martes, 29 de junio de 2010

La Mazorca Radical -parte IV-

Unidos por el Espanto

Como oposición a los gobiernos conservadores, corruptos y antinacionales que gobernaron el país en la década del 30 nace en 1935, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, más conocida por sus siglas: FORJA.


Entre sus fundadores se encontraban personalidades de la talla de Arturo Jauretche, Homero Manzi y Raúl Scalabrini Ortiz y su identificación política fue el Yrigoyenismo. Su actividad principal consistió, fundamentalmente, en la realización de investigaciones político-sociales, conferencias y debates, y una fuerte posición nacionalista contraria al neocolonialismo practicado por la derecha liberal que gobernaba a nuestro país.

Ante el golpe militar de 1943 que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón Castillo, FORJA publicó un documento donde decía: "El derrocamiento del "régimen" constituye la primera etapa de toda política de reconstrucción de la nacionalidad y de expresión auténtica de la soberanía". Luego del 17 de octubre de 1945, FORJA anunció que sus objetivos se habían satisfecho y sus principales integrantes se pasaron a las filas del Peronismo a quién reconocían como continuación natural del proyecto de país nacional y popular iniciado por los radicales.

Por otra parte Ricardo Balbín y Arturo Frondizi fundan como corriente interna dentro del radicalismo, el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR), con la misma impronta que había impulsado Don Hipólito Yrigoyen: Rol protagónico del Estado, la reforma agraria, la nacionalización de las fuentes de energía y lo servicios públicos y la reforma financiera. Además propone un seguro social obligatorio y una legislación protectora de los trabajadores. Reconoce el derecho a huelga y promueve la ampliación del sistema educativo. En cuanto a política internacional sostiene la libre determinación de los pueblos.

Sin embargo con la irrupción en la historia del Peronismo, el juego político se modificaría para siempre. “Unidos por el espanto” la conducción nacional de la UCR se une al conglomerado antiperonista de derecha, junto a los conservadores y a los socialistas, conocido como “Unión Democrática”. Para conocer su proceder es menester compararla con el actual Grupo A que hace oposición en el Congreso, entonces comprenderemos mejor a este desaguisado heterogéneo cuya única misión es impedir que se desarrollen proyectos inclusivos y equitativos.
Pero el MIR no forma parte de este arco iris del terror y ante el estrepitoso fracaso electoral del 46 desbanca a los Unionistas y se queda con la conducción del partido.

A pesar de que el MIR acompañó las políticas sociales del primer peronismo fue muy crítico del estilo de conducción del General Perón que pronto pasó a ser acusado por los mismos “horrores” de los que se lo acusó a Yrigoyen: autoritario, irrespetuoso de las instituciones y corrupto. Los desacatos cometidos por Balbín en el Congreso le valieron largas jornadas de cárcel pero el hecho más relevante fue la acusación contra Frondizi por haber colaborado en el intento de golpe de Estado de 1955, dónde más de trescientos civiles fueron masacrados en Plaza de Mayo por los aviones de guerra de la marina.
Sin ir más lejos así finaliza el documento emitido por la UCR después del bombardeo:
“La responsabilidad de los trágicos sucesos del 16 de junio de 1955 es enteramente del gobierno.
El Radicalismo reitera su solidaridad con cuantos sufren cárcel, persecución o destierro por defender las libertades argentinas. La UCR continúa su lucha por el restablecimiento de la moral y la democracia en la vida de la República”.

Esos fueron los días de los atentados terroristas cometidos por los Comandos Civiles Antiperonistas, cuyas bombas, en 1953, se cobraron la vida de seis ciudadanos inocentes. Roque Carranza, reconocido dirigente radical de la época, fue detenido por este atentado. Sin embargo, lejos de recibir la condena de la historia oficial, hoy le da su nombre a una estación de subte. Por su parte Frondizi, acusado como el ideólogo de dicho atentado, pasó algunos días tras las rejas mientras que Ricardo Balbín trató al General Juan José Valle de “traidor a la patria”, luego de su frustrado intento para devolverle el gobierno a su legítimo dueño, y que cayera fusilado como un héroe por los golpistas.

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