miércoles, 22 de diciembre de 2010

Del sueño de la Patria Grande a la pesadilla de Soldati

Los hechos acontecidos recientemente en el Parque Indoamericano ubicado en el barrio de Villa Soldati vuelven a poner en el candelero un debate que encuentra su origen en la misma colonización de América. A lo largo de la historia dos sectores contrapuestos han tenido diferentes miradas sobre las políticas que deberían implementarse en referencia al desarrollo regional, al derecho de la posesión de las tierras y a la inmigración. Estos dos sectores están hoy representados claramente por el Gobierno Nacional y por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En ambas gestiones pueden establecerse las líneas ideológicas históricas que han decidido seguir, tanto para el diagnóstico del conflicto habitacional de Soldati, como para su resolución.

No economizar sangre de gaucho
La visión político-ideológica de nuestros próceres, allá por los días de nuestra independencia, estaba centrada en dos ejes fundamentales: la construcción de la Patria Grande sudamericana y el desarrollo de un Estado democrático influenciado por las ideas republicanas de Jean-Jacques Rousseau. La patria grande era un proyecto de Estado-Nación, respetuoso de la diversidad cultural que tenían sus habitantes: españoles, criollos, indígenas y negros eran considerados en el mismo plano de igualdad y gozarían de los mismos derechos sociales.
Pero ese proyecto de Estado-Nación sería desbaratado por las oligarquías nativas de cada uno de los países de América del Sur. Basados en los principios liberales de la propiedad privada tenían, en consecuencia, un matiz profundamente individualista. Esa construcción que estaba en las antípodas del Continente-Nación pensado por Bolívar y San Martín hizo que cada uno de los Estados entraran en competencia entre si para obtener los favores comerciales de los grandes potencias del momento.
Argentina estaba destinada a ser proveedora de productos primarios para enriquecer a las oligarquías dueñas de las tierras y al mismo tiempo para fortalecer a economías industriales en expansión, que necesitaban de nuestros productos para alimentar a sus trabajadores.
Este sistema económico y social se repetiría en cada país de América del Sur, tanto en los productores de alimentos como en los extractores de minerales. A fines del siglo XIX este modelo de Estado parecía exitoso para las nacientes Naciones de América Latina. Las ciudades se modernizaban a imagen y semejanza de las grandes capitales de Europa. Sin embargo las condiciones de vida de las grandes mayorías rurales, luego fabriles, empeoraban rápidamente al caer bajo sistemas laborales capitalistas que eran cada vez más opresivos.
Estos dos conceptos de Estado-Nación contrapuestos serían magistralmente resumidos, aunque con matices, por Sarmiento, en su libro “Civilización o Barbarie”. Esos matices tienen que ver con que si bien Sarmiento despreciaba a los gauchos, a los indígenas, e incluso, a los pueblos europeos latinos, su visión del progreso no estaba emparentada con el sistema rural de exportaciones primarias sin valor agregado sino con el avance en nuestro país de sistemas industriales que se daban en países como Inglaterra. Este concepto de asociar el progreso con la Europa del norte y el atraso con los pueblos originarios y los gauchos, marcó una huella cultural tan profunda en nuestro pueblo, que todavía hoy sufrimos sus consecuencias.
La civilización, para el pensamiento unitario-liberal inaugurado por Rivadavia y profundizado por la generación del ochenta, por los Mitre y los Roca significa la consolidación de los vínculos culturales y comerciales con Europa (a partir de la primera Guerra Mundial se suma EEUU).
Pero esta idea de progreso beneficiaba solo a un pequeño sector de nuestra población mientras que a las grandes mayorías populares se las reprimía con el “orden” para que no cometan la osadía de reclamar mejores condiciones de vida solo reservadas a la clase aristocrática que despreciaba la cultura autóctona indígena y gaucha mientras enaltecía los valores de las razas anglosajonas y de la Europa nórdica como si se trataran de culturas superiores.

“…no trate de economizar sangre de gaucho. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes”. (Carta de Domingo Faustino Sarmiento a Bartolomé Mitre)

La Constitución del 49’
Luego de la primera Guerra Mundial y de la gran crisis capitalista del año 30, el modelo librecambista entra en crisis dando lugar al avance de los Estados de Bienestar en gran parte del mundo.
El proyecto de Estado-Nación basado en los valores latinoamericanistas y democráticos serían retomados en nuestro país recién en la década del cuarenta por el peronismo. En ese sentido el peronismo produce dos hechos insoslayables en la búsqueda de la soberanía política y la justicia social, tan ponderada en este proceso histórico: la inclusión social de las masas empobrecidas del interior históricamente expoliadas por las oligarquías terratenientes de los feudos provinciales y la creación del plan Nuevo ABC que consistía en la unión comercial, política y militar de Argentina, Brasil y Chile como punta de lanza para la regionalización de toda la América del Sur. De esta manera se podría hacerle frente a las presiones a las que nos sometían los países desarrollados que tenían visiones neocoloniales como Inglaterra, Francia o EEUU.

“La República Argentina sola, no tiene unidad económica; Brasil solo, no tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco tiene unidad económica; pero estos tres países unidos conforman quizá en el momento actual la unidad económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro, porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva. Estos son países reserva del mundo” (Juan Domingo Perón. Discurso en la Escuela Nacional de Guerra, Buenos Aires, 11 de noviembre de 1953)

El Estado liberal que intervenía en la vida político-económica del país solo para resguardar los intereses de la elite, sufriría su mayor golpe cuando la Constitución liberal del 53 era reemplazada en 1949 por la Constitución peronista. En ella, entre otros bastiones del liberalismo, se reemplazaba la idea de la propiedad privada como capital individual por la de la propiedad productiva puesta en función social:

Capítulo IV
La función social de la propiedad, el capital y la actividad económica

Art. 38 - La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo o intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva. La expropiación por causa de utilidad pública o interés general debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el artículo 4°. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invención o descubrimiento por el término que le acuerda la ley. La confiscación de bienes queda abolida para siempre de la legislación argentina. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones ni exigir auxilios de ninguna especie en tiempo de paz.

Art. 39 - El capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino.

En la Constitución del 49’ el peronismo se pronuncia claramente por la integración de una Patria Grande democrática y equitativa, en dónde la diversidad de razas que la componen debe gozar de las mismas oportunidades para alcanzar el bienestar general:

Art. 28 - La Nación Argentina no admite diferencias raciales, prerrogativas de sangre ni de nacimiento; no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La equidad y la proporcionalidad son las bases de los impuestos y de las cargas públicas.

Art.37 inciso III punto II: Derecho a la vivienda - El derecho a un albergue higiénico, con un mínimo de comodidades hogareñas es inherente a la condición humana.
Capítulo III
Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura


4. Derecho a condiciones dignas de trabajo - La consideración debida al ser humano, la importancia que el trabajo reviste como función social y el respeto recíproco entre los factores concurrentes de la producción, consagran el derecho de los individuos a exigir condiciones dignas y justas para el desarrollo de su actividad y la obligación de la sociedad de velar por la estricta observancia de los preceptos que las instituyen y reglamentan.

6. Derecho al bienestar - El derecho de los trabajadores al bienestar, cuya expresión mínima se concreta en la posibilidad de disponer de vivienda, indumentaria y alimentación adecuadas, de satisfacer sin angustias sus necesidades y las de su familia en forma que les permita trabajar con satisfacción, descansar libres de preocupaciones y gozar mesuradamente de expansiones espirituales y materiales, impone la necesidad social de elevar el nivel de vida y de trabajo con los recursos directos e indirectos que permita el desenvolvimiento económico.

Pero estos procesos políticos y sus planes de integración fueron combatidos tanto por las oligarquías internas de cada país como por las potencias extranjeras. Cárdenas tuvo que luchar contra el bloqueo inglés por haber nacionalizado el petróleo; Getulio Vargas contra la presión norteamericana a partir del fin de la Segunda guerra Mundial; y Jacobo Arbenz contra el Departamento de Estado Norteamericano que finalmente provocaría su caída. Por su parte el movimiento peronista fue salvajemente reprimido por las hordas civilizadoras internas asociadas a las externas, que a través de dictaduras militares y gobiernos civiles títeres intentaron destruirlo.

Del neoliberalismo en estado puro a la restauración popular
Mientras en Europa el Estado de Bienestar convertiría a naciones devastadas por la guerra en potencias industriales democráticas y equitativas, en nuestro continente el liberalismo destruiría lentamente a naciones en vías de serio desarrollo. El pico máximo de esta decadencia se daría entre los años 1976 y 2002, cuando la implementación del Estado neoliberal hizo renovar las tensiones con los países vecinos y destruyó el aparato productivo-sindical de nuestro país a sangre y fuego. Las mayorías populares eran condenadas al desempleo y a la flexibilización laboral. Lo público, lo popular era cosa de un pasado nostálgico que retrasaba el progreso de un país estancado en viejas disputas. Lo moderno era, una vez más, un Estado empresario-policíaco que volvía a poner en el centro de la escena el resguardo de la propiedad privada.
Después de haber tocado fondo en diciembre del 2001, Néstor Kirchner comenzó en el 2003 la tarea de restauración el sistema productivo nacional que el liberalismo había destruido a partir de la caída de Perón en 1956. Su proyecto de Nación volvía a hacer eje, como en la etapa liderada por el Gral. Perón, en la unidad de Sudamérica y en la inclusión social de los sectores más humildes. En ese sentido se implementó el programa Patria Grande por el cual todos los inmigrantes de países vecinos regularizaron su situación y actuaron como mano de obra sustituta de los oficios perdidos en el tsunami importador. Así bolivianos, peruanos y paraguayos se constituyeron en los pilares del crecimiento del rubro textil y de la construcción. Sin embargo patrones inescrupulosos que se resisten a perder sus privilegios los condenaron a ser trabajadores pobres y sin derechos. La figura del trabajador pobre es muy peligrosa, un trabajador que no tiene trabajo tiene la esperanza de que al conseguirlo pueda progresar, en cambio un trabajador pobre que trabaja en las condiciones más indignas durante varias horas al día, sin una retribución justa, siente que su sacrificio no vale la pena. Entonces pierde la fe en el trabajo como herramienta de progreso.
Además no es pobre solamente quién no tenga dinero en el bolsillo sino también aquel ciudadano que estructuralmente no goza de sus derechos más básicos: derecho a la salud, derecho a la educación, derecho a la vivienda.
El trabajador pobre está fielmente representado en los inmigrantes bolivianos, peruanos y paraguayos, que a pesar de tener trabajo en abundancia, sus salarios miserables, su condición de trabajadores informales y la imposibilidad de obtener garantías para alquilar inmuebles, los obliga a vivir en barrios humildes, hacinados en pequeñas piezas, por las cuales pagan alquileres usurarios. Porque para los pobres también rige la ley de la oferta y la demanda.
Este escenario histórico condicionado por la definición sarmientina de “Civilización y Barbarie” (la mayoría de los inmigrantes sudamericanos son claramente descendientes de los pueblos originarios) está hoy reflejado como nunca en la coyuntura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Mientras avanza a nivel nacional un proyecto de Estado-Nación de bienestar, equitativo y democrático, el niño Mauricio, representante cabal del Estado empresario que reino en los noventa, pretende regresar a las épocas neoliberales. Esa es la razón por la cual su gobierno subejecuta el presupuesto para planes de viviendas sociales y los vuelca al bacheo, al asfalto, y a una policía corrupta, para el beneplácito de un sector de la clase media y media baja porteña racista que se cree el cuento de que los trabajadores que emigran de países hermanos les vienen a quitar sus propios trabajos cuando prácticamente no hay argentinos que se sienten en una máquina de coser o levanten paredes. O crean que el pagar sus impuestos los coloca en un eslabón superior al inmigrante, como si los derechos no fueran fruto de necesidades. Tal vez ese sea el mecanismo que mejor los ayude a olvidar que una vez sus padres y sus abuelos fueron también inmigrantes o migrantes internos con necesidades que pudieron superar gracias a un Estado benefactor que los ayudó a salir de esa situación de desamparo en la cuál ellos también sufrieron discriminación. O tal vez sea que un descendiente de europeos merezca gozar de derechos diferentes que un descendiente de indígenas, concepto que se encuentra mucho más cerca de la patria sarmientina que de la sanmartiniana, o de la peronista.

“Es imprescindible que tomemos la dimensión histórica que la unión latinoamericana tendrá en el concierto de las naciones.Vemos como hoy un hechizo productivista nos ha conducido al saqueo de nuestros recursos para generar un absurdo tipo de desarrollo en los países poderosos.El hombre debe volver a encontrarse en su relación con la naturaleza. Debemos escuchar con atención el mensaje ancestral de nuestros hermanos pueblos originarios. Ellos aman la naturaleza. Para ellos la tierra es su madre, no un recurso.Debe ser Latinoamérica, por su tradición ancestral, su diversidad biológica y su identidad cultural, la que muestre al mundo la urgente necesidad de replantear la relación del ser humano con la naturaleza. Esa es la tarea que tenemos los latinoamericanos: unirnos para cambiar el mundo.Esta etapa histórica nos obliga a no perder la oportunidad.Lo que está en juego es la humanidad misma y el momento de emprender la tarea es ahora o nunca”. (Juan Domingo Perón)

“Vecinos vs Ocupas”
Sobre estas necesidades genuinas actuaron los punteros políticos del niño Mauricio que operan habitualmente en esos barrios humildes, para que las comunidades bolivianas y paraguayas, mezcladas con familias argentinas, tomen el Parque Indoamericano, con la falsa promesa de que recibirían títulos de propiedad. Esta contradicción PRO de abandonar el plan de viviendas sociales por un lado, para ofrecer tierras por el otro, pone al descubierto la clara intencionalidad política de la derecha macrista que, junto a los medios y al capo mafia de Duhalde, intentan construir la imagen de una Presidenta debilitada a causa de la muerte de su compañero, asociándola con la figura de Presidentes débiles que fueron desbordados por el reclamo social, como Isabelita, Alfonsín o De La Rúa.
Por eso el niño Mauricio acusa, lloriquea y finalmente exige que el Estado Nacional resuelva una problemática que es propia de la Ciudad pero que él se niega a resolver, no por falta de recursos, sino principalmente por su posición ideológica y un poco también por su ineptitud para gestionar la cosa pública.
Estas operaciones pretenden construir por la fuerza y no por los votos el proyecto de país que sueñan el niño Mauricio y el gran confabulador Eduardo Duhalde, quienes en las antípodas de esa visión integracionista, solidaria y democrática que tenían nuestros próceres, proponen cerrar nuestras fronteras para regresar a las relaciones carnales con EEUU y la represión ejemplificadora de grupos civiles armados para desalojar en forma violenta el Parque Indoamericano “ocupado” por inmigrantes indo-americanos (valga la redundancia) reinstaurando el estado policíaco represor que solo actúa para defender la propiedad privada.
Porque a pesar de la mirada sesgada de los monopolios colonizados de comunicación hay que decir que no hay enfrentamiento real entre dos grupos cuando los muertos están en un solo lado. Por lo tanto no hubo enfrentamiento de “vecinos” contra “ocupas” sino de patotas civiles armadas contra sectores de nuestra sociedad que ocupaban un parque en estado de abandono, para hacer visibles sus necesidades.
Esta práctica no es nueva para el niño Mauricio. Recordemos que tiene una causa abierta por la violencia que ejercía la UCEP en los cientos de desalojos compulsivos que ha tenido la Ciudad desde que la gobierna el niño Mauricio. No hay diferencias entre algunas acciones intemperantes del niño Mauricio con las realizadas por la Dictadura genocida o por la policía represora de Falcón o por las hordas salvajes comandadas por Roca en la campaña al supuesto “desierto”. Porque volviendo a la línea ideológica histórica, no caben dudas que tras esa visión sarmientina se esconde el verdadero Macri. Una visión totalmente alejada, no digamos de referentes latinoamericanos integracionistas más discutidos como el Che Guevara, Evita, Tupaj Katari, Solano López, José Martí o Salvador Allende (observemos como se puede consensuar un gran abanico de ideas, similares pero no idénticas, entre personajes que han vivido diferentes etapas históricas) sino de héroes de nuestra independencia como Bolívar, San Martín, Belgrano, O'Higgins o Artigas, a quienes nadie, ni el más trasnochado dirigente de la derecha, puede imaginar levantando muros en las fronteras para que no pasen los inmigrantes de países vecinos que sueñan con una vida mejor, o montados en sus caballos levantando sus espadas en el Parque Indoamericano contra ciudadanos de la Patria Grande a quienes ellos mismos los consideraban como hermanos.
Todos estos personajes conviven dignamente en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos que la Presidente Cristina Fernández de Kirchner mandó a construir en la Casa Rosada con motivo de los festejos del Bicentenario. Este hecho junto a la decisión de velar al ex Presidente y jefe político del kirchnerismo, Néstor Carlos Kirchner, en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos marcan a las claras cuál es la matriz ideológica del Gobierno Nacional en la que se basa para no reprimir las necesidades de nuestro pueblo latinoamericano sino para darles derechos.

El aluvión narco-zoológico
En el otro rincón del pensamiento latinoamericanista de nuestros próceres el discurso xenófobo del niño Mauricio, acusando a los trabajadores inmigrantes de narcos y de delincuentes, nos recuerdan frases racistas como las que vertió el diputado nacional por el radicalismo San Martino en 1947 para caracterizar al peronismo:

“El aluvión zoológico del 24 de febrero parece haber arrojado a algún diputado a su banca, para que desde ella maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos. Que siga maullando, que a mí no me molesta”

Lo único que potenció el niño Mauricio con sus vergonzosos dichos es la agresión que los inmigrantes bolivianos, peruanos y paraguayos están sufriendo hoy en toda la ciudad, incluso también dentro de los mismos barrios humildes, a manos de ciudadanos argentinos que sufren las mismas carencias sociales pero que por alguna razón se sienten mas cercanos a este intendente-empresario que tiene responsabilidad directa en que estos sectores se encuentren en esa situación de pobreza estructural.
Esta problemática, que por supuesto no es menor, no hace más que correr el verdadero eje del problema en la toma del parque Indoamericano, que no es solamente la falta de viviendas dignas para las clases más desposeídas sino también la inexistencia de créditos blandos para la vivienda y los abusos en los alquileres que sufren los inquilinos de clase media. De esta manera se opera para impedir que el reclamo justo por la construcción de planes de viviendas sociales y por una ley de alquileres que regule el mercado inmobiliario concentre en una sola voz a estos sectores. Mientras tanto el niño Mauricio sigue adelante con sus negocios inmobiliarios donde el capital se direcciona en función de beneficiar a los financistas y a los especuladores para seguir alimentando la burbuja inmobiliaria que eleva incesantemente los precios en los alquileres de las viviendas a un ritmo mucho más acelerado que el de los salarios.
Vivimos en un país que creció al ritmo de la inmigración y que necesita de inmigrantes para seguir desarrollándose, por eso es un contrasentido que Argentina sea un país racista. Después de todo la verdadera inmigración en Latinoamérica fue la producida por los europeos y sus víctimas fueron nuestros pueblos originarios. La conquista de América, fundamental para posibilitar el desarrollo industrial de países pre capitalistas europeos, dejo un saldo de setenta millones de seres humanos muertos, entre asesinatos, trabajos forzados y enfermedades que eran desconocidas en esta parte del mundo. Y aún hoy nuestros pueblos originarios siguen siendo atacados arbitrariamente por reclamar que les devuelvan las tierras que les vienen arrebatando desde la época de la conquista, como lo demuestran los impunes hechos acontecidos recientemente con la comunidad Quom en Formosa, en dónde un Estado represor, más parecido a la idea racista del niño Mauricio que a la integracionista de Cristina a pesar de que el gobernador Insfrán forme parte del kirchnerismo, volvió a asesinar a ciudadanos indefensos por reclamar el derecho a explotar la propiedad en forma colectiva con fines sociales, tal cual figura en la Constitución peronista de 1949. Porque la tierra es para el que la trabaja, no para que el que la ocupa con fines lucrativos.

“Cuando se cierra el camino de la reforma legal nace el derecho de los pueblos a una revolución legítima. La historia nos enseña que esta revolución legítima es siempre triunfante. No es la asonada ni el motín ni el cuartelazo; es la voz, la conciencia y la fuerza del pueblo oprimido que salta o rompe la valla que le oprime. No es la obra del egoísmo y de la maldad. La revolución en estos casos es legítima, precisamente porque derriba el egoísmo y la maldad. No cayeron éstos pulverizados el 4 de junio. Agazapados, aguardaron el momento propicio para recuperar las posiciones perdidas. Pero el pueblo, esta vez, el pueblo solo, supo enterrarlos definitivamente el 17 de octubre.”
(Discurso de Juan Domingo Perón, Asamblea Constituyente 27 de enero de 1949)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Inflación: un impuesto a los trabajadores

La oposición tiene la costumbre de responsabilizar al gobierno cuando se detecta algún crecimiento en los índices de la inflación. Entonces nos hablan de que la inflación está descontrolada. Nos dicen que el INDEC miente en las estadísticas y que las mediciones de las consultoras privadas en las cuales se basan sus cálculos son mucho más serias. Claro que ignoran, u ocultan intencionadamente a la opinión pública, que esas consultoras privadas no tienen la estructura que si tiene el INDEC para realizar los relevamientos de precios a nivel nacional, en forma más completa. Lo que si tienen son intereses y actúan corporativamente en función de ellos. Lo cierto es que cuando una economía se encuentra en etapa de crecimiento como la nuestra existen niveles aceptables de inflación (hasta un 10 por ciento). Esos niveles aceptables son naturales cuando el exceso de demanda provoca tensiones en los precios. Esas tensiones nunca pueden alcanzar el 20 por ciento de inflación, que es la frontera que separa un nivel de inflación medio con uno alto. Por eso la oposición cuando sale a denunciar que existe una flagrante inflación eleva los índices hasta un 25 o 30 por ciento. Lo que no explica la oposición es que la generación de inflación puede tener muchas causas: estructurales, por inercia, por exceso de demanda o por aumento de costos.

Inflación Estructural:
la inflación es estructural cuando en el mercado existen posiciones dominantes (monopolios u oligopolios). Claramente nuestra economía sufre inflación estructural desde que el menemismo permitió la compra de empresas del mismo rubro por gigantes del sector alimenticio. Así nos encontramos hoy con que una empresa maneja varias marcas y diferentes tipos de alimentos.
Lo mismo ocurre con los pools de siembra extranjeros exportadores de soja transgénica, a quienes Felipe Solá les abrió las puertas cuando era ministro de agricultura de Menem.
Como la soja transgénica debe producirse en escala para que sea rentable los productores de hasta 500has se ven obligados a arrendar o vender sus tierras. Además el paquete tecnológico necesario para producir soja transgénica no está al alcance de los pequeños chacareros por cuestiones de costo. Por eso todos los productores de soja transgénica son grandes. No existen ni pequeños ni medianos productores como nos quiso hacer creer el travestido Bussi.
El cultivo de soja transgénica avanzo en estos últimos años un 84,8 por ciento lo que produjo un retroceso de los demás productos agropecuarios y su encarecimiento.
Pero existen decenas de casos de monopolio en diferentes sectores. En el rubro textil solo han quedado dos productores de hilados de algodón y poliéster. Esto hace que las tejedurías que no tienen hilandería propia, suban las telas todos los meses y en consecuencia sube el precio de venta de la indumentaria.
En la industria audiovisual las empresas de televisión por cable son manejadas por Clarín mientras que la producción de papel para diario la manejan Clarín y La Nación.
También tenemos el caso de las telefónicas. El servicio está manejado solo por dos empresas que, como si fuera poco, son extranjeras.
Inflación Inercial: la inflación se produce por inercia cuando los empresarios suben los precios sin motivo. Es decir, cuando los empresarios suponen que se producirá una estampida de precios. Estas expectativas inflacionarias son fogoneadas por intereses económicos que buscan incrementar de esta manera sus ganancias.
También se deben a operaciones políticas-mediáticas. Cuando se denuncia desde los medios opositores que los precios están subiendo descontroladamente saben que están generando expectativas inflacionarias. Lejos de pretender solucionar el problema lo único que consiguen es un incremento en los precios y poner a un vasto sector de la clase media en contra del gobierno, como si este fuese el responsable del incremento de los precios.
Por exceso de demanda: cuando la economía va por el buen camino los trabajadores aumentan su capacidad de consumo y pasan a adquirir mayor cantidad de bienes y servicios. El aumento de la demanda provoca inevitablemente una suba de precios.
El remedio sería invertir más en la oferta de productos y satisfacer así la demanda, lo que haría bajar los precios. Sin embargo los empresarios siempre prefieren ganar más subiendo los precios y arriesgar menos produciendo poco.
Aumentos de costo: los empresarios esgrimen que deben subir los precios porque en las paritarias los sindicatos se exceden en reclamar aumentos pero olvidan que recién en el 2007 los salarios pudieron recuperar los niveles perdidos en el 2001. Curiosamente fue en ese año cuando la oposición mediática comenzó a hablar de inflación lo que provocó una disparada de precios y un nuevo retraso de los salarios.

Un gobierno es responsable de generar inflación cuando produce déficits fiscales (salen más recursos de los que entran) y para cubrir el desequilibrio recurre a sus reservas, emite dinero sin crecimiento, o financia el déficit colocando deuda. Es entonces cuando el término “impuesto inflacionario” está bien utilizado.
Eso fue lo que ocurrió en las gestiones que gobernaron a nuestro país desde 1976 hasta el año 2002, no en el actual gobierno que bate todos los records históricos en niveles acumulados de reserva y superávits fiscal.
La inflación es un arma política que utiliza la corporación opositora-mediática-judicial (el capital), en su puja distributiva con el gobierno (el trabajo). Por eso cuando la justicia le permitió subir los precios de los combustibles a Shell después de que Moreno había suspendido los aumentos, el monopolio Clarín tituló “Revés para Moreno en el precio de la nafta: la Justicia da la razón a Shell”. Y cuando las corporaciones evaden la regulación del Estado, como ocurrió en la oscura noche neoliberal, los únicos perjudicados somos los trabajadores.
Cuando el Estado interviene en el mercado para subir las retenciones a los grandes exportadores de alimentos y para controlar a los formadores de precios, al trabajador de clase baja y de clase media, le conviene apoyar las políticas del gobierno y no “cacerolear” en Barrio Norte junto a las clases dominantes para apoyar a las corporaciones.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Nuestro Refugio son las Calles

El homenaje realizado a Néstor Kirchner en el Congreso puso de relieve las características más crudas de muchos congresales de la oposición, tanto en la cámara de senadores como en la de diputados.

Pero antes de realizar cualquier análisis consultemos en el diccionario de la Real Academia Española el verdadero significado de la palabra “homenaje”: “Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo”

Cuando el sector oficialista propuso realizar una sesión especial para rendirle honores al compañero muerto, que fue nada menos su jefe político, ex intendente, ex gobernador, ex Presidente de la Nación, Presidente de la Unasur, Diputado Nacional y Presidente del PJ, el sector denominado “más duro de la oposición” intentó impedir que se le rinda el merecido homenaje. Cuando sectores del centro izquierda pusieron a prueba la humanidad de muchos de ellos firmando el dictamen de mayoría, le propusieron al oficialismo que se le hiciera a Kirchner un minuto de silencio a cambio de sesionar luego con los temas de la agenda del día.

Ya habíamos asistido, a horas del deceso, a la reacción violenta de la “gente” (la gente es una caricatura de lo que conocemos con el nombre de pueblo), que ante la muerte de nuestro líder, volvió a gritar “viva el cáncer” en cada bocinazo, en cada brindis con champagne, y en cada golpe de cacerola. Esas cacerolas malditas que solo se despiertan a la hora de expresar bronca y odio ¿Pero porque tanto odio contra los Kirchner? Porque representan aquello que Cooke definió alguna vez como “el hecho maldito del país burgués”. Néstor Kirchner gobernó al país y condujo a su partido con los verdaderos valores enseñados por quienes habían concentrado en el pasado todo el odio de la derecha más recalcitrante: Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón.

Ese odio es el mismo que bombardeó la Plaza de Mayo atestada de civiles. El mismo que proscribió al peronismo durante 18 años, que fusiló a nuestros compañeros y que hizo desaparecer a los 30.000 mejores militantes del campo popular. Con la llegada de la modernidad las formas fueron cambiando. Lo que no ha cambiado es el odio, el odio que siempre estuvo de un mismo lado y que no fue nada democrático.

Esa impronta peronista revolucionaria que vino a transformar las relaciones de fuerza en la Argentina, despertó la defensa corporativa de los poseedores del poder: la oligarquía, las clases dominantes, los dueños del discurso único. Los medios de comunicación monopólicos han sido muy eficientes a la hora de aplicar el doble comando desculturización-desinformación. Supieron sumar en la confusión a sectores de clase media baja, y porque no, también a sectores de las clases bajas. Un hecho impensado en la vieja disputa trabajo vs capital de hace sesenta años.

Los representantes políticos y mediáticos de esos sectores minoritarios reaccionaron rápidamente ante la muerte del líder ofreciéndole una tregua a la Presidenta, sugiriéndole un cambio de rumbo, y dejando que se responsabilice a quién fuera el amor de su vida de todos los males que supuestamente erosionaron la paz y la tranquilidad de nuestra sociedad. Pero la Presidenta coraje no es Cobos, y mucho menos podría serlo con quiera fuera su compañero de toda la vida ¡Lacras! ¿Como pudieron siquiera haberlo pensado?

Fracasado este vil intento pasaron al plan B de la operación. Algunos congresales decidieron que la nueva estrategia sería mostrarse consternados y reconocerle en muerte al líder lo que despreciaron en vida. Entonces intentaron endulzar nuestros oídos destacando el coraje, las convicciones, la recuperación de la política y la militancia de Néstor Kirchner, valores gracias a los cuales pudimos escapar de la noche neoliberal. Valores que son justamente los que ellos no poseen o eligieron no poseer. ¿Para que querrían recuperar la política Pinedo o Sanz o Stolbizer si se cansaron de criticar a los Kirchner por ser confrontativos? ¿Cuál es el sentido común que expresa la política si no apunta a mejorarles la vida a los ciudadanos en su totalidad, pero sobre todo a los sectores más desprotegidos?

Por eso casi al mismo tiempo volvieron a diferenciarse del ex Presidente con la misma cantinela de siempre. Llamaron al consenso, a respetar los valores republicanos, al diálogo, y lo acusaron en la misma sesión de su propio homenaje de aplicar a la política la lógica “amigo-enemigo” cuándo lo mínimo que se esperaba era que no crispen el clima de hondo pesar y dolor.

Kirchner fue perdiendo apoyo político o despertando el odio de una oposición suave en los inicios de su gobierno, a medida que se iba profundizando el modelo. Recuerdo que al principio lo criticaban por abrir demasiados frentes de batalla y lo que estaban en verdad tratando era de no ser los próximos en ver recortados sus privilegios personales. Así fueron quedando en el camino Duhalde con la derogación de los indultos; Prat Gay con el pago al FMI; Lavagna cuando quería enfriar la economía para combatir la inflación; los sojeros Reuteman y Solá cuando se intentaron subir las retenciones a la soja; Pino Lozano y De Genaro por orden del “amigazo” Bussi cuando se asoció a la Sociedad Rural, Alberto Fernández cuando se desenmascaró a Clarín, Redrado cuando no se quiso recortar el gasto social para pagar deuda y se desmitificó la autonomía del Banco Central. Otros, los “sanguchitos”, se corporizaron con los intereses económicos como lo hicieron siempre, como los menemistas Romero y Busti, como el traidor Cobos o como los defolteadores de San Luis. Ah y Das Neves…

Así terminó formándose el grupo A. Detrás de la figura de Néstor Kirchner. Diáfanos de propuestas quedaron sumergidos bajo su agenda, esperando sacar la cabeza para oponerse a la próxima reforma.

Del otro lado se abroqueló la construcción política transversal confeccionada por un haz del consenso y del diálogo: Néstor Carlos Kirchner. Su construcción política fue muy similar a la de su maestro Juan Domingo Perón. Por eso ambos procesos contaron con el apoyo político y la participación en la gestión de radicales, izquierdistas nacionales y comunistas que se encuadraron detrás de un proyecto de país que supera incluso a lo político para dejar profundas huellas en su aspecto más cultural.

Por eso la oposición no fue al Congreso para homenajear al “adversario” ni a reconocerlo como a un gran político. La historia no reconocerá ninguno de sus discursos como si ha reconocido el pronunciado por Balbín ante la muerte de Perón o, más recientemente, el reconocimiento a la figura política de Raúl Alfonsín hecho por Antonio Cafiero.

Tampoco el mensaje fue un intento de reconciliación con el oficialismo. Esos fueron, tan solo, dulces cantos de sirenas para confundirnos. Nos fueron a decir consensuemos, dejemos todo como está, NO TRANSFORMEMOS MÁS, construyamos la República de las Corporaciones. Sino el ataque será más feroz del que les hicimos hasta ahora.

Nunca olvidemos que el Che Guevara nos enseñó que en el imperialismo, no se puede confiar “ni un tantito así chiquito”.

Porque la derecha siempre está conspirando, más aún cuando los trabajadores avanzan en la construcción de un Estado verdaderamente democrático donde se gobierna en favor de las mayorías en cambio de limitarse sólo a garantizar la libertad de mercado o la libertad de expresión de los medios concentrados para que puedan seguir limitando la información y atentando contra la conciencia de clase del pueblo trabajador.

Y cuando más se convulsionan es cuando esas mayorías toman las calles para manifestarse. Porque si algo no soportan es el pueblo en la calle. Cuando lo hacen en señal de protesta reprimen salvajemente como en el 2001. Cuando lo hacen para celebrar una fiesta popular como ocurrió con el Bicentenario se quejan por el “caos de transito” y cuando lo hacen por amor, como en la masiva despedida en agradecimiento a Néstor Kirchner, la demonizan y la menosprecian.

En el homenaje a Néstor Kirchner solo el oficialismo y sus aliados le rindieron honores. El Grupo A mostró una vez más su falta de moral y su amplia disposición al odio confrontativo. Cuántas más muestras de amor exprese el vulgo; cuanto más felicidad sienta la plebe; más violenta será la respuesta de los poderes económicos y sus representantes políticos.

Pero mientras las calles sean nuestras los obligaremos a mantener ese odio contenido. Porque a pesar de lo que nos muestra la historia, otros son los tiempos y otras las formas.

Nuestro refugio son las calles. No las abandonemos.

sábado, 30 de octubre de 2010

Despedida al loco que nos invitó a soñar

Corrían los años 90s. La tinellización cultural nos adormecía. La técnica empresarial era la herramienta que derruía la vida cotidiana de los trabajadores. La política estaba ausente. La democracia funcionaba solo para una minoría privilegiada. La de los patrones.

Llegado el año 2000 decido aprovechar una oferta laboral que me llegaba desde España. Cansado, confundido y desesperanzado, con la frustración argentina a cuestas, decidí probar suerte en ese lejano país. Pero luego de unos primeros meses de entusiasmo, empecé a sentir un vacío interior que se fue profundizando a medida que pasaban los meses. Las noticias que llegaban desde mi lugar en el mundo, eran desalentadoras. Seguían cerrando fábricas y dejando miles y miles de trabajadores en la calle. Pero allí estaba mi familia, mis amigos y mi patria. “No aguanto más, me voy a pelearla con mi gente”, me dije. Un argentino radicado allá me aconsejó: “estás loco, con la deuda externa que tiene Argentina, tenemos hipotecado hasta el futuro de nuestros nietos” “Como va a salir Argentina de la crisis si está rodeada por países pobres”. No me importó. Ya me había convertido en un tanguero empedernido. A la distancia me había vuelto más argentino, más latinoamericano y menos europeo. Es más, en España aprendí a valorar y amar verdaderamente a mi patria. Mi aventura europea duró tan solo un año y medio.

Lo que me esperaba a mi regreso era peor de lo que había dejado. No conseguía trabajo, el corralito devoraba los pocos ahorros que me habían quedado, las colas interminables en los bancos, la agresión entre iguales, el odio contra esa clase política rastrera, familias enteras se habían convertido en cartoneras (un término que tuve que aprenderme ni bien bajé del avión). Unos tipos de traje que venían del primer mundo ocupaban el centro de la escena cada vez que nos visitaban. Venían a exigirnos que arrojemos más laburantes al olvido para pagarles una deuda externa que aumentaba continuamente gracias a los negociados corruptos de los cipayos traidores. La situación era tan extrema que nuestra moneda ya no tenía valor. Se habrían clubes de trueques dónde médicos cambiaban muestras gratis de medicamentos por un plato de comida; se remataban los campos en el “granero del mundo”; se ejecutaban hipotecas y se echaba a los propietarios a la calle. Te podían echar de cualquier laburo sin motivo y sin indemnización. Total había colas de laburantes buscando trabajo y, con tal de conseguir uno, aceptaban salarios de hambre. Así nacía el trabajador pobre, “flexibilizado”. ¿Cómo? ¿Y el cuento de la propiedad privada? ¿Y la seguridad jurídica? ¿Solo vale para ellos? Y claro si esto es Argentina. El país en dónde unos pocos tramposos viven a expensas de millones de perdedores.

“Vos si que estás loco pibe, venirte del primer mundo en dónde viven como reyes para meterte en este quilombo” “Acá nunca se va arreglar nada, es cultural. Somos corruptos por naturaleza” me decían.
El riesgo país subía todos los días, las palabras ajuste y recortes se repetían hasta el hartazgo.
Las cacerolas, los saqueos, el estado de sitio, el helicóptero, los cinco presidentes en diez días, el default, la pesificación asimétrica, Maxi y Darío. QUE SE VAYAN TODOS! ¿Qué se vayan todos?

Las nuevas elecciones para presidente las había ganado Menem. Otra vez. El primer responsable de la quiebra del Estado. Su propuesta era pasar a una etapa superior del plan de convertibilidad. ¡Ahora dolarización! Pero en la segunda vuelta se tuvo que retirar de la contienda porque el 70% de la población iba a votar en su contra y a favor de nadie. O de cualquiera. El voto era contra Menem.

Así, casi sin darnos cuenta, se nos coló un pingüino por la ventana. El candidato que nadie conocía. El que figuraba tercero o cuarto en las encuestas debajo de las nuevas esperanzas blancas: Ricardo López Murphy y Carlos Reuteman. Lo poco que se conocía de él era que su lejana provincia era la más ordenada del país, la mejor administrada, la que casi no tenía desempleo. La única que funcionaba. “Es por las regalías petroleras y por su baja cantidad de habitantes”, decían unos. “Y, lo que pasa es que tiene ascendencia alemana (¿o suiza?)”, decían otros. ¡Por lo que sea! Lo que la patria necesitaba era un Presidente que por lo menos no asesine a los laburantes que hacían piquetes porque no tenían trabajo. Ese era el juicio de valor que la coyuntura nos obligaba a establecer.

¿Cómo se pronuncia su apellido? Igual no nos gastemos mucho en aprenderlo porque en La Nación ya escribieron que será un gobierno de transición cuya duración no puede alargarse más de un año. Y capaz tengan razón porque como puede gobernar un tipo que asume con el 22 por ciento de los votos cuando en el país casi el 60 por ciento de la población está por debajo de la línea de la pobreza. Bueno, por otro lado sube con el apoyo de Duhalde. El capo mafia de la política. ¿Quién se va a animar a enfrentarlo?

Pero había algo más en ese hombre patagónico. Aquellos que lo conocían bien decían “se van a llevar una gran sorpresa con el pingüino. Es un hueso duro de roer, un tipo con convicciones, con militancia.”
¿Convicciones? ¿Militancia? ¿Qué significaban esas palabras en el ámbito de la política?

El acto de asunción fue de no creer. Estábamos con mi vieja mirando la tele en la cocina y me rendí inmediatamente ante su imagen. Con el saco desabrochado, jugando con el bastón de mando y, lo más sorprendente, bajando hasta la mismísima Plaza de Mayo para abrazarse con el pueblo, ese pueblo que poco tiempo atrás deseaba tener a un político entre sus brazos, pero no precisamente para estrecharlo en un abrazo. Entonces, medio desconfiado, medio emocionado, le dije a mi vieja: “viejita, pero este tipo está loco, con ese entusiasmo me parece que nos saca del pozo”. “No se nada de él pero la mujer que es Senadora nacional tiene mucha fuerza y viene enfrentando al menemismo hace años. Si hasta la echaron del bloque oficialista”, me respondió.

Ese tipo se llamaba Néstor Carlos Kirchner y de a poco empezábamos a aprender como pronunciar su apellido.
Pronto nos aprendimos de memoria muchas palabras mientras que otras comenzaron a ser resignificadas: neoliberalismo, Estado, distribución de la riqueza, quita de la deuda externa, subsidios, derechos humanos, juicios, mercado interno, integración latinoamericana, UNASUR, crecimiento del PBI, Imperialismo, ALCARAJO, Corte Suprema, superávits fiscal y comercial, exportaciones y comercio exterior, reservas, solidaridad, plan de viviendas, democracia, pueblo, corporaciones, monopolios, oligopolios, Magneto, desarrollo social, rutas, cloacas, educación pública, Papel Prensa, ley de medios, ciencia y tecnología, Bicentenario, energía nuclear, fábrica de aviones, Aerolíneas Argentinas, Sistema Solidario de Reparto Intergeneracional, matrimonio civil igualitario, Asignación Universal por Hijo, paritarias, movilidad, retenciones, cooperativas, dignidad, gestión, política… la lista es interminable.

Pero no aprendimos esas palabras por arte de magia, las aprendimos en siete años de esfuerzo, de valentía y de sacrificio. Confrontando y luchando contra todos los intereses conservadores, tanto políticos, económicos y mediáticos, que querían que se cambie poco. Lo necesario para que sus empresas obtengan rentabilidad pero sin redistribuir sus ganancias. Muchos de ellos hoy se alegran por la muerte del líder como si la muerte les fuera ajena. No se bancaron que el pinguino le haya puestos los puntos al mismísimo Bush, o que haya derogado las leyes de obediencia de vida y punto final. Todavía hierven de furia cuando recuerdan la órden que ese "montonero" le dio a Bendini para que baje los cuadros de Videla y Bignone. Ni que le haya dado la ESMA a las madres. Porque al pinguino nadie lo patotea.

Y es que algunos políticos prefieren vivir muchos años en la comodidad material y con la condena de la opinión pública antes que vivir pocos años para meterse eternamente en el corazón del pueblo. Que odio deben sentir cuando ven que el pueblo despide con tanto amor y agradecimiento a quién mejoró notablemente sus vidas con medidas concretas. A quien cuando asumió como Presidente en cambio de subordinarse a las corporaciones como era tradición en nuestro bendito país, tejió alianzas con los sindicatos y con las organizaciones sociales. Ellos nunca tendrán esa gloria. Vivirán sus días políticos mezquinamente, temiéndole al mito popular que arrastra multitudes y que ya no podrán tocar, luchando contra la leyenda que ya nunca podrán derrotar. La leyenda del estadista que supo construir política en la diversidad, que supo enamorar a miles de personas que no comulgaban con el peronismo pero que terminaron apoyando convencidos, su doctrina nacional y popular. Tanto es así que hasta mi viejo, radical por tradición, kirchnerista por elección, le preguntó a mi vieja dos días antes de morirse luego de discutir con un gorila en la vía pública, hace exactamente un año: ¿me estaré volviendo peronista?

Aquel desconocido del apellido difícil que ahora salía fácil fue tan genial que se las ingenió para gobernar en favor de las mayorías, aunque sin olvidarse de las minorías. Por eso cada uno de los ciudadanos que lo despedían en su morada final tenía algo para agradecerle. Con lágrimas en los ojos. Con el fanatismo de aquel que sufrió el desprecio social y hoy se siente parte de un proyecto que lo incluye.
Y yo nunca había visto a tantos ciudadanos haciendo horas de cola, hasta debajo de la lluvia, para agradecerle algo a un político.
Una clase extraña de político que hizo lo que había prometido que iba a hacer, sin engañar a nadie.

En lo personal, Néstor, quiero agradecerte por haberme enseñado tres palabras que me cambiaron la vida: participación, compromiso y militancia.
La militancia en especial me ha hecho confraternizar con compañeros de todas la edades con los que comparto el mismo modelo de nación y el mismo ideal por el que vos militante desde tu juventud. Por el que vos ofreciste tu corazón. Junto a ellos seremos leones custodiando a la Presidenta coraje que nos dejaste como guía. Esa mujer brillante que es toda orgullo, toda capacidad, toda convicción, toda amor. Por nosotros, herederos de los 30.000, y por nuestros hijos que mañana nos pedirán explicaciones por el país que les dejamos.

Ya podes emprender tu vuelo final, en paz. Con ese humor ingenuo que te caracterizaba. Con toda tu informalidad y alegría. Con tu falta de protocolo. Aquí abajo tu historia ya comenzó a escribirse, a contarse, a cantarse. Y al recordarte nos emocionaremos tanto como los viejos que hoy se siguen emocionando cuando cuentan la historia de Perón. Porque fuiste su más fiel heredero. El mejor Presidente de los últimos 50 años. El segundo de los únicos dos, que se atrevió a enfrentar a los poderosos para darle dignidad a los laburantes.

¡Y claro que estabas loco Néstor! Así el establishment estigmatiza a los revolucionarios, a los transformadores, a los que tienen la irreverencia de decirles que NO. Por eso la galería de los patriotas latinoamericanos en dónde fuimos a despedirte está enmarcada con “locos soñadores”. Locos que como vos, transformaron sueños en realidades.

Tu apellido que hoy sale muy fácil pronto formará parte de esa galería de locos, justos, libres y soberanos. Será el obsequio de un pueblo que te amó y que te amará para siempre.

Gracias por todo, loco soñador. ¡Gracias por todo, Néstor Carlos Kirchner!

¡Hasta la victoria siempre, compañero!

jueves, 14 de octubre de 2010

12 de Octubre: Día del Minero

Hace casi 30 años Sebastián Piñera era procesado por la justicia chilena por la quiebra fraudulenta del Banco de Tanca, del cual el actual Presidente de Chile era el gerente. Mientras se encontraba prófugo de la justicia, su hermano José Piñera, Ministro de Justicia de Pinochet, intercedía para que el juez lo desprocese. Sebastián Piñera fue un gran defensor de la dictadura y un empresario inescrupuloso.

Luis Urzúa, el minero número 33, es una víctima del gobierno militar chileno. Su padre está desaparecido desde los comienzos de la Dictadura de Pinochet, y su padrastro fue asesinado poco tiempo después por los mismos asesinos. Ambos eran dirigentes sindicales. Luis Urzúa es un simple obrero que nunca fue procesado.

A estos dos personajes de la nueva tira mediática nada los ha unido en el pasado ni los unirá en el futuro. Siempre tuvieron vidas totalmente asimétricas. Uno es un empresario exitoso devenido en Presidente de la Nación, que hizo su fortuna explotando brazos ajenos como el del minero número 33. Como jefe del Estado chileno una de las primeras medidas que tomó fue el despido de 700 empleados públicos a pesar de que en su campaña electoral prometía terminar con la pobreza y aumentar el gasto público. El minero número 33 arriesgó sus propios brazos para enriquecer a tipos como Piñera. Siempre trabajó de minero. Nunca será Presidente. Y es que en ese Chile tan admirado por el establishment argentino, un obrero no tiene posibilidad alguna de progresar, ni él, ni sus hijos, ni sus nietos.

Tanto se habla del milagro chileno, del crecimiento de su economía, del progreso de sus ciudades. Pero se oculta el bajo desarrollo productivo y el escaso valor agregado. Chile sigue dependiendo de las explotaciones mineras que matan lentamente a los obreros. Se dice que un minero difícilmente supere los cincuenta años de edad debido a los gases tóxicos que inhalan desde niños en las oscuras profundidades de las cavernas.

Por eso Chile es uno de los países de Sudamérica que tiene los peores índices de redistribución de la riqueza. La distancia entre el 20 por ciento más rico y el 20 por ciento más pobre de la población es de 14 veces. El Gini, indicador que mide la desigualdad, es de 0,56, lo que sitúa a Chile como uno de los países más desiguales de la región junto a Brasil y Paraguay.

Su economía atada al ALCA y a los tratados bilaterales de libre comercio quedó prisionera de la crisis financiera internacional. Hoy Chile es el único país de la región que aumentó sus niveles de pobreza (más del 15 por ciento) e indigencia (más del 5 por ciento)

El Presidente y el minero número 33, se estrecharon en un abrazo y cantaron juntos el himno chileno. Un rato antes el minero 33 le exigía al Presidente “que esto nunca más vuelva a ocurrir”. Frente a las cámaras Piñera se muestra sensible y afectivo. El marco mediático es un escenario ideal para su gobierno y para su futuro político. Pero cuando se apaguen las luces Piñera volverá a ser ese empresario fraudulento que permitirá a las mineras infringir todas las leyes laborales. Las mineras perforarán los suelos sin límites hasta llegar al mismísimo infierno si allí se encontraran las riquezas.

Mientras todos los televidentes se conmueven ante el falso abrazo del trabajo con el capital, seres despreciados por el sistema se debaten entre la vida y la muerte. No se trata de pobres obreros patriotas que trabajan a destajo para la corona sino de los sobrevivientes de la Guerra de la Araucanía. Aquellos que no pudieron exterminar ni los Roca, ni los Saavedra, ni los Pinochet. Se trata del pueblo Mapuche que surge una vez más de sus cenizas, como lo ha hecho tantas veces en la historia chilena, para cobrar visibilidad y reclamar por sus hermanos que están encarcelados desde los tiempos de Bachelet, bajo el cargo de terrorismo.

Para lograr notoriedad los treinta y ocho guerreros recluidos realizaron una huelga de hambre que duró casi noventa días sin obtener ninguna respuesta seria a sus reclamos. No se derogará la ley antiterrorista dictada por Pinochet que triplica la pena de delitos comunes, no se dará libertad a los mapuches detenidos por incendiar la propiedad de los terratenientes que ocupan sus tierras ancestrales, ni por supuesto, les serán devueltas.

De este lado de la cordillera la multinacional italiana Benetton sigue ocupando territorio Mapuche en Esquel, Chubut, pero esta noticia no despierta el interés de los medios de comunicación como tampoco lo despiertan los avances de multinacionales petroleras, mineras y exportadoras cerealeras sobre las tierras de los pueblos originarios.

Esas noticias no logran interesar al gran público. Es más noticia si un minero chileno tiene dos mujeres o si en las profundidades también se festeja el Bicentenario. No faltarán simulacros de planes disparatados de rescates o algún periodista imbécil metiéndose en una réplica soez de lo que será la jaula salvadora. El show, el escarnio, la afrenta, siempre están a la orden del día. El pobre minero atrapado será salvado porque el sistema necesita seguir explotándolo. Pero eso a nadie le importa. Se vende, se consume, pero no se condena la corrupción de la empresa que violó todas las normas que regulan la actividad minera.

El Mapuche no es pobre, el mapuche es un inadaptado social, es terrorista. Se mete con la propiedad privada, la incendia. Y no hay cosa peor para el terrateniente que los despojados de todo derecho humano, los despreciados de la historia por su condición inferior, vengan a interpelar su derecho divino a la posesión de los medios de producción.

Por eso a partir del 2011 en Chile el 12 de octubre ya no será más el día de la raza. Será el día del minero.

De todas maneras, no habrá nada que festejar.