujo el personal militar a más de la mitad, el presupuesto militar a casi un tercio, y suprimió el cargo de Comandante en jefe de cada una de las Fuerzas Armadas de acuerdo al mandato constitucional que sostiene que es el Presidente el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Además creó una fuerza especial antiterrorista dependiente del Ministerio del Interior. Todas estas medidas, que se hicieron con la intención de desactivar posibles resabios golpistas y para darle poder político y entidad jurídica al Estado democrático, produjeron un efecto de descontento en las Fuerzas Armadas, en dónde se empezaba a tornar visible un grupo de oficiales que presionaban al poder político y al generalato.
En 1984 estallaron diez bombas en Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, tipos de explosivos que solo podían conseguirse en destacamentos militares. Pero también surgían los primeros síntomas de fastidio entre los familiares de desaparecidos y organismos de derechos humanos porque, según lo prometido en la campaña electoral, no se iban a habilitar fueros especiales para juzgar a la dictadura sino que se los iba a someter a la justicia civil, “común a todos los argentinos”.
El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, tal como se previó, nunca juzgó a sus pares, tuvo que ser la Cámara Federal quién los juzgara, pero de acuerdo al reglamento militar. La Cámara Federal entró en escena para evitar una generalizada privación de justicia para con las víctimas.
Finalmente la presión y los alzamientos militares de ese grupo de oficiales, conocidos luego como “carapintadas” concluyó con la aprobación de las leyes de punto final y obediencia de vida, leyes que ordenaban finalizar los juicios a los delitos cometidos por la dictadura y redimir de responsabilidad a los oficiales y suboficiales que habían actuado bajo órdenes de un superior.
El 23 de Enero de 1989 surgía una nueva crisis política en el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín. Esta vez el levantamiento armado surgía desde un pequeño y trasnochado grupo guerrillero, comandado por el ex integrante del ERP Enrique Gorriarán Merlo, conocido como MTP (Movimientos Todos por la Patria), que copaba el Regimiento 3 de Infantería de La Tablada, para denunciar un presunto golpe militar organizado por una facción que respondía a los carapintadas asociados al sector político de la oposición: el peronismo.
La decisión que tomó el Presidente Alfonsín fue reprimir con las fuerzas del ejército, cuando el comisario de la Policía Federal Juan Ángel Pirker había declarado que en cuestión de horas y con tan solo gases lacrimógenos la policía podría haber desalojado el Regimiento sin mayores problemas.Sin embargo el ejército, dotado con 3600 efectivos, usó para reprimir cañones de gran potencia y bombas de fósforo (prohibidas por la convención de Ginebra). Además hubo fusilamientos, torturas, desapariciones y ejecuciones sumarias sobre militantes que ya se habían rendido.El porque el Dr. Alfonsín, quien es conocido hoy como el “padre de la democracia”, permitió semejante avasallamiento de los derechos humanos, solo puede explicarse en su falta de autoridad para manejar los asuntos militares.
El efecto que produjo el copamiento de La Tablada fue la firma del Presidente Alfonsín del decreto 327 y el envío al Congreso de la ley antiterrorista, cuya aprobación significó el regreso del espíritu de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Esos cuerpos normativos subordinan el funcionamiento institucional al arbitrio castrense, colocando bajo la gran lupa de la Inteligencia Militar a todos los ciudadanos.En consecuencia volvió a sobrevolar sobre la democracia una sensación de impunidad por una represión desmedida y abusiva de las fuerzas militares, miedo por el regreso de un país al que se pretendía encerrar en el pasado y el regreso del fantasma de la sospecha subversiva, sobre cada ciudadano de nuestra Nación.

Llega el Austral
En cuanto a lo económico, el ministro de economía Bernardo Grinspun, anunció un plan keynesiano para reactivar la economía frente a un mercado recesivo y deprimido.
Este plan fue llevado a la práctica mediante el control de precios, un incremento del gasto público y el aumento de los salarios entre un 6 y un 8 por ciento. Pero el aumento del presupuesto en el gasto público, que con la mejor intención se había diseñado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y para que aumente el consumo, no fue sostenido por el crecimiento del PBI (el país tenía déficit comercial y fiscal), sino mediante financiamiento con endeudamiento externo y emisión de moneda. Entonces, los efectos que produjeron estas medidas fueron graves desequilibrios macroeconómicos y un aumento insostenible de la demanda, que derivaron en una fuerte escalada de la inflación (30,5 por ciento) que superó el nivel de crecimiento de los salarios (22 por ciento).
Este fracaso de las políticas económicas provocó la renuncia del ministro de economía.
Ante este cuadro inflacionario y de aumento de deuda externa, Alfonsín nombra, en febrero de 1985, como nuevo ministro de economía al ortodoxo, Juan Vital Sourrouille, que contaba con el apoyo de los intereses extranjeros y nacionales.
El 22 de abril los principales grupos económicos imponían a Alfonsín en una reunión, lo que después anunciara el Presidente en la Plaza de Mayo ante una multitud que había acudido para defender la democracia: “la economía de guerra” contra el salario.
Seis de esos grupos están entre los 12 más dinámicos y son los mismos que incorporaron entre 1983 y 1987, 92 nuevas empresas que formaban parte del proyecto de promoción industrial por el cual el gobierno transfería recursos públicos a estas corporaciones, mediante subsidios estatales.Con el mandato de estas corporaciones, Sourrouille implementó el Plan Austral, que consistía en la creación de una nueva moneda cuyo valor equivalía a mil pesos. Se congelaron salarios y tarifas, se achico el gasto público, y el tipo de cambio fue fijado en 0,80 centavos de dólar.
Todas estas medidas fueron tomadas para contener la inflación y por consiguiente la pérdida nominal de los salarios.
En primera instancia, los efectos que produjeron estas medidas fueron: una reducción del déficit fiscal del 11% al 4% del PBI y una reducción de la inflación que bajó hasta el 1,9 por ciento. Pero a la larga el plan no pudo sostenerse debido a que no se podían alcanzan los equilibrios macroeconómicos. Los servicios de la deuda externa heredada imponían una carga insoportable sobre el presupuesto y el balance de pagos. Al no existir superávits primarios, las reservas para pagar la deuda no alcanzaban y el gobierno de Raúl Alfonsín tuvo que emitir nuevamente moneda sin respaldo. Esto terminó generando nuevos picos inflacionarios, nuevas pérdidas adquisitivas en el salario de los trabajadores y un fuerte aumento de precios.

El Plan Primavera
El nuevo Plan concebido por Alfonsín-Sourrouille, y negociado con la Unión Industrial Argentina (UIA) para contener la crisis económica, vio la luz en 1988 y fue bautizado como: Programa para la recuperación económica (más conocido por su apodo de Plan Primavera).
Este plan intentó controlar las variables económicas con ajustes más profundos que consistieron en el congelamiento general de precios, tarifas, salarios estatales y tipo de cambio. Como antesala a estas medidas Alfonsín había designado en 1987 a Rodolfo Terragno como Ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación, cargo desde el cual trató de impulsar una política de privatizaciones que no lograron llevarse adelante por la férrea oposición del Partido Justicialista (los mismos que años más tarde prácticamente regalarían a los intereses extranjeros toda la Nación). Terragno había propuesto privatizar parcialmente la empresa telefónica Entel mediante la entrada de Telefónica España en su capital y Aerolíneas Argentinas (empresa en la que la aerolínea escandinava SAS estaba interesada).
La misión principal en la toma de todas estas medidas neoliberales fueron para contener los grandes enemigos que fustigaron constantemente al gobierno del Dr. Alfonsín: la inflación y el déficit fiscal.Sin embargo la falta de confianza de los mercados, un caótico clima social y la presión de las corporaciones extranjeras por profundizar aún más en nuestro país las medidas neoliberales que gobernaban en ese entonces nuestro continente, hicieron que el efecto producido por el Plan Primavera haya sido totalmente contrario al motivo por el cual había sido implementado: la inflación llego al 387,7%, se desató una corrida cambiaria con una fuerte estampida del dólar y de los precios en general, las reservas del Banco Central sufrieron fuertes pérdidas y el Banco Mundial suspendió su apoyo.

Un Resultado Bien Radical
El Dr. Alfonsín había llegado al gobierno con un moderno plan de reforma política y con una idea progresiva de política económica, apoyada en las bases tradicionales del radicalismo: desarrollo de la industria nacional, mejora en la calidad de vida de la ciudadanía, y, fundamentalmente, el respeto por un sistema democrático pleno y una conducción ética de la cosa pública.
Su estrategia inicial fue enfrentar a los grupos económicos extranjeros, al principal partido de la oposición, el justicialismo, a la oligarquía agropecuaria, a los militares carapintadas que se oponían al juzgamiento de los dictadores y a los sindicatos. Todo al mismo tiempo. Consensuando sus políticas económicas, solamente, con la burguesía industrial nacional que, por tradición histórica, es el actor más deleznable de nuestro escenario político.
Sin embargo la inoperancia y la falta de decisión para transformar estructuralmente un país manejado por poderosos sectores de interés desactivaron rápidamente las ideas socialdemócratas del gobierno radical, para torcerle trágicamente el brazo.
En consecuencia los efectos que causaron las políticas del gobierno del Dr. Alfonsín después de seis años de gobierno fue el mantenimiento de un Estado sostenido sobre un conjunto de mecanismos emparentados con los sistemas neoliberales e instaurados en nuestro país por la dictadura militar: valorización financiera, apertura económica, promoción industrial y subsidios al sector privado.Sobre el final del gobierno de Alfonsín los precios subieron un 197% y las tarifas de los servicios públicos un 700%. La inflación en 1989 fue del 4.923,3%, y el dólar trepo hasta alcanzar los 1.950 australes, es decir hubo una devaluación del 8.000%, con la fabulosa transferencia de ingresos correspondientes, desde el sector público hacia el sector privado de capitales nacionales y transnacionales. La producción, medida por el PBI per cápita cayó un 15% y el ingreso de las personas un 38%, cayendo bajo la línea de la pobreza el record histórico de 47,3% de los argentinos.
Alfonsín entregó el gobierno seis meses antes de lo que correspondía, en medio de un caos social, con protestas casi diarias, huelgas y saqueos a supermercados.La transferencia de capital público hacia los intereses extranjeros ya había preparado el camino para el desguase final del Estado argentino.
A pesar de los esfuerzos mediáticos por lavar la cara de este histórico dirigente radical con la obvia misión de contraponerlo con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, esta es la verdadera historia del gobierno del “padre de la democracia”, la misma que muchos por estos días no quieren contar.

martes, 22 de junio de 2010

Piñera: La Derecha Buena Onda

Por Mariano Cittadino (para la revista Oveja Negra)

El 17 de Enero del corriente año Sebastián Piñera se convirtió en el Presidente electo de Chile después de imponerse a Eduardo Frei, interrumpiendo veinte años de gobiernos de centro izquierda. Piñera ya había sido candidato a Presidente en el año 2005 cuando obtuvo en segunda vuelta el 46,5 por ciento de los votos. A pesar de que no le alcanzó para derrotar a Bachelet el resultado fue un claro indicador de que la derecha conservaba un buen caudal de votos propios, a los que se sumó la porción independiente del electorado. Por otro lado los obreros del salitre y los mineros del norte del país, decepcionados por la falta de cambios profundos, fugaron los votos por izquierda que históricamente habían aportado a la Concertación.

Justamente el gobierno de la concertación más discutido en ese sentido fue el del ex Presidente Eduardo Frei quién, a pesar de su falta de carisma, fue proclamado como candidato a Presidente. Un candidato a Presidente por el centro izquierda que cuando tuvo la oportunidad de gobernar ni siquiera se molestó en recibir a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos que luchaban por la anulación del decreto ley de Amnistía de Pinochet.

Por su parte, y siguiendo la moda de la figura del político-empresario que tan bien encarnan “Mauricio” y “el colorado colombiano” en nuestro país, Piñera se mostró en la campaña electoral como un empresario humanizado al incluir en su programa de gobierno algunas banderas históricas de la izquierda. Sin embargo el principal accionista del Colo Colo –a pesar de ser hincha de la Universidad Católica- y de Lan Chile -empresa varias veces denunciada por sus empleados por recibir malos tratos- fue multado por infligir la Ley del Mercado de Valores y en los ochenta fue procesado por fraude, con orden de captura, permaneciendo 24 días prófugo de la justicia.

A pesar de su exitosa carrera como empresario en la que recurrió incesantemente al oportunismo, a la especulación, y a la estafa, el defensor incasable de Pinochet, repitió una y otra vez ante el entramado mediático fraguado por sus millones, las palabras “cambio” y “democracia”. Esa convivencia de la democracia chilena, tan aplaudida por todo el arco opositor nacional, se da en un marco de políticas públicas que viran desde una caritativa contención social hasta el culto permanente por el ajuste, las privatizaciones y por las relaciones carnales con Estados Unidos. De esta forma se asocia la palabra democracia con la libre expresión y la avenencia hacia el Estado de derecho liberal, donde se enaltece el respeto por la propiedad privada, pero se ignora que no puede haber democracia real sin democracia social.

Piñera es el nuevo adalid de la derecha mas dura de Chile a pesar de haber mostrado en sus ocho años como senador una deficiencia típica de esta nueva generación de políticos empresarios. Y si bien es cierto que nuestras relaciones bilaterales con Chile están pasando por su mejor momento, la victoria de Piñera significa un retroceso para la región, y un avance para la nueva ofensiva de Estados Unidos y sus lacayos sobre “su” frondoso patio trasero.

lunes, 21 de junio de 2010

El Triunfo de la Civilización (24 de marzo de 1976)

Por Mariano Cittadino (para la revista Oveja Negra)

Rivadavia y la ley de Enfiteusis; la República Unitaria, culta y europea; el General Roca y la campaña del desierto; Bartolomé Mitre y la guerra de la triple alianza; el pacto Roca-Runciman; el bombardeo de la Plaza de Mayo; Aramburu y los fusilamientos de J.L. Suarez; Onganía y la noche de los bastones largos; Sarmiento: “Civilización y Barbarie”.

24 de Marzo de 1976, mediante un golpe cívico-militar, el establishment internacional y el cipayismo nacional, se disponen a reorganizar al país civilizado. Con este cometido buscan eliminar a las barbáricas montoneras federales.

Porque es hora de ponerle un freno definitivo al avance descontrolado de los salarios de los trabajadores que perturban la impoluta rentabilidad de las grandes corporaciones.
Esos sindicatos insolentes, organizados por ese General populista y por “esa” mujer, hoy se encuentran infiltrados por esa zurda loca que trae ideas desestabilizadoras desde el exterior, y que nada tienen que ver con nuestra identidad occidental y cristiana, que con tanta eficiencia, se enseña en las Escuelas de las Américas.

Este disciplinamiento feroz es apoyado por gran parte de la clase media y alta, por acción u omisión; por los patrones de la Sociedad Rural, que empezaban a ser menos pecuarios y mas agros; y por los medios de comunicación, que se asociaban a la dictadura para concebir los primeros monopolios fraudulentos. En aquellos años no entregaban aún sus espacios a las voces de la reconciliación nacional, del consenso, y del diálogo. Tampoco a los teólogos de la teoría de los dos demonios, ni a los cultores de las formas republicanas.
Eran otros tiempos y otros los métodos periodísticos. La información se arrancaba con la tortura y la realidad se ocultaba con cinismo. Porque los 25 millones de argentinos, unidos por la misma bandera, jugaremos el mundial.

Nos explican que las industrias nacionales fabrican productos caros y de calidad mínima, y para desmoralizar a los obreros, se fomenta la competencia con productos extranjeros, que son mucho mejores y más baratos. Porque ellos si que saben hacer las cosas. Así que nos invaden con sus genialidades y nosotros, a cambio, cerramos nuestras fábricas y estatizamos sus deudas. Total, a la parte civilizada de nuestra nación le encanta ser colonia de un Imperio tan magnifico como el vuestro. Seguramente en el futuro, cuando la barbarie sea disciplinada y se desempolven las urnas, votaremos a los herederos de esos exitosos empresarios para que nos gobiernen. Así nos sentiremos un poco más europeos o norteamericanos. Porque esos si que son países en serio.

Ese país civilizado ignora a esas viejas que andan dando vueltas por la Pirámide de Mayo, con un pañuelo blanco sobre sus cabezas. Porque antes, esas madres, no eran las madres del dolor, eran locas que no supieron cuidar a sus hijos. Pero que sabe la civilización sobre plantar la semilla de la conciencia social. Solo sabe sobre torturas y violaciones; sobre robo de bebes y cadáveres dinamitados; sobre campos de concentración y vuelos de la muerte. Y se burla de la historia de esas 30.000 ausencias, que se atrevieron a luchar por el país de la barbarie, hasta el extremo de bailar con la muerte para conseguir un sueño: nuestro sueño.
Ahora es todo sufrimiento para esas madres. Angustia, palpitaciones, insomnio. Ese vacío infinito que provoca un féretro sin descanso y tantas flores sin sepulcro.

Esos especialistas en aplicar la picana eléctrica sobre genitales indefensos y en violar mujeres embarazadas, no tuvieron la misma valentía para defender a la patria. Fueron los bárbaros colimbas del interior los que sacrificaron sus vidas para que algunos represores puedan salvar las suyas. Debería volver la colimba, así esos menores delincuentes, a los que les robamos sus sueños e ilusiones, hacen algo por su país. Como en aquellos gloriosos días de la gesta de Malvinas.

Por todo esto, para la militancia, que lucha desde el oscuro margen de la barbarie, todos los días son 24 de marzo de 1976. Porque todos los días volvemos a bajar el cuadro de Videla. Porque todos los días pedimos juicio y castigo para los culpables. Porque todos los días luchamos por barbarizar este país civilizado.

Techint: una empresa argentina

Por Mariano Cittadino

El viernes 22 de Mayo del año 2009, el gobierno venezolano anunció la nacionalización de cinco empresas siderometalúrgicas. En tres de ellas (Matesi, Tavsa y Comsigua) tiene participaciones el grupo Techint, al igual que en Sidor, nacionalizada un tiempo atrás. El proceso de traspaso del control de Sidor en favor del Estado venezolano culminó con el pago de una indemnización de 1970 millones de dólares al grupo Techint, que con eso se dio por satisfecho. Pero para llegar a ese acuerdo, buscó primero poner al gobierno de Chávez en la piel del brutal expropiador.

Primero Abusan después lloran
Existía en Venezuela una situación monopólica y muchas de estas empresas aprovechaban para cometer todo tipo de abusos. La expropiación de Sidor se produjo en respuesta a una serie de denuncias que acusaban a la empresa de comprar el mineral de hierro a una empresa estatal, a precio subsidiado, y luego ofrecía el acero a precios exorbitantes al mercado interno. Si no se lo aceptaban en esas condiciones, lo vendía al exterior a sus propias filiales pero a precios menores a los anteriores. El caso de Tavsa era semejante. Recibía el acero para producir tubos para la industria petrolera exclusivamente de Sidor y le vendía una altísima proporción de su producción a PDVSA (estatal), logrando así fabulosas ganancias.
Aunque Venezuela es un país soberano, dirigido hoy por un gobierno varias veces plebiscitado, que tiene derecho a implementar las políticas que crea necesarias para desarrollar su propia economía, comenzaron a hacerse oír un coro de declaraciones contrarias a estas nacionalizaciones que buscaron aprovechar los momentos preelectorales que estaba atravesando por ese entonces nuestro país.
Algunos de los que mantuvieron esta posición crítica fueron las asociaciones argentinas de Distribuidores de Energía Eléctrica (Adeera), de Transportistas de Energía Eléctrica (Ateera) y de Generadores de Energía (Ageera). De ese modo se sumaron a las manifestaciones de rechazo que había realizado la Unión Industrial Argentina –que cuenta al Grupo Techint entre sus principales socios–, por la Asociación Empresaria Argentina (AEA), y las entidades financieras nucleadas en Adeba.

¿Intervención o no Intervención?
Los empresarios solicitaban al gobierno nacional gestiones ante su par venezolano en procura del resguardo de los derechos de Techint en el contexto de la política de estatizaciones que venía desarrollando la administración de Hugo Chávez y, desde la oposición, algunos políticos también se sumaban al discurso empresario, trazando además similitudes entre la política de Chávez y las del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
La ley de abastecimiento, que para el ex ministro de justicia de la Alianza Gil Lavedra evidencia una vocación intervencionista equiparable al socialismo del siglo XXI que propone Chávez, es la norma a través de la cual se les exige a las empresas que garanticen la normal provisión de bienes y servicios en el mercado para que los consumidores no deban afrontar aumentos de precios excesivos generados por prácticas especuladoras.
La UIA, intentó vetar el ingreso de Venezuela al Mercosur y, aprovechando el momento preelectoral, se puso a la cabeza de las acusaciones contra nuestro gobierno por no defender los intereses de las empresas nacionales, pero esta separación de criterios entre la UIA y el Gobierno Nacional comenzó en realidad cuando, con motivo de la devaluación del real brasileño frente al dólar, la UIA inició una campaña para que el gobierno devalúe nuestra moneda para así no perder competitividad en las exportaciones de las empresas, despreocupándose de la pérdida de valor adquisitivo del sector asalariado, de tomarse esta medida.
Las diferencias se acentuaron definitivamente cuando, con el objetivo de limitar la intervención del Estado en la economía, la UIA se manifestó en contra de la designación de directores y síndicos en empresas por parte de la ANSES, después de que el Estado recuperara las acciones que estaban en manos de las AFJP.
Sin embargo, a pesar de que la posición de la UIA parecía en un principio homogénea, se produjo dentro de sus fronteras un enfrentamiento interno entre dos sectores.

Burguesía Nacional vs. Neoliberalismo (el clásico de la derecha)
El sector del vicepresidente de la UIA, Cristiano Ratazzi, que con declaraciones como “se acabaron los tiempos de vivir con lo nuestro y de las prebendas”, se colocaba como uno de los pilares de la extranjerización de la economía y de la no intervención del Estado, al mejor estilo neoliberal, mientras el ex presidente Juan Carlos Lascurain intentaba realinear a la burguesía industrial hacia las políticas desarrolladas durante su presidencia. El error del empresario italiano, si lo hubo, fue dejar al desnudo la estrategia de la nueva conducción de la UIA y el nada casual reencuentro del Grupo de los 7 para celebrar la asunción de Héctor Méndez al frente de la central fabril.
Este bloque aglutina a centrales empresarias de la industria, la construcción, el comercio, la producción agropecuaria, la operatoria bursátil y el comercio exterior y sólo se reúne para enfrentarse al poder político cuando éste implementa políticas que tienden a redistribuir sus ingresos extraordinarios.
Gran animador de estas reuniones y aliado incondicional del sector interno de la UIA nostálgico de los noventa, la AEA, es una asociación empresaria, nacida en el año 2002, cuya característica principal es la participación personal de los titulares de las empresas más importantes del país en el análisis de políticas públicas de interés general. Los miembros de la Asociación dirigen empresas que, en conjunto, facturan 200.000 millones de pesos y exportan por 10.000 millones de dólares.
En un reciente documento, titulado “Movilizar las energías del sector privado, un aporte al diálogo entre todos los argentinos”, abundan ideas libremercadistas. Se trata de un intento de formulación de un proyecto de país enfocado en una corriente neoliberal dónde se destaca la teoría del derrame. El documento reclama la eliminación de todo control e intervención pública en los mercados y se inspira en el concepto del derecho a la propiedad privada sobre los patrimonios y sus frutos o ganancias, supone una hostilidad “de principios” respecto de la progresividad tributaria y de toda acción del Estado orientada a redistribuir ingresos.
La AEA con el sector “noventista” de la UIA, son los principales actores sociales que alientan cualquier tipo de tropelía para eliminar, no tanto a un modelo de “Estado interventor” sino a una administración del Estado que no gobierne de acuerdo a sus propias intereses. Sus posiciones dominantes constituyen monopolios y oligopolios que atentan contra la idea de un Estado democrático y benefactor que corrija las fallas naturales del capitalismo.

Techint: ¡Un orgullo nacional!
La argucia más notable de la que se ha valido este sector para defender las estatizaciones de las empresas de Techint en Venezuela fue que Techint es una empresa argentina y que el Estado argentino debía intervenir para limitar la intervención del Estado venezolano.
Afirmar que el grupo Techint es una empresa argentina es una falacia. Techint es un holding italiano con sedes legales en Luxemburgo y las Antillas Holandesas y con inversiones radicadas en los paraísos fiscales de Panamá, Bermudas y Cayman.
Este grupo, que pide que el Estado no regule el mercado pero le exige que intervenga cuando en países soberanos se afectan sus intereses, se benefició a costas del Estado cuando el presidente del Banco Central Domingo Cavallo estatizó las deudas privadas del holding pasándolas a manos del Estado en 1982.
Por otra parte en 1991, durante el gobierno del Presidente Carlos Menem, el Estado privatizó SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina) para vendérsela al grupo Techint a un precio muy inferior al real, su valor de venta era de 700 millones de dólares, pero se informó que fue vendida en 152,5 millones de dólares, a pagar 100 millones de dólares en efectivo; 40 millones con pagarés y: 12,5 millones en títulos de la deuda externa, dejando en la calle la friolera suma de alrededor de 8000 trabajadores.
Como si fuera poco, en el año 2002, durante el gobierno interino del Presidente Eduardo Duhalde, la pesificación asimétrica que perjudicó a los ahorristas, provocó una transferencia millonaria de recursos a los grupos económicos, a los bancos y a las grandes industrias, entre ellas Techint. Pero en el desarrollo de aquel episodio el holding no se quejó por la intervención del Estado.
Para terminar con esta breve reseña sobre el grupo, es menester recordar que Techint fue la primera empresa en declararse en default y en anunciar despidos masivos (2400 empleados) ante las amenazas del desembarco en nuestro país de la crisis internacional.
Un Socio Bolivariano
Sin embargo AEA y un sector de la UIA intercedieron y presionaron desproporcionadamente al gobierno para beneficiar a este holding y poner en situación incómoda las relaciones bilaterales con Venezuela que tiene su fundamento en que son dos economías netamente complementarias. Nuestra relación nos asegura recíprocamente la soberanía energética y alimentaria y la balanza comercial es netamente favorable a la Argentina porque compra materia prima y vende manufacturas con valor agregado.
Por otra parte el gobierno de Hugo Chávez le encargó a Enrique Martínez (titular del INTI) el diseño de proyectos industriales en distintos rubros, que son alimentados por proveedores argentinos. La iniciativa ya permitió que pymes de Buenos Aires, Rosario y Mendoza vendan al país bolivariano por más de 100 millones de dólares. Varias empresas están yendo a radicarse allí.
El INTI viene trabajando desde agosto de 2007 en varios convenios de cooperación técnica para el proyecto de las 200 fábricas socialistas del siglo XXI. El INTI se ocupa del diseño básico y de la asistencia técnica para la puesta en marcha de varias empresas controladas por el Estado venezolano. En 2009 ya arrancaron las primeras 21 empresas equipadas en un 95 por ciento por maquinaria argentina.
Para julio de este año está prevista la puesta en marcha de otras 51 empresas venezolanas abastecidas por compañías argentinas.
El Estado siempre estuvo, esta y estará en el centro de la escena política, depende de sus administradores de turno adosarle un perfil regulador para que en un sentido democrático y republicano, tienda a proteger, en todos los rincones del territorio, a las clases mas débiles o apunte a defender los intereses particulares de las grandes corporaciones, ya sean industriales, agropecuarias, financieras o mediáticas que han venido disciplinando a nuestra Nación desde el año 1975 con sus políticas de ajuste permanente contra el grueso de la ciudadanía.