miércoles, 23 de junio de 2010

Sobre Afiches Anónimos y Desaparecidos

Por Mariano Cittadino

Hace unos días se me ocurrió volver a revisar las fotografías de los rostros de nuestros compañeros desaparecidos durante la última dictadura militar.

Entonces refresqué mi conciencia al recordar que cada una de esas fotos, que aparecieron continuamente durante los últimos 33 años, aproximadamente, en marchas y manifestaciones, hablaban de historias de vida. De padres, hijos, hermanos; de latidos, sonrisas, amores, lágrimas, broncas, odios. De impotencias y de sufrimiento.

Será que uno se acostumbra al horror y termina naturalizando hasta los acontecimientos más espantosos. O será tal vez que a uno no le ha tocado vivir esa desgracia y por eso no puede terminar de percibir esa angustia que solo pueden sentir los que han pasado por situaciones similares, más aún sabiendo que esos seres queridos no han tenido, precisamente, muertes tranquilas, durmiendo, en familia y en sus camas, sino que habrán vivido horas desesperadas y situaciones de inmenso dolor y sometimiento.

No puedo imaginar el vacío de no tener si quiera un cuerpo inmóvil y gélido que te convenza, ante esa sensación de descreimiento inicial, de que TU ser querido esta realmente MUERTO. Porque eso es lo más difícil de aceptar. ¿No es esa una condena suficiente para los familiares de las víctimas, que además tienen que soportar los salvajes arrebatos de estos seres despreciables que todavía juegan al juego de los dos demonios apoyándose en la falsa idea de que hubo una guerra entre dos bandos y no la acción de un Estado todopoderoso contra un bando y contra la población civil desarmada, en una disparidad de condiciones surrealista?

Que terrible indignación se debe sentir al saber que los genocidas han vivido la mayor parte de sus vidas en libertad, anónimos de todo señalamiento y mezclados entre la gente común, como si solo fuesen un engranaje más de este sistema desmemoriado. Y no estamos hablando solo de los responsables de enarbolar las banderas de ese modelo de país que las mayorías asalariadas no queremos. Estamos hablando también de dirigentes políticos y de ex presidentes de la democracia que hablan con total desparpajo de “pacificar” al país o que cuestionan el número de desaparecidos.
Señora Graciela Fernández Meijide ¿A quien carajo le importa si los desaparecidos fueron 30.000, 10.000 o 5.000? ¿El sufrimiento de 1.000 familias vale menos que el de 30.000 por una cuestión meramente matemática? ¿Serían menos asesinos si variara el número de víctimas? Lo único que modificaría el número, señora, es que si en cambio de 30.000, los desaparecidos hubiesen sido 5.000, como usted asegura, tal vez entonces, su hijo estaría vivo.
¿De que pacificación habla este truhán ex presidente? ¿De la misma que desde su cargo de vicepresidente, primero, y presidente interino después, convertibilidad y pesificación asimétrica mediante, arrojó al 52 por ciento de nuestra población bajo la línea de la pobreza?. Al menos en eso son coherentes. Es verdad que les importan mucho las “formas”. Ellos no han asesinado a grandes sectores del pueblo trabajador con armas de fuego como los militares (salvo dos “pequeños excepciones” llamadas Maxi y Darío), sino con armas económicas de destrucción masiva.
Señor Duhalde, cacique del maniqueísmo, eso no es pacificar, eso es disciplinar.




Por otro lado el último episodio de las abultadas páginas que vinculan al grupo económico Clarín con la Dictadura traspasa toda regla moral conocida hasta nuestros días. El burdo mensaje grabado por los dos hijos de la Noble, de la Carrió y de “Todos Ellos”, es otra muestra de que siempre se puede descender un círculo más en el infierno sin importar siquiera a quién se pueda arrastrar en el tétrico viaje.

¿A alguien podrá engañar ese sketch preparado por los cerebros del poder económico? ¿A alguien podrá sensibilizar esa falsa faz sentimental denunciando persecuciones políticas y posibles atentados contra los voceros políticos del Monopolio?


No se escandalicen tanto por ese afiche que denuncia la alianza política que ustedes han establecido con los grupos económicos que sostuvieron todos los procesos que se apropiaron del Estado, de forma legal o no, para disciplinar a la clase asalariada. Porque después de todo, lo único que logra el afiche anónimo, es piantar votos y quedar prisionero de su estrategia victimizante.

En cambio, los señores periodistas que pertenecen a los grandes monopolios mediáticos, deberían escandalizarse por todos sus colegas desaparecidos durante la dictadura que siguen sin tener visibilidad histórica en los programas de los que ellos participan.


O por lo menos pronunciarse en contra de los escraches a funcionarios del gobierno o de los blogs destituyentes que circulan en internet dónde se publican mensajes de odio y de una agresividad extrema en contra de nuestro sentir y de nuestros representantes democráticos.

Tampoco veo declamaciones en contra del golpe institucional ocurrido en Honduras, dónde se han violado todas las reglas democráticas y constitucionales que ustedes dicen defender y dónde ya existen cientos de ciudadanos asesinados por las fuerzas militares que sostienen al gobierno ilegal de Porfidio Lobo.

Además, de surgir en nuestro país otro proceso realmente fascista, que ataque la libertad de prensa y no de empresa, no serían sus fotos las que aparecerían en los afiches de los nuevos desaparecidos sino las nuestras (las de “Todos Nosotros”)




































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